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Historias de la historiaAntonio Pérez Henares

Diocles, el auriga hispano que conquistó Roma

Nadie le pudo superar en prestigio ni fue más aclamado e idolatrado en todas las arenas circenses de todas las urbes romanas en las que compitió, y desde luego en la ciudad de Roma, donde su fama llegó a su cúspide y en la que se mantuvo hasta su retirada

La carrera de cuadrigas, c.1882 (óleo sobre lienzo)

Seguramente muchos habrá quienes, al preguntar por un auriga y una carrera de cuadrigas en el circo romano, el espectáculo por excelencia del Imperio, acaben por dar algún nombre. Me atrevo a decir que quizás el de Ben-Hur y, ya puestos, el de su rival, Mesala. Nombres y personajes ficticios, pero por obra y gracia del cine, ya parte de nuestro paisaje histórico de aquella época.

A ellos se podría ahora añadir también el de un gladiador, el de Máximo Décimo Meridio, tan ficticio como el de los otros dos, pero este nos toca más de cerca, pues su patronímico Meridio lo convierte en nuestro paisano, al indicarnos dónde nació: en Augusta Emerita, Mérida hoy, capital de la Lusitania, una de las tres provincias en que se dividía la Hispania romana.

Pero quien, a buen seguro, no les sonará será el nombre de Cayo Apuleyo Diocles. Y, sin embargo, ese sí que fue de verdad, nacido ciertamente en la Lusitania, muy posiblemente en Mérida, y el más famoso y laureado auriga de toda la Antigüedad. Nadie le pudo superar en prestigio ni fue más aclamado e idolatrado en todas las arenas circenses de todas las urbes romanas en las que compitió, y desde luego en la ciudad de Roma, donde su fama llegó a su cúspide y en la que se mantuvo hasta su retirada. Nada menos que a los 42 años y después de 23 de carrera.

Comenzó a correr a los 18 años, y sus primeros éxitos tuvieron lugar en su ciudad natal. Pero no tardó demasiado en llegar a Roma y hacer de ella su residencia y el lugar donde más carreras disputó, y desde allí su fama ya llegó a todos los rincones del Imperio.

Mosaico de los Aurigas en el Museo Nacional de Arte RomanoMinisterio de Cultura

Condujo carros tirados desde 1 a 7 caballos –esto último verdaderamente difícil–, y conocemos incluso los nombres de sus caballos más famosos. El que más, Pompeyano, que, junto con Cotino, Abigelo, Lúcido y Paráto, le dio los triunfos más sonados y con los que más dinero ganó. Porque Diocles se hizo rico, un verdadero potentado, como ahora lo son los grandes pilotos de Fórmula Uno, tal cual. A los 42 años, 7 meses y 23 días, cuando se retiró, había conseguido en premios la friolera de más de 35 millones de sestercios, exactamente 35.863.120. Que los romanos lo contaban todo, y hasta la última moneda estaba contabilizada.

Y que nos ha llegado a nosotros porque todo fue escrito en una lápida que sus admiradores le levantaron en el Circo de Nerón (donde se sitúa ahora el Vaticano) de la ciudad imperial, al igual que había algunas otras por otros circos y ciudades. El texto original no se conserva, pero copia de su contenido sí. Y por él podemos saber tanto de él como de aquel mundo del circo y de las carreras en que vivió.

Así conocemos que participó en un total de 4.257 carreras, de las que venció, incluso saliendo el último para mayor dificultad, en 1.462, y consiguió podio (2.º o 3.º, como sigue siendo hoy) en otras 1.438 más. Batió muchos récords, pero supo también elegir bien y seleccionar mejor en cuáles competir, y se supo, además, cuidar. Vamos, que amén de un deportista excepcional, inteligencia no le faltó.

Porque tuvo rivales excepcionales, como Pompeyo Musculoso, que figura como el que más competiciones ganó, más de 3.000, pero parece que muchas de menor nivel, a tenor de lo que Diocles consiguió en premios. Bastante más que él. Y también consiguió disfrutar de ellos, cosa que no consiguió el otro del «Big Three», que también le disputaba la cabecera del ranking, y que era hispano como él: Flavio Escorpo, que venció en 2.048.

Mosaico con aurigaMuseo Arqueológico Nacional

Este, nacido esclavo en nuestra tierra –se desconoce el lugar–, consiguió en Roma, con sus triunfos, la libertad. Y libre siguió compitiendo después. Según el también paisano, el poeta Marcial, coetáneo y admirador suyo, de Bílbilis Augusta –o sea, Calatayud–, ganaba 15 sacos de oro –saquetes serían—, pero un inmenso pastón, por ganar una carrera. Sin embargo, Escorpo no pudo gozar mucho de su fortuna, pues, aunque a ciencia cierta no se sabe, lo más probable es que, a causa de algún percance de su peligrosa profesión, falleció al poco de cumplir los 26 años.

Marcial lo despidió así: «¡Oh! ¡Triste desgracia! Que tú, Scorpus, hayas muerto en la flor de tu juventud y hayas sido llamado tan prematuramente a uncir los sombríos caballos de Plutón. Aquella meta, siempre fugaz y rápida al paso de tu carro, ¿por qué estuvo también tan cercana en tu vida?».

Diocles alcanzó una mayor longevidad, aunque no sepamos cuánta, porque, tras retirarse a una hermosa villa en Praeneste (actual Palestrina), un municipio cercano a Roma, ya nada sabemos de él, pues nunca más volvió a competir.