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Un BMR-600 del Ejército de Tierra de España en Irak

Un BMR-600 del Ejército de Tierra de España en Irak

La batalla de Nayaf, el heroico combate de las tropas españolas en Irak

Hace ahora 22 años, un grupo de milicianos del ejército del Mahdi —seguidores del líder radical Muqtada al-Sadr— atacó la base española «Al Ándalus», emplazada en Nayaf (Irak). La actuación de los militares españoles destacó por su firmeza y coordinación bajo fuego enemigo

4 de abril de 2004. Nayaf amanece envuelta en una calma tensa. Las patrullas españolas recorren las calles entre miradas que no son las habituales. Abundan los gestos de rechazo y los carteles en apoyo al clérigo chií Muqtada al-Sadr. Reciben incluso alguna pedrada.

A las 11:50 h suenan algunos disparos aislados. Todo indica que ha comenzado una manifestación en protesta por la detención de Mustafa Yacubi, mano derecha de al-Sadr. Pero un soldado español, apostado sobre un BMR (Blindado Medio sobre Ruedas), observa cómo un grupo de iraquíes —algunos de ellos policías— corre hacia la base. Los españoles montan sus fusiles y les ordenan tirarse al suelo. Los iraquíes obedecen, aunque visiblemente atemorizados. Uno de ellos muestra la tarjeta que lo identifica como intérprete del contingente español. Buscan refugio dentro de la base militar española.

Comienza en ese momento un intenso tiroteo sobre la base española.

Brigada Plus Ultra

Tras la caída del régimen de Sadam Hussein en 2003, Irak entró en una fase de profunda inestabilidad. El 13 de julio se constituyó el Consejo de Gobierno Iraquí, primer órgano destinado a reorganizar el país bajo tutela internacional. Un mes más tarde, la ONU aprobó la resolución 1483 —promovida por Estados Unidos, Reino Unido y España— que autorizó el despliegue de una misión internacional para apoyar la reconstrucción del país.

España asumió un destacado papel. A finales de agosto de 2003 desplegó la Brigada Plus Ultra I, repartida entre la base «España», en Diwaniya, y la Base «Al Ándalus», en Nayaf. A finales de año, la unidad fue relevada por la Brigada Plus Ultra II, integrada por unos 1300 militares españoles procedentes del Grupo de Operaciones Especiales «Caballero Legionario Maderal Oleaga» XIX, del Regimiento de Caballería Ligera Acorazada «Farnesio» n.º 12, del Regimiento de Infantería Mecanizada «Saboya» n.º 6 y de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, además de unidades de ingenieros, transmisiones y apoyo logístico. A ellos se sumaban cerca de 1100 efectivos de Honduras, El Salvador y la República Dominicana.

Pero la misión se vio sacudida por los acontecimientos políticos en España. Las elecciones generales celebradas tres días después de los sangrientos atentados del 11‑M dieron la victoria al PSOE. Nada más llegar al poder, José Luis Rodríguez Zapatero dispuso el repliegue de las tropas españolas desplegadas en Irak.

Sin embargo, antes de su retorno, el contingente español vivió en Irak uno de los enfrentamientos más intensos de la historia de España.

Comienza el combate

En respuesta a la agresión de los partidarios de al-Sadr, las fuerzas españolas abren fuego desde sus posiciones. En ese momento es ya patente que las milicias del ejército del Mahdi están lanzando un ataque a gran escala contra «Al Ándalus».

La situación es crítica. De los cuatro BMR que dan seguridad a la base, sólo uno tiene operativa la ametralladora pesada de 12,70 mm. Los tiradores selectos españoles se posicionan en las alturas para contribuir a detener el avance enemigo. Sin pérdida de tiempo, dos Vehículos de Exploración de Caballería (VEC) —blindados dotados de un cañón M-242 Bushmaster de 25 mm— se dirigen a reforzar la puerta principal, donde se concentra el asalto.

Aparece de pronto una furgoneta blanca avanzando a gran velocidad hacia la base. De ella descienden varios hombres que, a pecho descubierto, abren fuego contra las tropas españolas. Uno de los VEC dispara tres o cuatro proyectiles de su cañón de 25 mm. La furgoneta estalla en pedazos. Pero la agresión no cesa. Desde la cabina de un camión enemigo se realiza fuego intenso; el blindado dispara tres veces y la posición queda silenciada. Sin solución de continuidad, un proyectil de RPG —granada propulsada por cohete— pasa rozando uno de los VEC. Acto seguido, llegan cuatro o cinco más. Aunque temerarios e inexpertos, los atacantes pueden causar estragos entre las filas españolas.

Desde un edificio frente a la base vuelven a abrir fuego. Varias ráfagas de 25 mm perforan la fachada y el hostigamiento cesa. Otro grupo de iraquíes intenta avanzar protegido tras una furgoneta, pero el resultado es idéntico. El vehículo queda desintegrado por los disparos de los blindados españoles.

Tras más de dos horas de combate, la intensidad disminuye. Los VEC han infligido daños severos y desde las azoteas los tiradores de élite españoles continúan abatiendo objetivos. Pero la situación sigue siendo incierta; el mando ordena el racionamiento de la munición ante el riesgo de que la base española quede aislada.

Llegan refuerzos

Hacia las 14 h, dos helicópteros de ataque Apache aparecen en el cielo. El ruido de sus rotores y la contundencia de su fuego elevan la moral de los sitiados. Poco después aterrizan tres helicópteros Black Hawk con una treintena de Rangers estadounidenses, seguidos por otros tres aparatos Defender negros con contratistas de seguridad privada.

En medio de la confusión, un grupo de soldados salvadoreños sale de la base por su cuenta y riesgo para socorrer a un grupo de compatriotas —instructores de la policía iraquí— que han quedado aislados en plena ciudad. Se habían refugiado en el edificio del Cuerpo de Defensa Civil Iraquí cuando comenzó la insurrección.

Ante esta situación, el mando español decide desplegar varios BMR para abrirse paso por las calles de Nayaf y rescatar a los centroamericanos, una operación realizada bajo intenso hostigamiento insurgente. Los blindados españoles logran romper el cerco y llegar al edificio. Evacuan en dos rotaciones a todos los sitiados, incluidos varios heridos y un fallecido. La acción conjunta está marcada por el combate cuerpo a cuerpo y el fuego cercano.

Al caer la tarde llegan refuerzos: blindados españoles procedentes de Diwaniya, una unidad ANGLICO —unidad del Cuerpo de Marines de Estados Unidos especializada en apoyo de fuegos y enlace con fuerzas aliadas— y un camión de munición.

El combate se prolonga de forma intermitente durante varias horas, aunque la intensidad del fuego va disminuyendo gradualmente hasta quedar reducida a unas pocas ráfagas aisladas.

Un acto de valor que perdura

Los militares españoles repelieron un ataque que se prolongó durante más de seis horas, sin sufrir bajas y protagonizando varias acciones heroicas bajo fuego enemigo constante.

La dureza del enfrentamiento y la respuesta del contingente llevaron a que tres militares fueran condecorados con la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, la máxima distinción que reconoce actos de valor en situaciones de combate. Aunque debieron ser concedidas muchas más.

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