Fundado en 1910
Civiles muertos junto a una de las puertas de Nankín

Civiles muertos junto a una de las puertas de Nankín

Picotazos de historia

Matarlo todo, quemarlo todo, saquearlo todo: la orden del general japonés que devastó China

En Japón, a día de hoy, la posición oficial es que la llamada política de los Tres Todos es una invención. Que la desaparición de estas grandes masas de población en áreas concretas se debe a la actuación del Partido Comunista chino

Con el nuevo siglo XX, el Imperio japonés, victorioso tras la primera guerra sino-japonesa, se lanzó a una política imperialista orientada a la expansión de sus fronteras e influencia en el océano Pacífico y Extremo Oriente.

Después del denominado como «Incidente de Mukden», de 1931, que dio lugar a la invasión japonesa de Manchuria y a la creación del estado títere de Manchukuo, Japón y China habían mantenido una tensión que, de vez en cuando, estallaba en pequeños incidentes fronterizos o diplomáticos, pero nunca en una escalada hacia la guerra, debido a la mediación e intervención de las potencias extranjeras.

Un incidente menor, el 7 de julio de 1937, en el llamado puente de Marco Polo, a quince kilómetros de Pekín, fue utilizado como pretexto por el Imperio nipón para declarar la guerra a China.

El objetivo del Estado Mayor imperial japonés era la captura de la importante ciudad de Nankín, junto con el norte de China y la rica área del bajo Yangtsé. Para finales de año, amplias zonas del norte y este de China —junto con importantes ciudades como Nankín, Pekín, Shanghái, Cantón, etc.— habían caído en poder del ejército imperial nipón. La guerra continuaría hasta el 2 de septiembre de 1945.

El 20 de agosto de 1940, en el norte de China, el denominado 8.º Ejército de Ruta del Partido Comunista chino inició una ofensiva táctica con el objeto de controlar la estratégica línea del ferrocarril de Zhengtai. La campaña china fue exitosa. En respuesta a la ofensiva china, el Estado Mayor imperial japonés ideó un plan de destrucción total de las áreas donde se encontraban las principales bases logísticas de los ejércitos chinos del norte. A estos planes se les dio el nombre de Sankō Sakusen (los Tres Todos). Los Tres Todos era la síntesis o resumen de los objetivos de los japoneses con respecto a las provincias que daban apoyo a los chinos: quemarlo todo, matarlo todo y saquearlo todo.

Parte de las actuaciones del Sankō Sakusen se mostraron en el uso de la guerra bacteriológica. Un ejemplo de ello consistió en arrojar bombas con bacilos de la disentería con el objeto de proteger la retirada de las tropas japonesas durante la ofensiva china en la provincia de Hebei.

El cuartel general imperial encargó la puesta en marcha y ejecución del Sankō Sakusen al general Yasuji Okamura. Este estaba al mando de las tropas japonesas en el norte de China. A partir de 1944, Okamura quedaría como comandante en jefe de las fuerzas armadas japonesas en China, ordenando la aplicación de la política de los Tres Todos en la totalidad del territorio controlado por sus tropas.

General Yasuji Okamura

General Yasuji Okamura

En 1941 inició el sistemático saqueo y destrucción de aldeas y poblaciones enteras, forzando a los campesinos a construir torres de vigilancia y a excavar trincheras para sus amos. La destrucción total, la política de tierra quemada llevada a un grado más extremo, no solo tenía como objeto privar a los comunistas de sus bases y apoyos, también pretendía crear un espacio de vacío y destrucción en el que las tropas chinas no pudieran encontrar nada aprovechable. Sin embargo, no debe confundirse la táctica de «tierra quemada», utilizada por los ejércitos del mundo desde hace siglos, con el Sankō Sakusen.

—«Todas las personas en territorio enemigo, sin importar sexo, edad o estatus, deberán ser asesinadas; todas las casas deberán de ser quemadas; todo alimento y forraje que no pueda ser transportado deberá ser destruido; toda olla o sartén, destrozada; todo pozo, cegado o envenenado…»— tal era la orden que emanó del Estado Mayor del general Okamura y se cumplió a rajatabla. Casi con alegría.

La consecuencia de la aplicación de tan terribles medidas fueron unas cifras imposibles de cuantificar, pero a todas luces catastróficas, de asesinatos, violaciones, destrucción y saqueo, que condujeron a migraciones masivas y trabajos forzados, en régimen de esclavitud hasta la muerte por agotamiento, junto con humillaciones y abusos de todo tipo, con resultado de muerte en muchas ocasiones.

Un estudio publicado en Japón —bastante inusual, ya que los japoneses mayoritariamente rechazan estos sucesos como invenciones de la propaganda comunista—, por el historiador Mitsuyoshi Himeta, en 1996, cuantifica el resultado de la implementación de las medidas derivadas de la política de los Tres Todos en la muerte directa de una horquilla que va de los 2,8 a los 3,6 millones de individuos. Unas diez veces la cifra máxima de los asesinatos llevados a cabo por los japoneses durante la infame «Violación de Nankín». A esta cifra habría que sumar el secuestro y desaparición de otros 2,7 a 3,2 millones de personas.

En Japón, a día de hoy, la posición oficial es que la llamada política de los Tres Todos es una invención. Que la desaparición de estas grandes masas de población en áreas concretas se debe a la actuación del Partido Comunista chino. Que todo es un infundio del que no hay documentación contrastada que lo demuestre.

La realidad es que los únicos que se creen eso son los propios japoneses. Y ni siquiera son muchos los que lo creen.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas