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Un galeón español en la costa de Manila, en Filipinas

La historia que España olvidó: cómo nuestros héroes en Asia sostuvieron la primera globalización

Los autores Ángel Miranda y Ramón Vega reconstruyen en 'Héroes españoles en Asia' esa epopeya olvidada para devolver la voz a los protagonistas anónimos que hicieron posible aquella empresa monumental

Durante siglos, la presencia española en Asia fue una pieza clave del primer mundo globalizado. Numerosos marinos, campesinos, intérpretes, artesanos, comerciantes, misioneros y soldados anónimos levantaron rutas, ciudades y alianzas en un territorio que muy pocos se atrevían a pisar. Sin embargo, esta gesta «suele aparecer como un simple pie de página» en los libros de Historia en las escuelas.

Ahora, los autores Ángel Miranda y Ramón Vega reconstruyen en Héroes españoles en Asia (Espasa) esa epopeya olvidada. Lo hacen buceando en miles de documentos inéditos, como cartas de virreyes, materiales de la Casa de la Contratación, licencias de embargo, registros de carga y cartas náuticas de archivos de Europa, América y Asia, para devolver la voz a los protagonistas anónimos que hicieron posible aquella empresa monumental.

Ángel Miranda y Ramón Vega, autores de 'Héroes españoles en Asia'Cedida

Navegar hasta el fin del mundo

España ya había explorado y conquistado amplias zonas de América cuando decidió avanzar hacia Asia. Este segundo frente, mucho más lejano y arriesgado, se alimentó de la experiencia americana, según advierte el doctor en Historia del Arte, especializado en las relaciones entre España y Asia, Ramón Vega, en entrevista con El Debate.

Además, la unión dinástica con Portugal en 1580 abrió por primera vez un mundo navegable exclusivamente bajo la misma Corona. A partir de aquel año, «y durante unas décadas, por primera y única vez en la historia, las embarcaciones de vela podían dar la vuelta al mundo deteniéndose únicamente en territorios gobernados por la misma Corona».

Si ir a América era ya un salto peligroso, poner rumbo a Asia era casi suicida: «Las primeras expediciones por el Pacífico tienen tasas de supervivencia inferiores al quince por ciento», advierte el doctor en Historia del Arte. Por ello, convencer a posibles colonos de cruzar el Pacífico era tan difícil que incluso figuras como Legazpi tuvieron problemas.

«Hubo que hacer auténticos esfuerzos por presentar Asia como destino atractivo», confiesa Vega, porque «más allá de la exploración, había que crear rutas y mantenerlas en funcionamiento, y eso era aún más complejo a tanta distancia de la metrópoli».

Una lista de «secundarios de lujo»

Aquellos que decidieron embarcarse hacia lo desconocido fueron «grandes aventureros dispuestos a todo, funcionarios enviados por la Corona o el Virreinato de Nueva España; y los hoy más olvidados: los misioneros», detalla.

Pero «partiendo de que ya es difícil que en los colegios se mencione a alguien más que a Elcano, tenemos una inmensa galería de ‘secundarios de lujo’, en parte porque nuestra historia es tan rica que muchas figuras quedan enterradas», reflexiona uno de los autores de Héroes españoles en Asia.

Entre los que destacan: a Ruy López de Villalobos, cuyo destino fue trágico; a Ruy González de Clavijo, cronista y embajador del primer gran encuentro oficial entre embajadas españolas y asiáticas un siglo antes; a Martín de Goiti y Juan de Salcedo (nieto de Legazpi), «cuyas campañas parecen escenas de 'Apocalypse Now'»; a Juan Pablo de Carrión, capitán que combatió contra los japoneses en la batalla de Cagayán; a Enrique de Malaca, que pudo ser el primer hombre en dar la vuelta al mundo; o a Justo Takayama, daimio japonés cristiano que pidió refugio al rey de España y fue recibido como un noble.

Portada del libro 'Héroes españoles en Asia' de Ángel Miranda y Ramón Vega

De la historia de este último, Vega comenta que «cuesta imaginar qué habrían hecho Francia, Reino Unido o Estados Unidos si un auténtico señor feudal japonés, especialista en asedios, perseguido por su fe, hubiera pedido refugio y servicio al rey. España lo recibió en Manila con todos los honores, junto a su séquito. No sería extraño verlo algún día representado con armadura samurái en los altares».

El primer imperio global de la historia

«Filipinas fue el último eslabón de la globalización hispánica», explican los autores. Aquellas islas eran «la llave de Asia, donde se unían rutas comerciales, militares y culturales», por lo que eran mucho más que un terreno conquistado: eran «un punto de conexión entre lo asiático, lo europeo y lo hispanoamericano», asegura el doctor en Historia del Arte.

Y aunque el asentamiento fue, en muchos casos, mucho más duro que el propio viaje, al final los apenas dos mil peninsulares acabaron conviviendo con miles de chinos, filipinos, japoneses y malayos, integrándose en redes comerciales, laborales y familiares, según indicó el historiador en conversación con este medio.

«El mestizaje no era una teoría: era una necesidad diaria. [...] Muchos establecían alianzas con barangayes locales, trabajaban con mercaderes sangleys o se casaban con mujeres tagalas para garantizar apoyo económico y social», subraya el investigador especializado en la presencia española en Asia.

Durante los más de 300 años, la vida cotidiana en Manila «estaba marcada por un equilibrio frágil entre culturas: había que saber negociar con chinos y japoneses, regatear en los mercados, entender costumbres locales, seguir protocolos religiosos y gestionar tensiones políticas constantes», detalla Vega.

La primera moneda global del mundo

La reducida comunidad española pudo prosperar gracias a un elemento: la plata. Los autores explican que «la clave de la presencia española estuvo en la plata. España controlaba en torno al 80 % de la producción mundial de plata justo en el momento en que en China se impone el pago de impuestos en ese metal», por lo que la demanda china fue inmensa.

La plata americana cruzaba el Pacífico en el Galeón de Manila y, a cambio, llegaban seda, porcelana, especias, lacas y otros productos asiáticos que inundaron América y Europa.

A raíz de este comercio nacería la moneda que dominaría los mercados de todo el planeta durante cerca de tres siglos: «El real de a ocho fue, de facto, la primera moneda global», asegura el historiador. De tal manera que en Asia «[la moneda española] se convirtió en patrón de confianza. [...] Eso permitió que España, a través de Nueva España y Filipinas, actuara como un verdadero 'intermediario mayorista' entre dos mundos».

En definitiva, el Galeón de Manila no solo transportaba seda y porcelana, sino también «el auténtico latido metálico de la economía mundial», según considera Vega. Este monopolio fue una de las claves que permitieron el éxito y la longevidad de la ruta del Galeón.

Por otro lado, el especialista en la presencia española en Asia desmiente uno de los mitos en torno al Galeón: «El mito popular presenta al galeón constantemente asaltado, pero la realidad es más matizada», explica. Aunque hubo ataques neerlandeses e ingleses, la amenaza más persistente para estos galeones venía de más cerca.

«Mucho más insidiosa y constante fue la piratería de Sulu, los llamados ‘moros del sur’, cuyas razzias recuerdan a las incursiones vikingas: asaltaban costas y pueblos en busca de esclavos».

Asimismo, advierte que la llegada de grandes flotas piratas, como la de Limahong o los piratas japoneses en Cagayán, demostraba hasta qué punto Filipinas estaba en el centro de los intereses asiáticos. Por tanto, defender Manila significaba, en cierto modo, defender el primer sistema globalizado.

Asia eclipsada por América

La gran pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que España haya olvidado una parte tan importante de su propia historia? El autor no duda: «España tiene tanta historia que contar que Asia ha quedado eclipsada por América, y en gran medida marginada por la historiografía española», sentencia.

A ello se le suma «una potente leyenda negra de España en Asia, alimentada por corrientes ideológicas y nacionalismos posteriores en los que británicos y neerlandeses hicieron todo lo posible por desprestigiar a los ibéricos».

Pese a ello, hay señales de cambio. «Muchos gobiernos asiáticos están cada vez más interesados en lo que España puede aportar para comprender la historia de sus propios países», afirman los autores.

La epopeya española en Asia fue colosal, no solo por su alcance, sino por la humanidad de sus protagonistas. Hombres que dejaron atrás el hambre para enfrentarse a tifones, piratas y océanos sin nombre; que convivieron con culturas desconocidas y construyeron una sociedad mestiza siglos antes de que Europa imaginara la globalización. Su memoria ha estado enterrada durante demasiado tiempo. Héroes españoles en Asia contribuye a devolverles su lugar.