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Napoleón en 1814. Obra de Jean-Louis Ernest Meissonier

Picotazos de historia

Marengo, el caballo de Napoleón que sobrevivió a Waterloo y a ocho heridas de guerra

Napoleón Bonaparte montó al animal durante la histórica jornada del 14 de junio de 1800, en la que ganó la batalla de Marengo, que daría nombre al caballo

Cuenta una leyenda que Mahoma, tras una larga y dura travesía por el desierto, soltó a todos los caballos que tenía con él para que corrieran hasta un oasis próximo, donde les esperaba el anhelada agua que necesitaban. Corrieron todos los animales desesperados por beber y, cuando estaban cerca del agua, Mahoma los llamó para que volvieran. Solo cinco yeguas respondieron a la llamada del profeta. Estas fueron conocidas como Al Khamsa, que significa «las cinco», y que serían las míticas fundadoras de los cinco subtipos de caballos árabes purasangre o Al Khamsa: Kehilan, Seglawi, Abeyan, Hamdani y Hadban.

Con su permiso, me gustaría hablarles de un pequeño caballo, de capa torda y corta alzada (1,40 metros hasta la cruz). Por la estampa y la documentación existente, su origen podría encontrarse en una de las yeguadas Al Naserí; esto es, las yeguadas descendientes de las míticas yeguas de Mahoma, según el registro llevado a cabo por Al Naserí en 1330.

Volviendo al caballo, este nació en el año 1794, pues tenía cinco años cuando fue capturado por los franceses tras la batalla de Abukir. Tras un examen posterior, el animal fue seleccionado y enviado a Francia.

No se sabe el momento exacto en el que fue adquirido por Napoleón Bonaparte, si él mismo lo seleccionó como botín de guerra o si fue adquirido por el caballerizo de su casa para su cuadra personal. Ni siquiera aparece en los registros de la cuadra del Primer Cónsul de Francia –Napoleón– en ese tiempo. Pero de lo que sí sabemos con certeza es que Napoleón Bonaparte montó al animal durante la histórica jornada del 14 de junio de 1800, en la que ganó la batalla de Marengo, que daría nombre al caballo.

Bonaparte cruzando el Gran San Bernardo, de Jacques-Louis David.

Durante toda la batalla, el Primer Cónsul estuvo montando al pequeño árabe y este no mostró temor alguno por los disparos y las explosiones. Era un animal tranquilo, obediente a las órdenes de su jinete, impávido ante el caos de la batalla y valiente: la montura perfecta para el gran corso, quien nunca fue un excepcional jinete, aunque tampoco tan malo como se ha llegado a afirmar.

Tras la batalla, Napoleón dio orden de que no se apartara al caballo de su cuadra, lo bautizó con el nombre de la ciudad italiana cercana al campo de batalla y lo convertiría en su personal amuleto de buena suerte.

Aunque la cuadra personal de Napoleón llegó a contar con 130 caballos para diferentes funciones –monta, tiro, etc.–, 'Marengo' quedó asociado a la figura del emperador francés. El caballo sería la montura de Napoleón durante las gloriosas jornadas de Austerlitz, Jena y Wagram.

En España demostró su nervio y resistencia al recorrer los 130 kilómetros que separan Burgos de Valladolid en tan solo cinco horas. El animal fue retratado por los más grandes artistas de su tiempo: David, Gros, Delaroche, Meissonier, Girardet, etc. La figura de Napoleón Bonaparte sobre 'Marengo' es un motivo reproducido, una y otra vez, por todo tipo de artistas hasta el día de hoy.

Fue uno de los cincuenta y dos caballos de la remonta imperial que sobrevivieron a la desastrosa campaña de Rusia de 1812. En 1815, Napoleón lo montaría, una última vez, durante la batalla de Waterloo. El viejo caballo de guerra, que tenía veintidós años de edad, fue capturado por las tropas de Wellington en la granja Caillou, que había sido utilizada como cuartel general por los franceses.

Sobre el propio campo de batalla fue adquirido por William, 11.º barón Petre. El caballo había recibido un disparo en la cola. Y es que, a lo largo de su carrera militar, 'Marengo' recibió ocho heridas en combate, pero jamás se espantó ni arrojó a su jinete.

El barón Petre llevó el caballo a Inglaterra, subastándolo a buen precio, pues era una pieza codiciada del botín de la batalla. Lo adquirió el coleccionista y filántropo –uno de los creadores de la futura National Gallery de Londres– Jean Julius Angerstein. El mecenas lo incorporó a su cuadra en Ely, condado de Cambridge.

Durante un tiempo cumplió funciones como semental, pero la edad lo relegó a actividades más livianas y de prestigio. Fue exhibido y paseado por diferentes ferias y actos oficiales: era la más famosa montura del propio Napoleón Bonaparte y mucha gente ansiaba contemplarlo. Así pasó sus últimos años en una de las cuadras de Angerstein en Brandon, condado de Suffolk, bajo la supervisión y cuidado del capitán Howard. «Marengo» falleció en 1831, a los treinta y ocho años de edad.

Marengo, el caballo más famoso de Napoleón Bonaparte.

El caballo fue enterrado en la finca de Brandon, pero antes Angerstein pidió que se le entregaran dos cascos del caballo. Una costumbre muy arraigada entre los propietarios de caballos era la de conservar uno de los cascos del animal querido. Normalmente se montaba en plata, grabando el nombre del animal sobre la plata del casco. También podían hacerse con ellos objetos de uso cotidiano para mantener el recuerdo del animal. Pues bien, Angerstein mandó hacer un tintero de plata con uno de los cascos, que permanece actualmente entre sus descendientes y que se encuentra en préstamo y depósito en el Museo Nacional del Ejército de Chelsea, en la ciudad de Londres.

El otro casco lo regaló Angerstein al cuerpo de oficiales de la Brigada de la Guardia, que mandaron que se montara en plata y se hiciera una tabaquera o caja de rapé con él. Hoy lo pueden admirar entre los objetos del museo de los regimientos de la Guardia, en el palacio de Saint James, en Londres.

Pocos años después de la muerte de «Marengo», Angerstein decidió desenterrar los restos del animal y los regaló al Museo Nacional del Ejército de Chelsea. El esqueleto se exhibe en una de las salas del museo, completamente montado, excepto por los dos cascos que faltan.

El pequeño y valiente caballo árabe, que acompañó a Napoleón Bonaparte durante las más gloriosas jornadas de su vida, es, con todo derecho, uno de los caballos más famosos de la historia.