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Esta es una fotografía histórica de la familia Ten Boom y otros en su casa en Haarlem

Esta es una fotografía histórica de la familia Ten Boom y otros en su casa en Haarlem

Picotazos de historia

La familia cristiana que ocultó a judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial

Se calcula que los Ten Boom ayudaron a salvar a más de ochocientas personas

En 1970, el matrimonio formado por John y Elizabeth Sherrill (de soltera Schindler) escribió el primer libro de sus carreras como autores y editores. El libro se tituló El escondite y novelaba una historia real que les contó la propia protagonista de los hechos y que fue coautora del libro.

Casper ten Boom siempre fue un devoto miembro de la Iglesia Reformada de Holanda. Su padre había sido relojero y de él aprendió el oficio, abriendo su propia relojería en Ámsterdam a los dieciocho años.

Le fue bien. Casper era un magnífico artesano y sus clientes supieron reconocerlo. Tan bien le fue que decidió regresar a su Haarlem natal y compró a sus hermanos la casa y el taller de su padre. Esta estaba en la comercial calle Barteljurisstraat. Es, pues, todavía se conserva, un edificio con dos pisos y planta baja. Esta última era el taller y la tienda; la vivienda eran los pisos de arriba.

Casper ten Boom

Casper ten Boom

Casper se casó con Cornelia Liutingh y el matrimonio tuvo cinco hijos, de los que llegaron a la edad adulta cuatro. Willem y Arnolda (conocida como Nollie) se casaron. Las dos restantes —Cornelia (Corrie) y Elizabeth (Betsie)— permanecieron solteras y vivían con sus padres. Cornelia, la esposa de Casper, falleció en 1921 debido a un derrame cerebral.

Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, la familia Ten Boom contempló con tristeza la derrota e invasión de su país a manos de los alemanes. Casper, quien siempre había sido una persona con un profundo sentido de la caridad, decidió que debía tomar una postura más activa frente a la política antisemita de los alemanes. Con ayuda de sus hijas construyó una habitación secreta en los pisos de arriba.

Fue una idea providencial, pues pronto le encontraron utilidad acogiendo a judíos perseguidos. Willem, el hijo de Casper, era un prominente miembro de la Iglesia Reformada y miembro de la resistencia local. Uno de los líderes de esta era el primo Christian ten Boom (nombre en clave «Kik») y, entre todos, organizaron que la casa de Casper acogiera a los judíos «en tránsito» hacia lugares más seguros.

Los Ten Boom no se habían involucrado del todo cuando, en mayo de 1942, una vecina suya —judía holandesa— les suplicó ayuda. Su marido había sido detenido y su hijo estaba desaparecido. Ella llevaba meses viviendo en la calle y estaba desesperada.

Casper explicó a sus hijas que se sentía en la obligación de ayudar a esa mujer, y sus hijas le apoyaron completamente. Ya no dejarían de ayudar a quien llamara a su puerta.

Durante los siguientes años, la casa de Barteljurisstraat fue un santuario para todos los perseguidos, en tránsito hacia las rutas de salida por la zona de Limburgo. Y es que esta era el área que controlaba el primo Kik.

Pero esta actividad era muy peligrosa y la Gestapo estaba alerta. En febrero de 1944, un conocido llamado Jan Vogel denunció a los Ten Boom. La Gestapo tuvo la casa bajo vigilancia hasta que, el día 28 de febrero, dio orden de registro y detención de sus ocupantes.

Registraron por todas partes, pero no encontraron la habitación. Entretanto, detuvieron a Casper y a sus hijas. También detuvieron a toda persona que se presentó en la casa a lo largo del día. En total, más de veinte, entre ellos Willem y su hijo Peter.

Entretanto, en la habitación, unas diez personas, entre refugiados y miembros de la resistencia, rezaban en silencio. Ellos habían llegado para permanecer unas pocas horas y ahora no sabían cuándo podrían dejar la casa. Dentro de la habitación no había ni comida ni agua.

Casper y sus hijas fueron llevados al centro de detención de la Gestapo en Scheveningen, irónicamente llamado Oranjehotel. El anciano relojero no pudo resistir las condiciones de su detención y moriría entre el 9 y el 10 de marzo. Sus hijas fueron enviadas al campo de concentración de Ravensbrück, donde Betsie fallecería a consecuencia de las privaciones y los malos tratos.

No acabó ahí la tragedia para los Ten Boom. Kik fue detenido, brutalmente interrogado y enviado al campo de exterminio de Bergen-Belsen. Murió en el campo en 1945.

Willem también fue interrogado y pasó por diferentes centros de internamiento. Sobrevivió a la guerra, pero su salud quedó muy afectada por todo lo que pasó. Falleció a consecuencia de la tuberculosis en 1946.

Volviendo a los sucesos de la casa durante esos fatídicos días, el 1 de marzo de 1944 un ciudadano de Haarlem denunció en la comisaría de policía la desaparición de un hijo suyo. El policía que registró la denuncia era miembro de la resistencia y estaba al tanto de lo sucedido en casa de los ten Boom. Unió cabos y sospechó que el muchacho desaparecido debía de estar escondido dentro de la casa, en algún lugar oculto.

Esa noche se introdujo en el hogar de los ten Boom y fue golpeando las paredes y llamando al chico por su nombre hasta que localizó la habitación secreta. Sacó a los hambrientos y asustados enclaustrados y los distribuyó entre casas de simpatizantes de la resistencia. En cuanto al joven cuyo padre había denunciado su desaparición, lo envió a su casa.

Corrie ten Boom

Corrie ten Boom

Terminada la guerra, Corrie ten Boom trabajó con supervivientes de los campos de exterminio, ayudándoles a rehacer su vida tras la atroz experiencia. Después trabajó en la readaptación de las personas condenadas por colaborar con los nazis durante la ocupación. Fue durante ese tiempo cuando coincidió con Jan Vogel, la persona que los había denunciado. Corrie le perdonó.

Corrie pasó el resto de su vida trabajando en organizaciones cristianas y dando conferencias. En 1970 conoció al matrimonio Sherrill y de la colaboración entre ambos surgió un libro que fue un éxito mundial y una película.

Se calcula que los ten Boom ayudaron a salvar a más de ochocientas personas.

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