María Bonaparte en 1907
Dinastías y poder
María Bonaparte, la princesa que salvó a Freud de los nazis y desafió a la realeza
Heredera de una de las dinastías más célebres del continente y protagonista de una intensa vida intelectual, su existencia desbordó los circuitos palaciegos tradicionales
El nombre de María Bonaparte ocupa un curioso espacio en la historia europea del siglo XX. Pocas vidas logran aunar de una manera tan compleja historia, realeza y cambios de mentalidad. Princesa por nacimiento y matrimonio, heredera de una de las dinastías más célebres del continente y protagonista de una intensa vida intelectual, su existencia desbordó los circuitos palaciegos tradicionales.
Descendiente directa de Luciano Bonaparte, el hermano más jacobino y díscolo de Napoleón, y casada con un príncipe de Grecia, se convirtió en psicoanalista y discípula de Sigmund Freud, lo que claramente contravenía lo esperado para su linaje y rompía con el modelo tradicional de la realeza.
La joven María Bonaparte en la década de 1890
Nació en París en 1882, en los días de la liberal y laica III República Francesa. Era bisnieta de Luciano Bonaparte, el tercer hermano de Napoleón y el más enfrentado a su proyecto político. Luciano, que había vivido en Madrid en 1800 como embajador y mantenido un romance con la marquesa de Santa Cruz, se había negado a someter su vida personal a las estrategias políticas del emperador.
El padre de María, el príncipe Rolando Bonaparte, también fue un hombre peculiar: científico aficionado, geógrafo y con intereses culturales, encarnaba una mezcla de aristocracia y modernidad propia de determinados ambientes del siglo XIX.
Además, Rolando pudo reforzar la posición social y económica de la familia gracias a un matrimonio de interés: se casó con la hija de uno de los grandes accionistas y artífices del Casino de Montecarlo. Esta unión vinculó a los Bonaparte con una de las mayores fortunas de la época, procedente del mundo financiero y del nuevo ocio europeo, diferente del poder de las grandes dinastías. En su hija María confluirían ya dos elementos fundamentales para la nueva sociedad: el apellido imperial y una fortuna considerable.
La niña recibió una educación cosmopolita en la que la opulencia económica se mezclaba con el interés por la ciencia, la literatura y, como novedad, los estudios psicológicos que empezaban a desarrollarse en determinados círculos experimentales. Pero la vida de María dio un giro al conocer al príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca, hijo del rey Jorge I de Grecia, monarca de origen danés llamado al trono heleno en el siglo XIX.
Matrimonio de María Bonaparte con Jorge de Grecia en Atenas, 1907
Se casaron en la iglesia griega de París en 1907 y, con esta boda, María Bonaparte se integró en una familia emparentada directamente con las casas reales de Gran Bretaña, Rusia y Noruega. «Asistieron a la ceremonia significados individuos del partido bonapartista y numerosa concurrencia de amigos particulares de los contrayentes», leemos en Hojas Selectas (octubre de 1910).
Él era almirante de la marina griega y fue gobernador general en la isla de Creta. María Bonaparte residió principalmente en Francia, especialmente en París, su centro intelectual y social, aunque también vivió temporadas en Grecia, vinculada a la corte real.
Sin embargo, su papel no se limitó al de princesa consorte en un matrimonio complicado por las circunstancias históricas y personales. La amistad de María con Freud terminó convirtiéndola en una de sus principales discípulas. «Reducir al hombre a un conjunto de impulsos instintivos es negar su dignidad trascendente y su vocación hacia Dios», llegó a afirmar el filósofo católico Jacques Maritain, abiertamente discrepante con los planteamientos que una y otro defendían.
María Bonaparte abordó en libros y ensayos temas que desafiaban las convenciones sociales de su tiempo; títulos como La sexualité de la femme causaron notable controversia tanto por la autoría como por la relativización de la moral que destilaban.
Sus trabajos en este campo han sido estudiados por Célia Bertín y publicados aún en nuestros días, con notable éxito editorial. Además, la fortuna personal de María le permitió contribuir a la traducción de algunas obras sobre psicoanálisis. Para alimentar mayores polémicas, mantuvo también un sonado romance con el político radical Aristide Briand, primer ministro francés en diversas ocasiones.
Retrato de Sigmund Freud
Cuando en 1938, tras el Anschluss —la anexión de Austria al Tercer Reich—, la situación de Freud, que vivía en Viena, se volvió crítica, María Bonaparte pasó a jugar un papel relevante. Judío, figura pública y símbolo de una corriente «degenerada», Freud quedó bajo vigilancia y presión directa de las autoridades, con sus bienes confiscados y su familia interrogada.
Desde París y utilizando su posición internacional como princesa de Grecia y miembro de una de las grandes familias europeas, María Bonaparte activó una red de contactos diplomáticos, influencias personales y recursos económicos para lograr la salida de Freud del país. Ella asumió los pagos exigidos por las autoridades nazis y logró que Freud y parte de su familia se trasladaran a Londres en junio de 1938, donde el psicoanalista pasó el último año de su vida. Parte de esta labor está recogida en el libro biográfico escrito por Lázaro Droznes sobre la princesa.
Del matrimonio entre María Bonaparte y el príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca nacieron dos hijos. El primero fue Pedro de Grecia y Dinamarca (1908–1980), dedicado a la antropología y la etnología. La segunda hija fue Eugenia de Grecia y Dinamarca (1910–1989), que llevó una vida más ligada al ámbito aristocrático europeo y contrajo matrimonio con el príncipe Domenico de Thurn und Taxis. Eugenia es la abuela de Tatiana Radziwill, amiga cercana de la reina emérita doña Sofía.
María Bonaparte falleció el 21 de septiembre de 1962 en París, a los 80 años. Su muerte fue recogida por la prensa europea, que destacó el final de una figura capaz de aunar el poder de las grandes dinastías europeas con algunos de los movimientos intelectuales que marcaron el siglo XX.