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El hundimiento del 'Mary Rose', el emblemático buque insignia de la flota del monarca inglés Enrique VIII. Obra de Geoff Hunt

El hundimiento del 'Mary Rose', el emblemático buque insignia de la flota del monarca inglés Enrique VIII. Obra de Geoff Hunt

El 'Mary Rose', el barco hundido que conservó el arma más temida de la guerra medieval inglesa

De los 500 hombres de su tripulación, apenas una treintena sobrevivió. Lo que fue un desastre humano y militar en el siglo XVI acabó convirtiéndose, cuatrocientos años después, en un hito de la arqueología subacuática europea

Botado en 1511, el Mary Rose no era un navío cualquiera. Su construcción respondió al empeño personal de Enrique VIII por modernizar y expandir la marina real inglesa ante la constante amenaza de las potencias continentales, especialmente la vecina Francia.

El buque representaba una transición fundamental en la historia de la ingeniería militar y la guerra naval. Hasta entonces, los combates en el mar consistían principalmente en aproximarse al navío enemigo para el abordaje, luchando cuerpo a cuerpo en las cubiertas. El Mary Rose, por el contrario, fue uno de los primeros barcos diseñados específicamente para portar artillería pesada.

El Mary Rose, obra de Geoff Hunt

El Mary Rose, obra de Geoff Hunt

Sus portas, unas aberturas practicadas en el casco que permitían asomar los cañones, convirtieron a la embarcación en una plataforma de artillería flotante capaz de batir al enemigo a distancia. Durante treinta y tres años, el buque participó con éxito en diversas campañas militares. Su final llegó durante el intento de repeler una masiva flota de invasión enviada por el rey Francisco I de Francia, una armada que superaba en número a la que compondría la célebre Armada Invencible enviada por Felipe II décadas después.

El 19 de julio de 1545, las aguas del estrecho de Solent, frente a la costa meridional de Inglaterra, fueron escenario de una de las mayores tragedias navales de la era Tudor. A la vista del rey Enrique VIII, quien presenciaba los movimientos tácticos desde tierra firme, en el castillo de Southsea, el orgullo de su armada, el buque de guerra Mary Rose, zozobró y se hundió en cuestión de minutos. Los motivos exactos del hundimiento siguen siendo objeto de estudio riguroso.

Los registros históricos y las investigaciones arqueológicas descartan de forma categórica que el buque fuera hundido por fuego enemigo, tal y como reclamó la propaganda francesa de la época. La hipótesis más avalada por la comunidad científica apunta a una combinación de factores tácticos y errores operacionales.

El barco, fuertemente artillado y sobrecargado de tropas pertrechadas para repeler un inminente abordaje, ejecutó una maniobra brusca de viraje. Con las portas de los cañones abiertas, muy cerca de la línea de flotación, el navío escoró. El mar penetró masivamente en la cubierta inferior, sellando el destino de la nave y de los centenares de soldados atrapados en su interior.

Una cápsula protectora sin oxígeno

Tras el naufragio, el casco del Mary Rose se asentó sobre el lecho marino. Con el rápido flujo de las mareas, la mitad de estribor quedó rápidamente sepultada bajo una gruesa capa de lodo sedimentario característico del Solent. Este barro arcilloso actuó de manera providencial para la conservación del patrimonio histórico: creó un entorno hermético y completamente anóxico, es decir, carente de oxígeno.

En condiciones marinas regulares, la madera y los materiales orgánicos son devorados en escasos años por microorganismos, bacterias y el molusco xilófago conocido como «gusano de barco» (Teredo navalis). No obstante, la ausencia de oxígeno provocada por el enterramiento en el fango impidió la proliferación de estos agentes destructores. El lecho del Solent se transformó en una cápsula del tiempo.

El descubrimiento del 'Mary Rose'

El descubrimiento del 'Mary Rose'

Cuando el pecio fue redescubierto en la década de 1970 e izado a la superficie en 1982, en una operación de ingeniería marítima sin precedentes, los arqueólogos no solo recuperaron la estructura de roble: extrajeron más de 19.000 objetos en un estado de conservación excepcional: instrumental médico y quirúrgico, libros, aparejos, calzado de cuero e incluso los restos óseos de la tripulación. Todo había quedado inalterado desde aquel aciago mediodía de 1545.

El secreto desvelado de los arcos largos ingleses

Entre el vasto inventario militar recuperado, un hallazgo obligó a reescribir la historia armamentística: el descubrimiento de 137 arcos largos ingleses (longbows) y más de 3.500 flechas. Hasta el momento de la excavación, el conocimiento sobre el famoso arco largo —el arma que otorgó a Inglaterra victorias decisivas en batallas bajomedievales como Crécy o Agincourt— se basaba casi exclusivamente en crónicas históricas.

No existían ejemplares físicos completos de la época debido a la degradación natural de la madera de tejo. La cápsula anóxica del Mary Rose proporcionó a la ciencia la única armería intacta del mundo.

El primer cofre con arcos largos que se encontró en el 'Mary Rose'

El primer cofre con arcos largos que se encontró en el 'Mary Rose'The Mary Rose Museum

El análisis de estos arcos resolvió el longevo debate histórico respecto a la potencia real del arma. Tras crear réplicas exactas, los expertos demostraron que la fuerza de tensión necesaria para armarlos oscilaba entre los 45 y los 80 kilogramos (100-180 libras de fuerza). Esta formidable potencia evidencia cómo las flechas podían penetrar las cotas de malla y las armaduras de placas de la infantería y la caballería europeas.

El estudio osteológico de los restos recuperados permitió a los forenses identificar quiénes eran los arqueros de a bordo. La exigencia física para tensar armas de tal calibre desde la infancia dejaba graves secuelas anatómicas. Los esqueletos presentaban torsiones severas en la columna vertebral, así como huesos en el brazo izquierdo notablemente más densos y engrosados que los del derecho, producto de la adaptación fisiológica a la brutal tensión del arco.

Hoy en día, el casco estabilizado del navío y su imponente arsenal se exhiben en los astilleros históricos de Portsmouth. El Mary Rose trasciende la mera anécdota de su abrupto final para erigirse como un monumento inestimable de la historia naval y militar de Europa. Su rescate del fango del Solent no solo supuso un triunfo sin precedentes de la arqueología moderna, sino un acto de profunda justicia histórica hacia los cientos de hombres que perdieron la vida al servicio de su nación.

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