Toma de Pensacola en 1781. Gálvez franqueó la barra de la bahía a bordo de su propio bergantín y al grito de «Yo solo»
El único español que ostenta el título de ciudadano honorario de los Estados Unidos
El Congreso y Senado de Estados Unidos reconoció en 2014 la figura de este militar español y su contribución de España en su independencia
Estados Unidos cuenta con ocho ciudadanos honoríficos, un mérito excepcional que se confiere a extranjeros en reconocimiento a sus contribuciones fundamentales a la historia o los valores del país. Esta distinción «es y debe continuar siendo un honor extraordinario no conferido a la ligera ni frecuentemente otorgado», tal y como recoge la resolución.
El primero en recibirlo fue Winston Churchill en 1963, por su liderazgo y compromiso con la democracia, especialmente tras su papel en la Segunda Guerra Mundial. A él le siguen personalidades tan selectas como la Madre Teresa de Calcuta. Los tres últimos han sido otorgados, de forma póstuma, a «héroes de la independencia de los Estados Unidos».
En 2002 se distinguió al militar francés Gilbert du Motier, marqués de La Fayette. Siete años más tarde, al militar polaco Kazimierz Pulaski —apodado «el padre de la caballería estadounidense»— y, en 2014, le tocó el turno al único español de esta lista: el malagueño Bernardo de Gálvez, personaje clave de la independencia de las 13 colonias.
Retrato de Bernardo de Gálvez
A este reconocimiento se le sumó la colocación de su retrato en el Senado de los Estados Unidos, una decisión que se tomó en el primer Congreso Continental de los padres fundadores de EE. UU., quienes decidieron en 1776 «honrar su memoria con la instalación de su retrato en el Capitolio» por su actuación muy destacada en la guerra de las 13 colonias sublevadas contra el poder de la metrópoli.
Esa promesa, sin embargo, no se cumpliría hasta más de dos siglos después, cuando en 2014 el Congreso de los Estados Unidos reconoció oficialmente la deuda histórica con el militar español.
El mariscal de campo Bernardo de Gálvez y Madrid, conde de Gálvez, natural de Macharaviaya (Málaga), tuvo, como culminación de una brillante carrera militar, una actuación crucial en dicha guerra. Fue hijo de militar y, siguiendo los pasos de su padre, escogió muy joven la profesión de armas.
En 1776 fue ascendido a teniente coronel y, pocos meses después, en julio de ese mismo año, fue nombrado coronel del Regimiento Fijo de Luisiana y gobernador de dicha provincia. Desde su toma de posesión como gobernador, Gálvez se esmeró por intensificar su defensa ante la amenaza británica en los dominios españoles, a la vez que prestaba ayuda «decidida, temprana y eficacísima a la causa de la independencia norteamericana», recoge la Real Academia de la Historia en su Diccionario biográfico.
Por España y por el rey, Gálvez en America, donde se muestra al militar español Bernardo de Gálvez durante la Batalla de Pensacola
No solo destaca su apoyo militar a los ejércitos independentistas —como en la decisiva batalla de Saratoga o el asilo a colonos americanos que huían de las tropas inglesas—, sino también el envío de un barco con un cargamento de diez mil libras de pólvora que alcanzaría el fuerte de Pitt y sería decisivo para la derrota inglesa en las campañas de aquella región. Además, envió 74.000 dólares a los americanos y un cargamento de provisiones por valor de 25.000 doblones por el Misisipi, hasta llegar a las fronteras de Pensilvania y Virginia, que se distribuyeron entre los ejércitos del general Washington y las divisiones del sur.
No fue hasta la declaración formal de guerra del rey Carlos III al rey de Gran Bretaña —para recuperar los territorios perdidos ante esta en Norteamérica en la Guerra de los Siete Años— cuando el militar malagueño decidió tomar la ofensiva, sorprender a los ingleses en sus puestos y fortificaciones e iniciar una campaña de reclutamiento. Sus tropas estaban formadas por soldados regulares y milicia criolla: eran hombres «de todas especies, naciones y colores», dijo Gálvez.
Sería el 8 de mayo de 1781 cuando este «gran soldado español de Málaga contribuyó con su heroísmo y decisión a la independencia de los Estados Unidos: Bernardo logró una importantísima y decisiva victoria del ejército español sobre los casacas rojas de la Gran Bretaña», recoge el Museo del Ejército.
Gálvez emprendió las conquistas de Mobile y Pensacola, en la costa de la Florida Occidental, que serían cruciales para la victoria de las 13 colonias. Pensacola era una posición estratégica para los ingleses. Después de la victoria del gobernador de Luisiana en Mobile (Alabama), los ingleses tuvieron que refugiarse en Pensacola, cuya defensa estaba bajo la responsabilidad del general inglés John Campbell.
El imprevisto que provocó un huracán obligó a suspender el proyecto; no obstante, Gálvez, sin perder el ánimo, con gran ingenio militar y a bordo del Galveztown, inició la entrada en la bahía de Pensacola. «Ante este motín, Bernardo de Gálvez decide entrar solo en la bahía de Pensacola. En este momento se manifestó su valentía y su capacidad de asumir riesgos: estaba dispuesto a demostrar que sabía navegar con su barco y que asumía en solitario tan arriesgada misión».
Bergantín Galveztown
Nuestro protagonista sabía que la clave para derrotar la posición británica era hacerse con el control del reducto de la Reina, situado al norte. Así, una vez desembarcados los hombres y la artillería del ejército combinado hispano-francés, comenzaron los trabajos de asedio.
Finalmente, las tropas inglesas se vieron desbordadas por el ímpetu y la decisión de las tropas españolas. Campbell no tuvo más remedio que levantar bandera blanca y rendir la plaza de Pensacola a la Corona española. Con la capitulación británica, a primeros de mayo de 1781, el rey Carlos III añadió al escudo de armas de Gálvez el bergantín Galveztown y el lema «Yo solo».
Hoy, su retrato cuelga en una de las salas más simbólicas del Capitolio estadounidense, recordando no solo su contribución militar, sino también el papel de España en la independencia de la nación norteamericana. La figura de Bernardo de Gálvez es una oportunidad para recuperar un legado compartido.