Andrés Manuel del Río, José Echegaray y Narcís Monturiol

Andrés Manuel del Río, José Echegaray y Narcís Monturiol

Los científicos españoles del siglo XIX que cambiaron la ciencia y casi nadie recuerda

A comienzos del siglo XIX, la ciencia y la tecnología en España sufrieron un brusco retroceso a causa de la Guerra de la Independencia. Aun así, entre conflictos y continuos vaivenes políticos surgieron científicos e inventores que transformaron diversos campos del conocimiento

A pesar de lo convulso del siglo XIX, surgieron en España científicos e inventores con proyección internacional. De la química a la neurociencia y de la ingeniería naval a las matemáticas, estos pioneros transformaron sus disciplinas y dejaron un legado que merece ser recuperado.

El vanadio, un hallazgo español relegado por la historia

Entre los hitos más relevantes del siglo XVIII figura la participación de investigadores españoles en el descubrimiento de dos de los veintiún elementos químicos identificados en esa centuria: el platino (Pt) y el wolframio (W), también llamado volframio o tungsteno. Con el cambio de siglo, la contribución española continuó.

En 1801, el químico y mineralogista Andrés Manuel del Río (1764-1849), entonces afincado en México, identificó en una mena de plomo pardo unas propiedades que no coincidían con ningún elemento conocido. Convencido de que se hallaba ante un nuevo elemento químico, lo bautizó eritronio, del griego erythros (‘rojo’).

Cristales de vanadio

Cristales de vanadio

Sin embargo, sus conclusiones fueron rechazadas por el prestigioso científico prusiano Alexander von Humboldt, quien aseguró que el material no era más que cromo. Poco después, el químico francés Hippolyte Victor Collet-Descotils reforzó esa hipótesis. La comunidad científica no cuestionó estas afirmaciones, por lo que el hallazgo de Del Río quedó relegado.

No fue hasta 1831 cuando Nils Gabriel Sefström demostró que Del Río tenía razón. Se trataba de un nuevo elemento. Aun así, el científico sueco decidió darle otro nombre: vanadio, en honor a la diosa nórdica Vanadís (Freyja), símbolo de belleza y fertilidad. El británico George William Featherstonhaugh, primer geólogo del gobierno estadounidense, propuso llamarlo rionium en homenaje a su verdadero descubridor. Su propuesta cayó en el olvido.

Andrés Manuel del Río, fallecido en la pobreza más absoluta, no solo descubrió el vanadio; fue también descubridor de varias especies minerales. Su figura sigue siendo una de las más injustamente silenciadas de la historia de la ciencia.

El genio polifacético que unió ciencia, teatro y política

José Echegaray (1832-1916) fue una de las figuras más singulares y polifacéticas de la España del siglo XIX. Científico brillante, profesor respetado e intelectual de enorme prestigio, dejó una huella profunda en campos tan diversos como las matemáticas, la física, la literatura, la política y el teatro. De hecho, es considerado el matemático español más relevante de su siglo, con una obra que trascendió fronteras.

Pero su talento no se limitó a las ciencias. Echegaray ocupó escaños como diputado en varias legislaturas y llegó a desempeñar los Ministerios de Fomento y de Hacienda, donde impulsó reformas de gran calado.

Paralelamente, desarrolló una prolífica carrera literaria y teatral. Paradójicamente, fue esta faceta —no la científica— la que terminó otorgándole un lugar en la historia universal, puesto que en 1904 recibió el Premio Nobel de Literatura, un reconocimiento que lo convirtió en el primer español en obtenerlo.

Quienes recuerden los billetes verdes de mil pesetas emitidos en 1971 sabrán que el personaje que aparecía en la parte derecha del anverso era José Echegaray.

Los pioneros españoles del submarino

A mediados del siglo XIX, Narcís Monturiol Estarriol (1819-1885) realizó avances decisivos en la ingeniería submarina. Intelectual, político, ingeniero, inventor y pintor, construyó en 1859 el Ictíneo I, considerado el primer submarino operativo. Aunque su utilidad práctica fue limitada, situó a Monturiol —junto a Cosme García Sáez, Isaac Peral y Antonio Sanjurjo— entre los grandes impulsores de la tecnología submarina a nivel mundial.

En esa misma senda innovadora destacó Isaac Peral y Caballero (1851-1895), militar, ingeniero naval y científico. Brilló desde sus años en la Escuela de Ingenieros de la Armada por su talento y habilidad, participando en diversos proyectos y buscando siempre nuevas soluciones técnicas.

Su mayor legado llegó en 1888 con el submarino Peral, un modelo revolucionario dotado de propulsión eléctrica y un sistema de torpedos autopropulsados. El invento supuso un salto histórico en la guerra naval y en la ingeniería submarina. Con el paso del tiempo se convertiría en un símbolo de innovación y audacia tecnológica.

El padre de la neurociencia moderna

Probablemente la figura más emblemática de este periodo sea Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Médico militar —logró el número seis en las oposiciones al Cuerpo de Sanidad Militar—, es ampliamente considerado el padre de la neurociencia moderna. Su pasión por la histología y la anatomía lo llevó a centrar sus investigaciones en el estudio del sistema nervioso.

A pesar de los escasos recursos y de las dificultades económicas que afrontó, Ramón y Cajal estableció diversas técnicas innovadoras para analizar las células del sistema nervioso. Con ellas demostró que el sistema nervioso está formado por unidades independientes —las neuronas— que se comunican entre sí mediante la sinapsis. Esta idea contradecía la visión dominante, que sostenía que las neuronas formaban un entramado continuo.

Su trabajo revolucionó la biología y abrió las puertas a la neurociencia moderna. En reconocimiento a sus descubrimientos, recibió el Premio Nobel de Medicina en 1906.

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