Un obús ferroviario Mk V de 12 pulgadas (en primer plano) y dos obuses ferroviarios Mk III de 12 pulgadas en Catterick.
Picotazos de historias
Así funcionaban los cañones sobre raíles que marcaron las dos guerras mundiales
Aunque su época de esplendor fue breve, los cañones ferroviarios protagonizaron algunas de las imágenes más imponentes de las dos guerras mundiales
Se denominan como cañones ferroviarios a aquellos que van montados sobre plataformas que se desplazan sobre rieles y que pueden disparar estando situados sobre estas. Este tipo de artillería surgirá a partir del siglo XIX, coincidiendo con el desarrollo y la expansión de las redes ferroviarias.
El primer caso que conozco —puede haber casos anteriores, no lo dudo, pero es el más antiguo documentado que he encontrado— es el del mortero (pieza de artillería de disparo con trayectoria parabólica) de calibre 330 milímetros, que lanzaba proyectiles explosivos de 120 kilogramos de peso a una distancia de unos tres kilómetros, y que fue utilizado por las fuerzas nordistas durante la guerra civil norteamericana. Este bicharraco fue bautizado como el Dictador y lo montaron sobre un vagón de ferrocarril para ser utilizado durante el asedio de la ciudad virginiana de Petersburg.
El Dictator en Petersburg, fotografía de Mathew B. Brady
El Dictador disparó 218 proyectiles sobre la ciudad. Tras el primer disparo, hubo que construirle una plataforma móvil especial, ya que el vagón sobre el que estaba instalado se deshizo a consecuencia del retroceso. Este mortero fue muy famoso a lo largo de la guerra y después, pero militarmente se mostró poco efectivo.
En las siguientes guerras encontraremos ejemplos de diferentes piezas de artillería ferroviaria. Generalmente se tratará de cañones navales reaprovechados y montados sobre plataformas que se desplazarán sobre rieles. Fueron utilizados para destruir objetivos muy alejados de la línea de fuego o frente de combate.
La Primera Guerra Mundial fue un conflicto que vio un enorme desarrollo del arma de artillería, que llegó a dominar el campo de batalla. Las unidades de artillería más famosas no fueron unidades ferroviarias, aunque necesitaran del ferrocarril para su desplazamiento. Me estoy refiriendo al Gran Berta (que se trataba de un obús, pieza intermedia entre el cañón y el mortero) y al «cañón de París». Este último era un cañón naval con una extensión en la caña para aumentar la longitud, lo que lo situaría dentro de la categoría de los «supercañones», pero eso es otro tema. Como les decía, estas piezas alcanzaron gran fama a lo largo del conflicto, pero no fueron cañones ferroviarios.
Uno de los primeros Gran Berta casi listo para disparar
Los franceses, en cambio, poseían una tecnología puntera en lo que a artillería ferroviaria se refiere, debido a sus estudios en relación con la absorción del retroceso. Con todo, al desatarse la conflagración, Francia se encontraba con una crítica escasez de piezas de artillería de gran calibre. Para compensar esta carencia, se dio orden de que los excedentes de la artillería naval y de costa fueran modificados para adaptarse como artillería ferroviaria y ser utilizada contra objetivos terrestres dentro del país.
La fábrica Schneider, en 1915, modificó sus cañones de calibre 240 y 270 milímetros, acondicionándolos para estos menesteres. En 1916 incluiría unidades de 360 milímetros y puso sobre plataformas especialmente diseñadas al menos ocho obuses de calibre 400 milímetros.
Muchas de estas piezas de artillería ferroviaria continuarían en servicio durante las siguientes décadas y serían capturadas por las tropas alemanas durante la campaña de Francia, en la Segunda Guerra Mundial. Aunque algunas piezas dieron problemas al ser destruidas por proyectiles en mal estado o con fallos técnicos no detectados, los restantes serían enviados a combatir durante la Operación Barbarroja (invasión de Rusia).
Con el desarrollo de unidades de mayor tamaño y calibre, se hizo necesario que estas requirieran de una cada vez mayor cantidad de tiempo de preparación antes de estar listas para disparar. En muchos casos, se requería la construcción de tramos de vía especiales o curvas de tiro que permitieran la absorción del retroceso que afectaba a toda la plataforma sobre la que estaba instalada la pieza de artillería.
La Segunda Guerra Mundial vio el cénit, pero fue también el ocaso de este tipo de artillería. Se construyeron las mayores y más potentes piezas de artillería jamás fabricadas, pero se hizo evidente que la aviación era capaz de cumplir las funciones de este tipo de artillería pesada con una mayor eficiencia y unos costes muy inferiores. Fue su fin.
Los alemanes construyeron, a lo largo del conflicto, las mayores y más famosas piezas de artillería ferroviaria. El modelo más utilizado fue el llamado K-12. Este era un cañón naval de calibre 211 milímetros, montado sobre una plataforma de veinte ejes y con un peso de 100 toneladas.
El siguiente en la lista —ya que el K-12 es algo así como el benjamín— es el cañón Bruno. Con un calibre de 280 milímetros, del que se harían varias versiones, tendría un peso total de 150 toneladas y un alcance de 47 kilómetros.
Cañón Bruno
Le sigue el modelo de cañón K-5, comúnmente llamado Leopold. Tenía un calibre de 287 milímetros y era un cañón de tiro rápido, capaz de situar un proyectil de 256 kilogramos a una distancia de 62 kilómetros.
Continúa la lista con el Siegfried, el mayor de los catalogados como artillería ferroviaria. Este era un cañón de disparo rápido de calibre 380 milímetros, igual que aquellos que comprendían el armamento principal de los acorazados Bismarck y Tirpitz. Tenía un peso de 294 toneladas y era capaz de enviar un proyectil de media tonelada de peso a 56 kilómetros de distancia.
Existieron otras piezas de artillería, grandes cañones, obuses y morteros, que no se consideran piezas de artillería ferroviaria. De entre estos, fueron los más famosos los enormes cañones —los de mayor calibre jamás construidos— Gustav y Dora. Estos monstruos tenían que ser desplazados por secciones, pues el peso total de cada uno era de 1.350 toneladas y tenían un calibre de 800 milímetros. Algo espeluznante.