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Joseph Haydin, profesor de Beethoven, amigo y mentor de Mozart

Joseph Haydn, profesor de Beethoven, amigo y mentor de MozartWikimedia Commons

Los constantes traslados del cráneo del compositor Joseph Haydn

Tras su fallecimiento en 1809 unos aficionados a la fenología robaron el cráneo del músico, dando paso a años de vueltas continuas hasta 1954

El 31 de mayo de 1809, y tras una larga y penosa enfermedad, falleció en Viena el compositor Joseph Haydn (1732 – 1809). Padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda, profesor de Beethoven, amigo y mentor de Mozart. Estos son títulos que muy poca gente puede llegar a igualar y que abren por derecho propio a la figura de Haydn las puertas de la historia.

La muerte de Haydn coincidió con los revueltos tiempos en los que Viena estuvo sitiada y ocupada por las tropas napoleónicas. No tiene nada de extraño que el entierro fuera apresurado y discreto. Once años después de estos hechos el príncipe Nikolaus II Esterhazy mantuvo una conversación con Adolfo Federico, duque de Cambridge y príncipe de la Gran Bretaña. Este último habló con gran entusiasmo del compositor austriaco, quien había sido maestro de capilla y dirigido la orquesta del propio príncipe húngaro, ya que Haydn había estado al servicio de la casa de Esterhazy. Nikolaus II decidió que ya era hora de que mostrar atención a quien tan bien le había servido poniendo remedio al desconsiderado olvido.

Ese año de 1820 el príncipe dio orden de que se exhumaran los restos de Joseph Haydn y se trasladaran a la iglesia de Bergkirche, en la ciudad de Eisenstadt donde se encontraba la ancestral residencia de la familia, para ser enterrados en una capilla que se le había asignado.

Los operarios del cementerio que llevaron a cabo la exhumación se llevaron una desagradable sorpresa al abrir el ataúd. ¡El cráneo había desaparecido! Donde debería haber estado la cabeza solo había una peluca polvorienta.

Más tarde se sabría que dos melómanos empedernidos y apasionados de la frenología (pseudo ciencia ideada por Franz Joseph Gall a principios de ese siglo XIX que postulaba que se podía determinar el carácter y rasgos de la personalidad por la forma del cráneo, cabeza y rasgos faciales) habían sobornado a los sepultureros para llevarse la cabeza del Haydn.

El delito se perpetró el día 4 de junio y los responsables de tamaña barbaridad fueron Joseph Carl Rosenbaum, antiguo secretario del príncipe Esterhazy y Johann Nepomuk Peter, alcaide de la prisión provincial de la Baja Austria. La cabeza estaba en un avanzado estado de descomposición y hedía terriblemente, por lo que el pobre Rosenbaum, a pesar de su entusiasmo y adoración por el músico, se pasó todo el trayecto, desde el cementerio al hospital de Viena, con la cabeza fuera de la ventanilla del coche de caballos y vomitando como un poseso.

Una vez en el hospital, y el pobre Rosenbaum repuesto con un buen cognac, descarnaron y maceraron el cráneo. Tras algo más de una hora de profundo estudio llegaron a la conclusión que la zona rectora de la sensibilidad artística estaba muy desarrollada.

Una vez satisfecha la curiosidad Peter se quedó con el cráneo que ocupó –incluso con una urna especialmente construida– un lugar de honor en su colección. Peter regaló su colección, cráneo de Haydn incluido, a su querido amigo Rosenbaum. Este falleció en 1829 y ordenó, por manda testamentaria, que se devolviera la colección a Peter. Pero es que para entonces el objeto en cuestión era un tema delicado.

Como les conté antes en 1820 el príncipe Nikolaus II Esterhazy, gracias a la conversación con el duque de Cambridge, fue consciente de que había sido negligente con los restos del compositor y puso remedio. Claro, cuando los operarios encargados de la exhumación le contaron que el cráneo del difunto había desaparecido, no le hizo maldita gracia. Se organizó un follón tremebundo.

Pronto se identificaron a los supuestos culpables, pero el registro de las casas de ambos resultó infructuoso. Cuentan las malas lenguas que en ese momento tenía el cráneo el señor Rosenbaum que lo escondió bajo el colchón de la cama de su esposa –la cantante Therese Gassmann a cuyo matrimonio había ayudado el propio Haydn– mientras esta permanecía dentro afirmando estar indispuesta.

Los registros resultaron infructuosos pero ante las presiones Rosenbaum decidió ofrecerle un cráneo al príncipe. Y le entregó uno que tenía en su propia colección afirmando que era el de Joseph Haydn. Nikolaus II Esterhazy podía ser muchas cosas –manirroto, obseso sexual, etc– pero tonto no lo era. Sabía que le estaban dando gato por liebre pero tras el fracaso de los registros legalmente no podía hacer nada. Aceptó el cráneo sabiendo que no tenía garantía ni seguridad, lo colocó dentro del ataúd y depositó este, con los que contenía, en la capilla que había arreglado. Pero estaba decidido a esperar el momento oportuno.

Pasó el tiempo y, como les relaté antes, el cráneo volvió a manos de Peter y allí permaneció hasta que años después le fue entregado al célebre doctor en medicina Carl von Rokitansky. Este era un reconocido patólogo. El doctor estaba casado con la cantante María Anna Weiss, que había sido alumna de Antonio Salieri (quien no asesinó a Mozart). El cráneo estuvo en posesión de la familia hasta que fue donado por la viuda a la Asociación de Amigos de la Música en 1895.

El cráneo permaneció custodiado por esta insigne institución, fundada en 1812 por un amigo personal de Ludwig Van Beethoven. De vez en cuando era mostrado con orgullo a los escasos privilegiados a los que se concedía tal honor. En 1932 el entonces jefe de la familia Esterhazy, príncipe Paul, había terminado un hermoso mausoleo de mármol, que había hecho construir en la capilla de la iglesia de Bergkirche, con idea de que contuviera los restos de Joseph Haydn. Con este motivo reinició un viejo pleito y reclamó a la Asociación la restitución del cráneo robado. Se inició un lento y farragoso proceso, ya que no todos los directores y juntas de la Asociación estaban a favor de entregar su mayor motivo de orgullo. A esto hay que sumar los posteriores sucesos –entre ellos una guerra mundial– que hizo que la decisión se aplazara indefinidamente.

En 1954 el cráneo de Haydn fue trasladado, en solemne procesión y con todos los honores, desde la sede de la Asociación en Viena hasta el mausoleo preparado por los Esterhazy en la capilla de Haydn en la iglesia de Bergkirche de Eisenstadt. Una vez dentro de la cripta se abrió la tumba y el féretro y, reverentemente se depositó el cráneo en el interior. Se cerró el ataúd y se sello la tumba.

Todo se llevó a a cabo con dignidad y precisión. Pero… había un pequeño detalle. Rosenbaum apremiado por las amenazas del príncipe había entregado un cráneo que no era. El príncipe Nikolaus II sabía que le estaban engañando pero no podía demostrar nada ni legalmente seguir exigiendo tras el fracaso del registro y aceptó el cráneo que deposito dentro del ataúd. Nadie había quitado ese cráneo espureo así que, hoy, dentro del hermoso enterramiento de mármol que glorifica al compositor, junto a los restos del cuerpo hay dos cráneos para una sola peluca.

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