Julio César recibió, por lo menos, 23 puñaladas
¿Qué son los Idus de marzo y por qué fue asesinado Julio César?
Así fue el complot que cambió la República por el Imperio en el día de mejores augurios para los romanos
«Cuidado con los Idus de marzo» es una frase que bien se la podrían haber dicho a Maduro o Jamenei a principios de año. Se utiliza como advertencia ante un peligro inminente o una posible traición inesperada que sucederá pronto. Es una manera de decirle a alguien que no se confíe del éxito que está viviendo, porque puede acabar pronto.
Pero el significado original de esta expresión se encuentra en un hecho histórico, cumbre de la historia universal, que cambió el destino de un imperio para siempre. El 15 de marzo del 44 a. C. Julio César fue asesinado, lo que puso fin a la República romana. Ahora bien, ¿qué tiene que ver su asesinato con esta expresión?
Pese a la imagen negativa que tiene la fecha en la actualidad, el Idus de marzo era un día de buenos augurios para los romanos. En el calendario romano, cada mes tenía un idus, aunque solo marzo, mayo, julio y octubre se celebraban el día 15; en el resto caía el 13. En esta historia esto es clave, porque los enemigos de César eligieron esta fecha para realizar su plan como garantía de buenos augurios.
Según cuentan diversas tradiciones, días antes el vidente Espurina advirtió a César de un posible peligro que sucedería justo en los Idus de aquel mes de marzo.
Sea parte de la leyenda o no, 23 puñaladas acabaron con su vida: «quedó manchado de sangre; de manera que parecía haber presidido el mismo Pompeyo al suplicio de su enemigo, que, tendido, expiraba a sus pies, traspasado de heridas, pues se dice que recibió veintitrés», en palabras de Plutarco. Participaron más de sesenta personas en el homicidio, según explica Suetonio, mientras el resto de los representantes del Senado que no habían participado se quedaron congelados, asombrados por la situación y sin que ninguno moviera un dedo para ayudar a su César.
Minutos antes, la sesión ya había comenzado algo agitada, tanto que Julio César tuvo que abrirse paso entre la muchedumbre para llegar a su asiento. Fuera como fuese, el destino del líder de Roma ya estaba escrito. Al entrar en la cámara, los senadores se levantaron «haciéndole acatamiento» y cuando Julio César se sentó «Tulio, cogiéndole la toga con ambas manos, la retiró del cuello, que era la señal de acometerle», según cuenta Plutarco en su crónica.
Muerte de César de Jean-Léon Gérôme
Al instante varios senadores se aproximaron, desenvainaron sus dagas y lo apuñalaron todos juntos. ¿Por qué todos a la vez? Era una forma de garantizar que nadie se arrepentiría en el último momento y «porque entraba en el convenio» que habían acordado previamente.
Viva el Imperio, adiós a la República
Los líderes intelectuales de esta conspiración habían sido Publio Servilio Casca y Marco Junio Bruto, hijo adoptivo de César. Lo que ambos no imaginaron fue el pánico que se extendió por toda Roma durante horas.
El 20 de marzo se realizó el funeral de César, en el que Marco Antonio pronunció su famoso discurso: «Amigos, romanos, compatriotas, escuchadme: he venido a enterrar a César, no a ensalzarlo. El mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien suele quedar sepultado con sus huesos. Que así ocurra con César. Bruto os ha dicho que César era ambicioso: si lo fue, era la suya una falta grave, y gravemente la ha pagado. Fue mi amigo, fiel y justo conmigo; pero Bruto dice que era ambicioso». Es parte del discurso que recreó Shakespeare en su famosa obra dedicada a Julio César.
Sin embargo, se desconocen las palabras exactas que empleó Marco Antonio, aunque sí se sabe el estilo y la escenografía que utilizó gracias a la mezcla de crónicas históricas escritas después por autores como Apiano o Plutarco. En cualquier caso, la muerte de César dio paso a un nuevo periodo político con Octavio Augusto como el primer emperador de Roma.