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Weyler saliendo del Palacio Real de Madrid, fotografía de Campúa en Nuevo Mundo

Weyler saliendo del Palacio Real de Madrid, fotografía de Campúa en Nuevo Mundo

Weyler, el general que modernizó Filipinas y fue demonizado por la leyenda negra en Cuba

Ha sido cronológicamente el último señalado por la leyenda negra. Su mando en Cuba lo puso en el punto de mira de la propaganda estadounidense

El general Weyler perteneció a esa generación de militares españoles que combatieron en todas las guerras ultramarinas: Filipinas, Puerto Rico, Cuba y Marruecos. También hubo de combatir en la Guerra Carlista y desempeñar mando en la península. Vivió en la época en la que un mando militar en las colonias tenía también un importante poder civil. Nunca rehuyó la responsabilidad y adquirió fama de eficaz en la administración, tenaz en los asuntos públicos y muy trabajador.

Ha sido cronológicamente el último señalado por la leyenda negra. Su mando en Cuba lo puso en el punto de mira de la propaganda estadounidense al promover los campos donde concentraba a los campesinos cubanos. Cosa que Estados Unidos hizo con profusión creando reservas indias. Y fue también duramente criticado en parte de la prensa española.

Los insurrectos de Gómez y Maceo habían ganado la batalla de la propaganda, aunque su actuación en el campo fuera mucho más dañina y causara más perjuicio a la población. Weyler fue un militar que tuvo que obedecer las órdenes de ganar una guerra y, si bien los campos acabaron degenerando en lugares de hambruna y enfermedad, nunca ordenó el maltrato físico a los reconcentrados. Hombre liberal, abierto a las nuevas ideas, contrario a Primo de Rivera y nunca reivindicado por Franco, lo que explica que no tenga estatuas en España (salvo en Santa Cruz de Tenerife).

general Valeriano Weyler

general Valeriano Weyler

En 1888 fue nombrado capitán general gobernador de Filipinas. Wenceslao Retana, en su libro Mando del general Weyler en Filipinas (Madrid 1896), señala que el estado del país a su llegada era desastroso. Weyler tuvo que lidiar con los problemas políticos y militares y suplir las carencias de su antecesor Terreros. El gobierno temía una insurrección en los territorios españoles compuestos por más de siete mil islas y con muy escasa presencia nacional. Necesitaba un hombre idóneo para controlar la situación.

Weyler quiso asegurar la defensa de los puntos principales extendiendo los destacamentos y creando gobiernos por las provincias. Trató de cumplir con las reformas que el Ministerio de Ultramar imponía, aunque muchas derivaban de ideas de políticos que no conocían bien los territorios de Asia y Oceanía. Impulsó la minería, los transportes, las comunicaciones y la educación tratando de imponer la enseñanza en castellano, ya que ni las órdenes religiosas ni los maestros locales pusieron empeño en hacerlo. A su iniciativa se deben el primer ferrocarril, el tranvía de Manila, el Museo y la Biblioteca, escuelas de oficios y organización.

Durante su mando, se produjo una rebelión en las Carolinas y decidió enviar ejército y armada a sofocarla y, lo que es más importante, a ocupar definitivamente el territorio. Estaban a quince días de navegación desde Manila, sin jefatura española, sin comercio aunque los primeros navegantes españoles tomaron posesión de ellas en el siglo XVI. A los gobernantes españoles no les interesaban, como tampoco Marianas, Guam, Marshall o Palaos, ni había necesidad ni medios.

Mapa de las islas Carolinas y otras del Pacífico

Mapa de las islas Carolinas y otras del Pacífico

Este estado incitaba a otras potencias a tomar posesión de ellas como lo intentó Alemania en 1885 con la isla de Yap, por lo que era imprescindible mantener una autoridad permanente. Como escribió María Dolores Elizalde: «estos archipiélagos se necesitaba una autoridad que mantuviera el orden, administrara justicia, evitara conflictos entre distintos grupos, vigilara el comercio y la explotación de la tierra, y que controlara el asentamiento de extranjeros y colonos. Si todo esto no lo hacía España pronto lo haría otra potencia». Y en eso estaba Weyler.

En octubre de 1887 había llegado a Ponapé el primer gobernador español de Carolinas que merecía tal nombre, acompañado de militares y misioneros. Ocupó Kiti y destinó un contingente de sesenta hombres al puerto de Oa, donde había una misión metodista norteamericana. Weyler desaprobaba que dividiera unas fuerzas tan escasas, prefería que los concentrara en la capital Santiago de la Asunción. En Oa habitaban un una casa de caña y nipa, sin defensas. En junio del año siguiente, mientras cortaban maderas para la construcción de un fuerte, dejando las armas en el cuartel bajo custodia de cuatro hombres, los kanakas atacaron a la sección del teniente Porras con las armas que previamente habían arrebatado en el cuartel, matándolo a él y treinta tres hombres más.

Transferencia de las Carolinas occidentales y Palau de España a Alemania, Yap, 3 de noviembre de 1899

Transferencia de las Carolinas occidentales y Palau de España a Alemania, Yap, 3 de noviembre de 1899

Desde Ascensión se dispuso que el vapor Manila remolcara un pontón con algunos refuerzos que fueron rechazados. Cuando las noticias llegaron a Manila, Weyler no dudó en operar con fuerza y reducir la rebelión. El 15 de septiembre mandó una expedición con una compañía de artillería, y dos de infantería con unos trescientos hombres y cien marineros al mando del coronel Gutiérrez Soto, el más joven de los coroneles españoles.

La llegada fue difícil por las lluvias torrenciales y lo bien fortificados que estaban los naturales de la isla en torno a Oa. El coronel se suicidó una noche y el capitán Víctor Díaz no pudo vencer la resistencia kanaka. Tuvo Weyler que mandar al coronel Serrano con refuerzos de infantería y artillería. Los guerrilleros locales se habían hecho fuertes en Ketam y a los españoles les costó mucho esfuerzo y bajas acabar con la resistencia. Después de una dura campaña, los españoles tomaron las posiciones en torno a Santiago y Oa y pudieron establecer un asentamiento permanente desde donde ejercer autoridad.

Weyler escribió en sus memorias: «Regresaron los expedicionarios a Manila, dejando el honor de las armas a salvo, pero sin extremar la acción militar. La empresa exigía medios muy superiores…». Carolinas resultaban onerosas. Pudieron ser útiles para extraer productos o como base para el comercio con Oceanía. El Estado no tenía capacidad y ningún empresario privado supo ver la oportunidad. La suerte estaba echada.

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