Fundado en 1910

Convento de los Dominicos, lugar en donde en 1538 se fundó la Universidad Santo Tomás

Cuando el Imperio español fundó las primeras universidades de América, Asia y Europa

Esta es solo una muestra del legado científico y cultural de la España de los siglos de oro, injustamente reducida por muchos a una mera potencia militar, sin la menor preocupación por el avance de la civilización en la humanidad

Tal vez usted sea de los que, efectivamente, cree, como yo, que, a pesar de lo que se empeñan tantos en ocultar y en negar, el Imperio español fue la primera potencia del mundo durante tres enteros siglos: el XVI, XVII y XVIII.

Aun habiendo llegado a esta aceptación –que no es poco–, tal vez sea usted de los que cree que, sin embargo, apenas se trató de una potencia de tipo militar, sustentada en la fuerza de la espada de los aguerridos soldados españoles.

Pues bien, hoy le quiero hablar de algo completamente diferente, que poco tiene que ver con el poderío militar español y mucho, en cambio, con su poderío científico, cultural e intelectual: la fundación de universidades. Porque, fíjese, la primera universidad en todo el continente americano es una universidad española, la que fundan los dominicos hispanos en 1538, en la ciudad de Santo Domingo de La Española –actual República Dominicana–, con el nombre de Universidad de Santo Tomás de Aquino.

La Universidad de San Marcos a inicios del siglo XX, la denominada Casona de San Marcos es actualmente el Centro Cultural de San Marcos

Solo trece años después, en 1551, España da el salto a Tierra Firme –al continente, en definitiva– y funda otras dos universidades: la de San Marcos, en Lima, de fundación eclesiástica, y la de México, de fundación real. Las quince primeras universidades levantadas en América –en Santo Domingo (2), México, Lima (2), Sucre, Bogotá (2), Quito (2), Córdoba Argentina, Santiago de Chile, Mérida Yucatán, Cuzco y San Miguel– son todas españolas.

Cuando, en el primer cuarto del s. XIX, España abandone el escenario americano, ha fundado en él una treintena de universidades (más colegios imperiales para indios; ni hablamos de escuelas), una cantidad que no tiene entonces ningún otro país del mundo.

¿Solo en América funda España universidades? Ni muchísimo menos. La primera universidad fundada en todo el continente asiático vuelve a ser española. Es la universidad, una vez más llamada de Santo Tomás de Aquino, creada por los dominicos españoles en la ciudad de Manila, en Filipinas, en el año 1611.

Cabe todavía hablar de una universidad anterior, la que fundan los jesuitas en 1590, llamada, como era de esperar, de San Ignacio, solo que, a causa de la expulsión de la Compañía de todos los reinos españoles decretada por Carlos III en 1767, no ha llegado como tal a nuestros días, aunque haya instituciones filipinas de enseñanza que reclaman su sucesión.

América y Asia no son los únicos lugares del mundo cuya primera universidad es fundada por españoles, pues también muchos países de Europa podrían presumir de lo mismo, si quisieran. Así, Bélgica, cuya primera universidad, la de Douai, es una vez más fundación de un español, y nada menos que de Felipe II, que la manda crear en 1559. Bien es verdad que Douai es, al día de hoy, una ciudad en territorio francés, que se deja su originaria Bélgica a treinta kilómetros de distancia. Pero cuando Felipe II funda su universidad, la ciudad forma parte de esa unidad política que los historiadores dan en llamar «Países Bajos españoles».

No muy lejos, en la levantisca Holanda –cuyo himno todavía honra hoy al Rey de España–, también su primera universidad es fundación de un español. Nos referimos a la Universidad de Leiden, inaugurada en 1575, y una vez más por ese gran rey de inmensa cultura, el gran mecenas y coleccionista de arte de su época, que fue Felipe II, el cual, a mayor abundamiento y mérito, firma el acta de su fundación cuando se halla en guerra con la ciudad, en plena rebelión contra la Corona.

Biblioteca Universitaria de Leiden en 1610

Los holandeses actuales gustan de atribuir su fundación a Guillermo de Orange, pero, por mucho que pueda pesar a algunos, el fundador de la universidad no es él, sino Felipe II: a cada cual, lo suyo.

¿E Italia? ¿Fundó España universidades en Italia? Sobradamente conocido es que la primera universidad italiana es la de Bolonia, de naturaleza eclesiástica –Bolonia era, de hecho, una ciudad eclesiástica–, que no solo lo es de Italia (no voy a entrar aquí en el debate que equipara las madrazas islámicas a las universidades europeas), sino también de Europa y del mundo, datando, como data, del año 1088.

Pues bien, en esa ciudad tiene lugar también un hito universal con sello español por lo que a la enseñanza universitaria se refiere: la erección, en el año de 1364, del primer colegio mayor de la historia, el Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles, por el cardenal español Gil de Albornoz, para facilitar la residencia, manutención y estudios de los alumnos españoles en Bolonia.

Gil Álvarez de Albornoz entregando simbólicamente al Papa san Clemente I la capilla del Colegio de España, dedicada a dicho santo

Amén de ello, España, cuyo tiempo de presencia en partes de Italia como Cerdeña, Nápoles o Sicilia todavía no se ha visto superado por la de estas regiones en la Italia unificada, va a levantar en el bellísimo país por lo menos cuatro universidades: la de Messina, en Sicilia, en el año 1548, fundada por san Ignacio de Loyola en persona.

En 1551, mientras en América se están erigiendo las universidades de Lima y de México, la española Compañía de Jesús se convierte en la primera orden religiosa en fundar una universidad en la mismísima capital del Imperio romano y de la Iglesia católica, el llamado «Colegio Romano».

En 1606, en Cerdeña, el obispo español Francisco de Esquivel funda la Universidad de Cagliari, patrocinada después por ese gran rey español que fue Felipe III. Y también en aquella Cerdeña española, y también en tiempos de Felipe III –que la eleva a la condición de Real Universidad en 1617–, se funda la Universidad de Sassari.

Esta es solo una parte de la fecunda labor científica, cultural, intelectual, pedagógica y civilizatoria de esa gran España de los tres siglos de oro, que tantos, de manera injusta y completamente desacertada, imaginan como una poderosa potencia militar, sin la menor preocupación por el avance de la civilización en la humanidad.