Vagón que utilizaba Billy Brandt en sus desplazamientos, estacionado en la salida de metro que da al museo (Museumsmeile, 'milla de los museos')
Alemania actualiza su relato histórico con una muestra interactiva sobre nazismo, Guerra Fría y reunificación
La Casa de la Historia, uno de los museos federales que quedan en Bonn de cuando era la capital alemana, acaba de renovar su colección permanente. Con una concepción didáctica e interactiva y un repaso desde 1945 hasta la guerra en Ucrania, recuerda a los visitantes que «Eres parte de la Historia»
Alemania ha hecho un gran esfuerzo por digerir su pasado. No es de extrañar, después de haber invadido Francia tres veces en apenas cincuenta años, haber protagonizado uno de los mayores genocidios de la historia y haber sufrido dos de las dictaduras totalitarias más asfixiantes. Entre esos esfuerzos está la Casa de la Historia de la República Federal Alemana, un museo de historia poco convencional.
Primero, por su propia historia. Fue una propuesta de Helmut Kohl desde el principio de su mandato. Su idea era hacer un museo de la historia alemana en Berlín y otro, en Bonn, limitado a la de la República Federal Alemana. Es decir, desde 1945 en adelante. El Bundestag aprobó el proyecto en 1989. Durante la construcción, curiosamente, se encontraron restos arqueológicos de una casa romana, visitables también en el sótano, aunque al margen de su exposición permanente, que se inauguró en 1994.
Nueva exhibición permanente
Segundo, porque esa exposición permanente, que abarcaba desde el ascenso del nazismo hasta la reunificación alemana y el traslado de la capital de vuelta a Berlín, no era tan permanente. De hecho, el museo ha inaugurado recientemente su «nueva exhibición permanente» después de más de un año de renovación, titulada Tú eres parte de la Historia.
La anterior exposición permanente dedicaba bastante espacio al nazismo, al Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Sin ir más lejos, lo primero que recibía al visitante era un tanque soviético T34 traído de Alemania Oriental. Toda esa parte se ha suprimido y comienza con la Cumbre de Yalta, en la que las grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial se dividieron el mundo en zonas de influencia y, con ellas, dividieron también Alemania.
Un guía muestra el mapa de la partición de Alemania en zonas de ocupación y un cofre con las iniciales del primer ministro británico Winston Churchill junto a otros objetos y fotografías de la Cumbre de Yalta
Historias paralelas
El museo refleja la vida en las dos Alemanias, muchas veces reconstruida a través de los objetos cotidianos: la ropa que se vestía o los tipos de televisores que había a cada lado del telón de acero. La música que se escuchaba, las películas que se veían o los coches que se conducían. También se hace un recorrido por el Plan Marshall, la vida durante la posguerra o por cómo eran las elecciones en ambos lados (sí, en la RDA también las había, aunque con partido único y con unas papeletas que iban sin sobre, probablemente para ahorrar papel).
La Guerra Fría, el miedo nuclear o el desarrollo industrial están bien recogidos en la exposición. También la historia parlamentaria, con escaños incluidos para sentarse. Y, cómo no, la caída del Muro de Berlín. Ahí el museo no escatima en papel y los visitantes se pueden llevar una copia facsímil de las notas a mano que Günter Schabowski, funcionario del Partido Socialista Unificado de la RDA, llevó a la rueda de prensa televisada que ofreció el 9 de noviembre de 1989. Ese día debía anunciar cierta apertura que permitiría a los ciudadanos de la Alemania comunista viajar, con restricciones, al Berlín Occidental.
Televisores utilizados en la República Federal junto a otros producidos en la RDA.
Poco acostumbrado a que los periodistas le pudieran hacer preguntas (como algunos políticos actuales), y al no tener en sus notas el dato de cuándo entraría en vigor la nueva normativa, improvisó una respuesta («desde ya, de inmediato») que provocó la avalancha de gente hacia los pasos fronterizos que acabaría haciendo caer el muro esa misma noche.
«Eres parte de la Historia»
Los visitantes de cierta edad se acuerdan de esa noche. Se nota en sus caras de emoción, todavía 36 años después. «Poco después de la colocación de la primera piedra del museo, en septiembre de 1989, se produjo la caída del Muro de Berlín, de forma totalmente inesperada para la mayoría», explicaba el director de la Fundación Casa de la Historia, Harald Biermann, poco antes de la reapertura en diciembre. Con la remodelación quedó claro de nuevo, añadió, que «aquí nos ocupamos de una Historia que todavía late».
Una historia viva también para los más jóvenes, ya que la actual exposición abarca hasta el inicio de la guerra en Ucrania: se pueden ver, junto al discurso de Olaf Scholz en el que hablaba de un «cambio de era», parte de uno de los primeros cargamentos de armas que envió Alemania a Kiev. Se trataba de unos bazucas antiaéreos del arsenal soviético que quedaban en Alemania del Este y que, en muchos casos, ya no funcionaban. Al menos los visitantes pueden estar seguros de que no va a explotar.
Los museos alemanes tienen una concepción muy didáctica e interactiva. Y este no es una excepción. Tampoco en sus exposiciones temporales, como la actual Después de Hitler, sobre la época de la 'desnazificación'. En la nueva exhibición permanente, el último montaje es una instalación circular con objetos de hoy día, como una bici eléctrica. «Recopilamos objetos del presente que en un par de años puedan describir bien nuestro tiempo actual», reza el cartel informativo. Y pide a los visitantes que dejen sus notas respondiendo a la pregunta: ¿qué objeto encuentras que nos falta? Desde luego, no parece que vayan a esperar otra vez treinta años para renovar la exposición permanente. La Historia va demasiado deprisa últimamente.