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Gladiadoras

Un combate de gladiadoras recreado en una ilustración francesa del siglo XIX.

¿Hubo gladiadoras en la antigua Roma? La historia de las mujeres que también luchaban en los anfiteatros

Los anfiteatros romanos acogieron durante siglos sangrientos combates de gladiadores. Sin embargo, algunas fuentes antiguas y descubrimientos arqueológicos indican que no solo luchaban hombres: también hubo mujeres que combatieron en la arena

Existen más de 200 anfiteatros o coliseos romanos repartidos por los tres continentes que conformaron el Imperio romano. Aunque el de Roma es el más famoso, Francia, Croacia, Túnez, España o Libia custodian algunos de los mejor conservados.

Fueron escenario del gran espectáculo del Mundo Antiguo: la lucha de gladiadores. Sin embargo, estas peleas a muerte —sanguinarias y espectaculares— también fueron protagonizadas por mujeres. Aunque en menor medida, «las mujeres participaban en los juegos públicos de Roma a pesar de que esta práctica a menudo era criticada por los escritores romanos», advierte el investigador Joshua J. Mark en World History Encyclopedia.

Conocidas como gladiatrix —un término moderno para definirlas—, sus combates fueron patrocinados por algunos emperadores: se tiene constancia de que ya tenían lugar en época de Augusto y varios historiadores romanos las mencionan durante los reinados de Nerón, Domiciano y Trajano.

En una inscripción encontrada en Ostia, el antiguo puerto marítimo de Roma, un hombre llamado Hostilinarius presume de haber sido el primero en traer mujeres gladiadoras a la ciudad.

Según explica el investigador, en los textos antiguos a las gladiadoras femeninas a menudo se las denominaba ludia (artistas femeninas en un festival o un entretenimiento) o mulieres (mujeres), pero rara vez se las denominaba como feminae (damas), «lo que sugiere a algunos expertos que solo las mujeres de clase baja se sentían atraídas por el estadio», detalla Mark.

Gladiadores romanos con espadas de madera. Obra de Romanelli

Gladiadores romanos con espadas de madera. Obra de RomanelliMuseo del Prado

En este sentido, la profesora de la Universidad Maria Curie-Skłodowska de Polonia Anna Miączewska, quien ha investigado y escrito extensamente sobre las gladiadoras, afirma que «las gladiadoras eran principalmente esclavas que cometían delitos». También señaló, en la revista Live Science, que las gladiatrix podrían ser mujeres libres con grandes deudas que se vieron obligadas a vender su libertad a una escuela de gladiadores.

No obstante, «hay bastantes pruebas de que las mujeres de la clase alta también acudían», puntualiza el cofundador de World History Encyclopedia. Para él, las mujeres que elegían una vida en la arena podrían haber estado movidas «por el deseo de independencia, la oportunidad de ser famosas y las recompensas monetarias, que incluían la remisión de una deuda», sugiere el investigador.

Luchaban con el pecho descubierto

Aunque existe mucha incertidumbre sobre cómo competían las gladiadoras y cómo eran seleccionadas y entrenadas, un relieve encontrado en Halicarnaso, en la actual Turquía, desvela alguna información sobre estas luchadoras.

El relieve representa a dos gladiadoras portando escudos y espadas con los nombres artísticos Amazona y Aquilia (nombres probablemente basados en la mitología).

Relieve de mármol con gladiadoras, de Halicarnaso

Relieve de mármol con gladiadoras, de Halicarnaso

Por otro lado, Stephen Brunet, profesor emérito de Estudios Clásicos de la Universidad de New Hampshire, señaló en su libro Una guía sobre el deporte y el espectáculo en la Antigüedad griega y romana que estas dos figuras femeninas aparecen con armaduras asociadas con un «provocador», un tipo de gladiador que pretendía asemejarse a un soldado romano.

Las gladiatrix representadas, al igual que muchos gladiadores masculinos, aparecen luchando con el pecho descubierto y sin casco, «aunque es posible que el artista no los incluyera», escribe Brunet.

Otra estatuilla de bronce encontrada en Hamburgo representa a una gladiadora sosteniendo una daga corta y curva llamada sica, un arma utilizada por un tipo de gladiador llamado thraex. Tampoco lleva casco y solo está cubierta por un taparrabos y un vendaje sobre la rodilla.

La estatuilla muestra a una gladiadora sosteniendo una daga llamada sica en un gesto que podría significar la victoria.

La estatuilla muestra a una gladiadora sosteniendo una daga llamada sica en un gesto que podría significar la victoria.

¿Eran elegidas por su belleza?

Según Alfonso Mañas, investigador de la Universidad de California en Berkeley y quien identificó esta estatuilla como una gladiadora en 2011, explicó en la revista Live Science que una de las primeras fuentes que menciona a las gladiadoras fue Nicolás de Damasco (que vivió alrededor del 64 a. C. al 4 d. C.), quien escribió que las mujeres seleccionadas para luchar no eran las más fuertes ni las más hábiles, sino «las más hermosas».

A su parecer, es probable que a las luchadoras se les indicara que no usaran cascos para que el público pudiera ver sus rostros.

Por otra parte, el investigador español afirmó que las referencias textuales suelen hablar sobre gladiadoras que actuaban en espectáculos organizados por emperadores romanos, lo que sugiere que el uso de luchadoras femeninas probablemente era un «espectáculo muy caro y exclusivo, fuertemente asociado con el emperador, por lo que se ofrecía en muy pocas ocasiones».

A diferencia de la hipótesis del investigador español, Virginia Campbell, profesora de la Open University del Reino Unido y experta en gladiadores, cree que la aptitud física sí que pudo influir en la selección de gladiadoras, dado que «entrenar y mantener a los gladiadores implica un gasto». Por esta razón, sugiere que la selección de mujeres —y hombres— «dependería, al menos en parte, de su aptitud física y capacidad de lucha», según declaró a la revista especializada.

Y añade que, después de todo, «los gladiadores estaban destinados a entretener, no a morir, por lo que sería beneficioso para el propietario tomar decisiones inteligentes al elegir a sus luchadores». El poeta Estacio (45 y 96 d. C.) haría una mención sobre las gladiadoras que luchaban en un espectáculo: «Cualquiera pensaría que una banda de amazonas luchaba junto al río Tanais».

El emperador Septimio Severo prohíbe esta práctica

Pero no todos los romanos fueron partidarios de estas luchas. El Senado romano aprobó leyes en los años 11 y 19 d. C. que prohibían a las mujeres de clase alta y a las mujeres libres menores de 20 años luchar como gladiadoras.

Asimismo, Juvenal arremetía en sus Sátiras contra aquellas mujeres que elegían la arena al decir: «Qué sentido de la vergüenza se puede encontrar en una mujer que lleva casco, que rechaza la feminidad y adora la fuerza brutal».

Finalmente, alrededor del año 200 d. C., el emperador Septimio Severo prohibió a las gladiadoras porque, después de un espectáculo, las bromas sobre su ferocidad estaban «dirigidas a otras mujeres muy prominentes».

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