Alfred Nobel, retrato de Emil Österman, 1915
Picotazos de historia
Por qué Alfred Nobel creó los premios Nobel tras ser llamado «mercader de la muerte»
Aquel comentario afectó profundamente a Alfred. Que su legado a la humanidad y a la historia fuera visto como de muerte y destrucción fue algo que le descompuso
Alfred Bernhard Nobel (1833-1896) es mundialmente conocido por la creación de los premios «para el mayor beneficio de la humanidad» que llevan su nombre. Estos están financiados por la Fundación Nobel, institución que fue beneficiaria del 94 % de la fortuna del ingeniero, químico y empresario sueco.
Alfred fue hijo de Immanuel Nobel, un ingeniero que inventó el torno rotativo. Ingeniero fue como su padre, pero su invención más conocida fue la dinamita. Este era un explosivo plástico resultante de la absorción de nitroglicerina (inventada en 1865 por el italiano Ascanio Sobrero) por parte de un material sólido poroso.
De esta manera se reducía considerablemente el riesgo de explosiones accidentales, muy elevado con la inestable nitroglicerina.
El origen de esta invención tenemos que buscarlo en la muerte accidental, por manipulación de nitroglicerina, del hermano pequeño de Alfred: Emil Oskar. Este falleció a los veinte años junto con otros operarios de la factoría propiedad de Immanuel Nobel en la población sueca de Heleneborg.
Alfred, junto con sus hermanos Robert y Ludvig, desarrollaron los estudios sobre explosivos y, entre las numerosas patentes que poseían, se encuentran –aparte de la dinamita– la gelignita (gelatina explosiva más potente que la dinamita), la balistita (propelente que no producía humo y que sustituyó a la pólvora negra de los cartuchos por su mayor potencia y evitar la creación de humos delatadores de la posición del tirador), detonadores de explosivos, seda artificial, etc.
Ludvig Immanuel Nobel
Esto le permitió amasar una gran fortuna que se multiplicó con sus inversiones en las empresas químicas, de armamento (fueron propietarios de la empresa Bofors, famosa por sus cañones) y los derechos sobre los campos petrolíferos en Rusia, principalmente en Bakú.
La conocida anécdota que explica el origen de los premios que decidió crear jamás ha sido confirmada, pero ya saben: si non è vero, è ben trovato. El cuento nos dice que, en 1888, Alfred leyó un obituario en un periódico francés. El autor de la necrológica había confundido a Alfred con su hermano Ludvig, quien acababa de fallecer.
Ludvig había inventado los barcos petroleros monocascos y fue el empresario más lúcido de esa notable familia. Esta confusión motivó que el periodista titulara el artículo con un tremendo «El mercader de la muerte ha muerto», para posteriormente deleitarse en enumerar las consecuencias de los explosivos inventados, las municiones y bombas creadas, junto con las armas producidas por su fábrica Bofors.
Esta historia –como les he dicho antes, nunca ha sido confirmada– nos cuenta que leer la necrológica –redactada con muy mala leche– afectó profundamente a Alfred. Que su legado a la humanidad y a la historia fuera visto como de muerte y destrucción fue algo que lo descompuso.
En 1895 redactó y firmó su último testamento, por el cual legaba la práctica totalidad de sus bienes a una fundación que entregaría premios en las categorías de: Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz.
La Fundación Nobel quedó constituida el 29 de junio de 1900, con un consejo de administración formado por cinco ciudadanos suecos o noruegos nombrados entre los fideicomisarios de las instituciones y empresas que formaban parte del conjunto de inversiones, propiedades e intereses de la Fundación Nobel. El presidente sería nombrado por el rey de Suecia a decisión del Real Consejo.
Hoy los premios Nobel tal vez sean los más ampliamente reconocidos y prestigiosos del mundo, pero no han estado exentos de críticas y polémicas. Así, fue muy criticada la concesión del premio de la Paz a la autora austriaca Bertha von Sutten.
Esta señora había sido la secretaria personal de Alfred Nobel durante muchos años –y según las malas lenguas, bastante más que eso– y afirmó que se le había prometido que le darían el primer premio de esa categoría (en 1901). Esta promesa no pudo cumplirse hasta el año 1905, y eso gracias a las fuertes presiones que ejerció uno de los sobrinos de Alfred. Este fue uno de los testigos del testamento y estaba en el consejo de la Fundación, por lo que su influencia era considerable. Se rumoreaba que la señora chantajeó al sobrino con revelar detalles jugosos sobre su relación con el inventor de la dinamita.
En 1930 el premio Nobel de la Paz se concedió al sueco Nathan Söderblom, arzobispo de Upsala y primado de la Iglesia luterana sueca. Por lo visto, la principal circunstancia que le hizo merecedor de tan distinguido galardón y del montante económico que le acompañaba fue haber sido amigo personal y confesor de Alfred Nobel, y, como tal, haberle confortado en sus últimos momentos.
Adolf Hitler fue propuesto para el premio Nobel a la Paz. Para más ironía, la propuesta fue hecha para los galardones del año 1939, el mismo del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Lo más gracioso es que él mismo había prohibido a los ciudadanos alemanes que aceptaran los premios Nobel, debido a que unos años antes se le había concedido al periodista alemán Carl von Ossietzky.
El periodista había revelado al mundo que el Gobierno alemán estaba llevando a cabo una política de rearme clandestino, violando todas las cláusulas de los tratados de Versalles. La concesión se dio al periodista cuando este era un preso convicto y confeso que cumplía su pena en prisión.
En 1974 el jurado encargado de la concesión del premio Nobel de Literatura otorgó el galardón a dos de sus propios miembros: los escritores Eyvind Johnson y Harry Martinson. Estos dos miembros del jurado eran unos distinguidos autores a quienes no conocía nadie fuera de su Suecia natal. Se les consideró por encima de otros escritores propuestos como Graham Greene, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, etc. Se pueden imaginar la que se organizó.
A lo largo de sus 125 años de vida –el primer premio Nobel se entregó el 10 de septiembre de 1901– se han entregado unos 650 premios a unas 1.030 organizaciones y personas de todo el mundo.