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Henrik Ibsen

Henrik Ibsen

Picotazos de historia

Cómo Henrik Ibsen pasó de fracasar como escritor a convertirse en el gran dramaturgo de Noruega

Antes de ser una gloria nacional, Ibsen fue un estudiante fracasado, un escritor ignorado y un joven lleno de deudas

El escritor Henrik Ibsen (1828-1906) es considerado una gloria nacional en Noruega. Los noruegos tienen en literatura lo que ellos llaman «los Cuatro Grandes». Estos son los cuatro máximos representantes del realismo noruego del siglo XIX, lo que se considera la edad de oro de su literatura. Ibsen ocupa el lugar más preeminente de este cuarteto al que pertenecen Bjornstjerne Bjornson, Alexander Kielland y Jonas Lie.

Ibsen nació en el seno de una adinerada familia de la clase alta noruega, pero su padre fracasó en los negocios. El empobrecimiento progresivo fue inevitable y, si no se declaró en bancarrota, fue debido al apoyo del resto de la familia. Curiosamente fue el propio Ibsen y sus herederos quienes difundieron la idea de que las privaciones que (no) sufrió y la angustia ante el temor del aislamiento social, el declasarse, formaron su carácter. Como les he dicho antes, nada de esto fue así gracias al apoyo de los tíos de Henrik.

Volviendo al escritor, Henrik empezó los estudios de Farmacia, por lo que tuvo que trasladarse a Grimstad. No se aplicó en los estudios, de los que pronto se decepcionó; en su lugar dejó embarazada a una lavandera diez años mayor que él: con dieciocho años ya era padre. Reconoció al niño y se ocupó de que recibiera una cantidad de dinero hasta que cumplió catorce años. Satisfecho lo que consideraba su deber, se olvidó del asunto.

Skien (municipio de Noruega) en 1822

Skien, Noruega en 1822

Animado por sus amigos escribió una obra de teatro. Se trataba de una tragedia en verso libre titulada Catilina y consiguió publicarla en 1850. La edición se imprimió en Christiania. La mayor parte de la edición la pagó un amigo de Henrik con una pequeña herencia que había recibido. El amigo demostró más confianza en las aptitudes del futuro escritor que buen sentido empresarial, ya que perdió todo. Catilina fue un desastre y los ejemplares acabaron siendo desencuadernados y sus páginas recicladas para envolver los productos de los mercados.

Ese año del desastre editorial también fue el del fracaso de sus exámenes de ingreso para la Universidad de Oslo. Muy enfadado con todos, se dejó convencer para participar en unas reuniones de estudiantes con ideas algo revolucionarias. Canalizó su frustración en la política y, cuando estaba casi listo para unirse a la revolución, intervino la policía y los detuvo a todos.

No pasó nada. Un susto para los estudiantes y a la calle con ellos. Para Ibsen fue una impresión morrocotuda de la que no se repondría: jamás volvería a intervenir en política, ni siquiera en sus años bohemios en Roma.

En 1853 se enamoró perdidamente de Rikke Host, una graciosa jovencita de dieciséis años. Los jóvenes se comprometieron en secreto, pero se enteró el padre de ella y sacó a la chiquilla de la ciudad. Dos años después estaba casada con un joven y rico empresario. Henrik aprovechó la experiencia para escribir una serie de poemas trágicos que no interesaron a nadie, pero que en el futuro serían muy estudiados.

Ibsen (extremo izquierdo) con amigos en Roma, ca. 1867

Ibsen (extremo izquierdo) con amigos en Roma, ca. 1867

En 1856 tuvo un éxito moderado con su obra teatral El festín de Solhaug, lo que le permitió ganar algún dinero y el suficiente prestigio como para que el padre de su nueva novia autorizara el matrimonio. Al año siguiente se casó con Suzannah Thorensen, que es como se llamaba la señorita. Los siguientes años no fueron brillantes. Fracasó en sus intentos de hacerse un nombre en el mundo periodístico y las obras que estrenó no contaron con el favor del público ni de la crítica.

En 1863 la Academia de Bellas Artes de Copenhague le concedió una beca para estudiar en Roma. La familia Ibsen —Henrik, Suzannah y Sigurd, que acaba de nacer— llegó a la ciudad eterna el 19 de junio de 1864; no volverían a Noruega hasta veintisiete años después. Durante sus años romanos Ibsen escribiría dos de sus obras más famosas. Brand, publicada en 1866, que nos habla de un joven y exigente sacerdote protestante que impone una visión rigorista de la religión a su familia. Al año siguiente (1867) publicaría la obra dramática Peer Gynt.

Esta última está considerada su principal y más importante creación literaria. Fue estrenada en el teatro Christiania de la ciudad del mismo nombre en noviembre de 1867. La obra, que estaba escrita en verso —la última con la que utilizaría esta fórmula—, nos habla del fracaso, algo de lo que el autor se ha doctorado hasta la fecha.

Fotografía del actor Henrik Klausen interpretando a Peer en el estreno de la obra Peer Gynt, de Henrik Ibsen, en 1876

Fotografía del actor Henrik Klausen interpretando a Peer en el estreno de la obra Peer Gynt, de Henrik Ibsen, en 1876

La obra, que tiene cinco actos, utilizará a su propia familia como inspiración para los personajes que aparecen y se considera que tiene un profundo fondo autobiográfico. Posiblemente sea esta autenticidad la que cautivó al público, haciendo de ella la obra más representada en la historia de Noruega.

El éxito de Brand, seguido del bombazo que representó Peer Gynt, transformó a Henrik Ibsen, para gran alegría de su esposa. Empezó a cuidar su aspecto, abandonó el desaliño e incluso se volvió atildado. Dejó de frecuentar los bares y garitos en donde se reunía con los famélicos artistas romanos, como el Caffè Michelangiolo, y se asomó a los más aristocráticos salones. Dejó atrás la bohemia y las deudas.

La verdad es que Henrik no lo lamentó mucho. Desde que fue detenido junto con un grupo de estudiantes tenía un pánico cerval a la policía, por lo que sus amigos de la bohemia eran una compañía obligada pero no deseada. Cuando sus ingresos ya adquirieron importancia, Henrik decidió que su hijo Sigurd debía ser educado de forma luteranamente apropiada, algo que parecía difícil en Roma. La familia se trasladó a Múnich.

Henrik no regresaría a su Noruega natal, excepto algún que otro viaje rápido, hasta 1891. Nada más poner el pie en la tierra de sus mayores le empezaron a llover honores, reconocimientos y distinciones. El 23 de mayo de 1906, después de haber sufrido varios derrames cerebrales, la enfermera que le cuidaba le comentó —posiblemente llevada por el prurito profesional, cuando no por la caridad cristiana— que ese día le encontraba muy mejorado. Ibsen se incorporó un poco y respondió con claridad: «Al contrario».

Falleció ese mismo día a las 14.30 horas. Su hijo Sigurd llegó a ser primer ministro de Noruega.

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