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Kodokushi, la muerte en soledad que afecta a miles de ancianos en Japón cada año

Kodokushi, la muerte en soledad que afecta a miles de ancianos en Japón cada año

Picotazos de historia

Kodokushi: la muerte en soledad que surgió tras la Segunda Guerra Mundial y aún marca a Japón

Para finales de la década de 1950, a medida que aumentaba la esperanza de vida, aumentaba el número de ancianos que pasaban cada vez más tiempo en soledad

Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón sufrió una profunda transformación económica, social, cultural, etc. Todo ello vino como consecuencia del trauma de la guerra, la derrota, así como la necesidad de asimilación de conceptos completamente ajenos a su cultura que les venían impuestos desde Occidente.

Las familias extensas (en España se consideraba familia hasta los primos segundos, quedando los primos terceros en la nebulosa entre familia y parientes), asociadas al sistema familiar tradicional e intrínsecamente unidas a las actividades del sector primario del mundo rural, fueron siendo sustituidas por el modelo de familia nuclear, relacionadas con actividades de los sectores secundario y terciario y más propios de los entornos urbanos.

Uno de los efectos de este cambio de modelo social fue el aumento de matrimonios de ancianos que se encontraron viviendo alejados de sus hijos o en hogares habitados por un solo anciano, el viudo superviviente.

Este fenómeno del aumento de la soledad, que se notó por primera vez en las primeras décadas de la revolución/restauración Meiji (1868-1912), para finales de la década de 1950 empezó a preocupar a los dirigentes nipones. Y es que, a medida que aumentaba la esperanza de vida, aumentaba el número de ancianos que pasaban cada vez más tiempo en soledad. En las áreas urbanas este fenómeno se veía acentuado por la dificultad de socializar, incluso entre los propios vecinos, y por la pérdida de los vínculos con la comunidad.

En la década de 1960, el problema se consideró lo suficientemente grave como para que el Consejo para el Bienestar Social (federaciones de entidades de beneficencia de carácter privado) constituyera una oficina enfocada en este asunto. El número de ancianos que aparecían muertos en sus casas o en las calles hizo que se diera nombre propio a este nuevo fenómeno: kodokushi (muerte en soledad en japonés).

El problema del kodokushi, el creciente número de ancianos que aparecían muertos tras vivir sus últimos años solos, quedó arrinconado por la urgencia de otros problemas económicos y sociales debidos al gran boom económico de las décadas de los setenta y ochenta. Lamentablemente, todo se fue al garete en la siguiente década.

Japón parecía que se estaba comiendo al mundo; Estados Unidos miraba con asombro y recelo la potente expansión económica japonesa que lideraba la economía asiática. Pero esta enorme burbuja económica estalló por causa del terremoto de Kobe (1995). Este fenómeno sísmico, conocido entre los japoneses como el terremoto Hanshin-Awaji, tuvo consecuencias catastróficas para la economía japonesa.

Una de estas consecuencias, que llamó mucho la atención y de la que los medios periodísticos nipones se hicieron eco, fue el alto número de ancianos que aparecieron muertos en sus domicilios. La mayoría había fallecido a consecuencia de la falta de alimentos y agua. Solos y desamparados en medio del gran desastre generado por el terremoto, sin nadie que se ocupara o preocupara por ellos, se apagaron en soledad.

Las consecuencias del terremoto volvieron a sacar a la luz el asunto de los kodokushi. La crisis económica generalizada posterior trajo consigo una masiva pérdida de puestos de trabajo y un aumento de individuos —y del espectro en el que estos estaban comprendidos (ancianos, desempleados, solteros, divorciados…)— de marginados, aislados de la sociedad.

Los estudios sociales mostraban que la crisis había profundizado un problema existente al agudizar el aislamiento social debido a la pérdida de empleo, pérdida de capacidad económica o de estatus social. En definitiva: el grupo de los aislados solitarios había aumentado significativamente y se encontraba en una situación de mayor marginamiento con respecto a la sociedad japonesa.

El kodokushi —morir en soledad— pasó a convertirse en un hecho cotidiano que no era merecedor siquiera de una nota en los diarios. También aumentó el número de casos de kodokushi que eran descubiertos días después (o semanas, o meses) de haberse producido el óbito.

En el año 2024, según un informe emitido por la Central de Policía de Japón, se encontraron algo más de 76.000 personas que fallecieron en sus domicilios, solas. A estos individuos hay que sumar otros 150.000 que fueron encontrados muertos en las calles —bien por muerte natural, por accidentes u otras causas— y que se encontraban en situación de soledad. Muchos de ellos sin hogar o en refugios precarios y sin coberturas sociales.

En un entorno tan agresivo como son las urbes japonesas, para con los elementos más débiles y aislados de la sociedad, es común que el fallecimiento u hospitalización por enfermedad del hijo o hija que cuida de sus padres tenga como consecuencia la muerte por inanición y falta de cuidados de estos.

En su momento escandalizó mucho el caso de dos hermanas que vivían en la ciudad de Toyonaka. Las hermanas se arruinaron a consecuencia de los impuestos de sucesión impagados por la empresa de su padre. Esta estaba en situación de ruina técnica a consecuencia de la crisis, pero la valoración que se hizo a efecto impositivo tomó valores previos al terremoto. La deuda absorbió cuanto tenían y cualquier ingreso que pudieran recibir por prestación social. Las encontraron muertas en su domicilio. Habían muerto de hambre.

Los informes actuales acerca del kodokushi señalan que:

a) la incidencia es mayor entre personas a partir de los cincuenta y ocho años;

b) los individuos corresponden, mayoritariamente, al sexo masculino;

c) solteros/as, divorciados/as, viudos/as forman el espectro;

d) son personas con una economía frágil o incapaces de mantenerse;

e) son individuos que tienen una mala comunicación, o esta es inexistente, con su entorno social y/o con su propia familia.

De estas muertes, la mayoría fueron detectadas el mismo día del fallecimiento o al día siguiente de producirse; pero anualmente se producen unos ocho mil casos que tardan treinta y un días o más en ser detectados, y hay una espeluznante horquilla de entre doscientos sesenta a trescientos casos anuales de kodokushi que son descubiertos más de un año después de su fallecimiento.

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