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Monumento a los fallecidos en el asedio al cuartel del Simancas, obra de Manuel Álvarez Laviada

Monumento a los fallecidos en el asedio al cuartel del Simancas, obra de Manuel Álvarez LaviadaZato-ino (Wikimedia Commons)

Los Héroes de Simancas: las claves del monumento que la izquierda quiere retirar

La aplicación de la Ley de Memoria Democrática vuelve una vez a demostrar el intento de reescribir la historia a favor de un discurso político

El Gobierno del Principado de Asturias ha vuelto a presionar a la Compañía de Jesús para la retirada del Monumento de los Héroes de Simancas. El Gobierno está formado por el PSOE y Convocatoria por Asturias, coalición de izquierda radical que reúne a IU, Más País e IAS. La aplicación de la Ley de Memoria Democrática vuelve una vez a demostrar el intento de reescribir la historia a favor de un discurso político. El objetivo es la defensa del discurso totalitario de izquierda que dejó de gobernar en 1989 en la mitad de Europa y que fue condenado por el Parlamento Europeo.

La obra del Monumento de los Héroes de Simancas es de autores de clara relevancia artística; posee un evidente valor artístico por su singularidad y prestigio, lo que la sitúa en el ámbito de la protección histórico-artística y cultural de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y de la Ley regional 1/2001, de 6 de marzo, del Patrimonio Cultural de Asturias.

El conjunto está constituido por un grupo escultórico formado por una gran cruz flanqueada por dos ángeles de enormes dimensiones y es una de las obras más significativas del arquitecto Luis Moya Blanco —autor de la Universidad Laboral de Gijón— y del escultor asturiano Manuel Álvarez-Laviada y Alzueta.

El primero fue elegido académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1953, siendo igualmente miembro honorario del Instituto de Estudios Madrileños y arquitecto conservador de la Biblioteca Nacional.

Con respecto al segundo, obtuvo la cátedra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y, aunque reacio a hacer exposiciones, participó en la Exposición Universal de Barcelona de 1929, donde le dieron la segunda medalla, y en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en el año 1930, donde consiguió la primera medalla. Compaginó la actividad artística con la educativa e impartió clases en la Escuela de Bellas Artes de Madrid desde 1935. Durante la Guerra Civil colaboró en la protección de obras de arte con la Junta de Defensa del Patrimonio Artístico de Madrid del bando republicano.

El monumento fue erigido para conmemorar la resistencia que las fuerzas militares de Gijón, correspondientes al Regimiento Simancas y a las del VIII Batallón de Ingenieros, al mando del coronel Antonio Pinilla Barceló, bajo la autoridad de su superior, el coronel Antonio Aranda —este en Oviedo— opusieron a milicias revolucionarias.

Los asediadores no fueron fuerzas leales a las instituciones republicanas que aplicaran una normativa legal contra un levantamiento. Los cuarteles fueron asediados por cinco millares de milicianos correspondientes a milicias obreras, organizados por la CNT, fuerza revolucionaria de signo anarcosindicalista, y miembros de las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), milicia armada organizada por miembros del PCE.

Ninguna de las dos organizaciones armadas corresponde a instituciones de la República ni a fuerzas políticas defensoras de la democracia parlamentaria; fueron revolucionarias y responsables del pasado intento revolucionario de la República de 1934, y responsables de asesinatos antes de la propia Guerra Civil.

La toma del cuartel con dinamita y artillería procedente de la fábrica de Trubia provocó el asalto de las ruinas del edificio y la eliminación de sus defensores, que fueron quemados vivos con gasolina, y los supervivientes, fusilados sin ningún tipo de tratamiento como prisioneros de guerra.

Por tanto, si el objetivo de la Ley de Memoria Democrática se plantea fomentar la cohesión y solidaridad entre las distintas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales, está claro que la erradicación del monumento, protegido por su singular valor artístico, solo tiene un cariz político que no duda en eliminar el patrimonio artístico, como ha demostrado en ocasiones previas, y, lo más grave, enaltecer las matanzas y acciones contra los derechos humanos que fueron realizadas por fuerzas contrarias a la democracia y que constituyeron en la mitad de Europa regímenes criminales que fueron condenados por el Parlamento Europeo.

La resolución del 2 de abril de 2009 consideró que «deben mantenerse vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria». El 23 de agosto fue establecido como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo en la Unión Europea.

En la antigua Europa central y del este, donde los partidos comunistas se arrogaron el monopolio de la memoria y ejercieron un estricto control sobre la interpretación de la historia, el fin de los sistemas comunistas, primero en Europa central y oriental y luego en la propia URSS, provocó el fin del monopolio comunista de la memoria.

En este aspecto, el monumento, por su valor artístico e incluso por quienes murieron en el conflicto de manera inhumana, no procede a su olvido, porque solo se ensalzarían los principios antidemocráticos de quienes instauraron regímenes totalitarios criminales en la parte oriental de Europa. Cuando en esos países se prohíbe la participación de esos partidos políticos en la actividad parlamentaria y, en otros, la exhibición de símbolos y propaganda de los fenecidos regímenes, en España forman parte del Ejecutivo, desde donde gangrenan la libertad política y la verdad histórica.

  • José Luis Orella es director de la Cátedra CEU de Historia Memoria e Identidad.
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