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John Boyd Dunlop, inventor del primer neumático con cámara de aire

John Boyd Dunlop, inventor del primer neumático con cámara de aire

Picotazos de historia

El accidente que dio origen a una de las industrias más ricas del planeta: así nació el neumático moderno

Charles Goodyear fue un químico autodidacta, que tuvo una vida intensa y que se obsesionó con la resolución de un problema

Si saliéramos a la calle a preguntar a los viandantes que nos dijeran dos marcas de neumáticos, la mayoría de ellos contestarían Goodyear y Dunlop. No cabe duda de que son las más conocidas y también de que el origen de ambas tiene que ver con el caucho.

La última de las mencionadas, la marca Dunlop, hace referencia a John Boyd Dunlop (1823-1921). Este señor era un veterinario que ejercía en la ciudad de Belfast. Para evitar el traqueteo del triciclo de su hijo, al circular sobre el empedrado de la ciudad, ideó el primer neumático inflable. Dunlop patentó el invento sin ser consciente de que el neumático con recámara ya había sido inventado. En 1847, el británico Robert William Thompson, que había ideado la manera de detonar explosivos por medio de la electricidad y había mejorado la máquina secadora de ropa de doble rodillo, patentó un neumático con cámara inflable en su interior.

John Boyd Dunlop

John Boyd Dunlop

Thompson no se aprovecharía de su invento, pero pasaría a la historia por la invención de un objeto práctico y elegante: la pluma estilográfica.

Volviendo al señor Dunlop —de quien pueden encontrar una fantástica fotografía de 1915 que le muestra, barba al viento, pedaleando como un loco sobre una bicicleta que lleva sus neumáticos—, este acabaría asociándose con el financiero Harvey Du Cros y creando la empresa Neumáticos Tyre, que a principios del siglo XX pasaría a llamarse Dunlop Rubber. Hoy, Dunlop Ltd. es una multinacional británica dedicada a la fabricación de diversos productos de caucho. En sus inicios, el principal producto que vendían no eran neumáticos, sino mangueras.

Un trabajador de la recién inaugurada fábrica de Dunlop en Cork, cortando caucho para neumáticos (1935)

Un trabajador de la recién inaugurada fábrica de Dunlop en Cork, cortando caucho para neumáticos (1935)

La otra marca de neumáticos mencionada antes, en primer lugar, es Goodyear. Este es el nombre que le dio a la empresa su fundador, Frank Seiberling. Este empresario fundó la compañía en el año 1898 en Ohio (Estados Unidos) para la fabricación de neumáticos. La misma empresa crearía y comercializaría los neumáticos desmontables y extraíbles. Pues bien, Seiberling quiso homenajear al inventor de la vulcanización, Charles Goodyear, y eligió llamar a su empresa con el apellido del inventor.

Charles Goodyear fue un químico autodidacta, que tuvo una vida intensa y que se obsesionó con la resolución de un problema. Estaba entonces de moda un exótico producto llamado caucho (con dos variantes: el hule en Sudamérica y la gutapercha en la zona de Malaya) o goma natural. Este material era conocido en España desde el siglo XVII como goma o hule y era utilizado para impermeabilizar prendas y para borrar las marcas de los lapiceros sobre el papel (goma de borrar).

Pues bien, el caucho era un material que no podía ser aprovechado debido a lo pegajoso que resultaba; aun así, ofrecía muchas posibilidades de uso práctico. Charles Goodyear se propuso encontrar la manera de eliminar el grado de viscosidad y pegajosidad del caucho que lo hacía inadecuado prácticamente para todo.

Charles Goodyear

Charles Goodyear

Goodyear llevaba años trabajando en resolver el problema del caucho. Tanto se había obsesionado que, por culpa de ello, su mujer y sus hijos pasaron verdaderas privaciones. Llegaron a cazar ranas para comerlas, desenterraban patatas medio congeladas para poder sobrevivir. Incluso comieron ratas. Las penurias que pasaron costaron la vida a dos de sus hijos, y esto fue algo que Goodyear jamás se perdonó.

Una fría mañana de febrero del año 1839, Charles estaba trabajando en su taller. Inadvertidamente dejó caer unas muestras sobre la estufa que caldeaba la habitación. Estas eran unas que había mezclado con azufre.

Concentrado como estaba en su trabajo, no se percató de lo sucedido hasta que el humo y el olor le avisaron de que algo ocurría. Al retirar las muestras quemadas, Goodyear observó que estas no se habían fundido. Al contrario, parecían haberse carbonizado lentamente y, en el proceso, haber adquirido un aspecto parecido al cuero.

Cogió las muestras y las dejó a la intemperie para que se enfriaran, olvidándose del asunto. Al día siguiente fue a comprobar el estado de las accidentadas muestras y se encontró con que el caucho había perdido su viscosidad, la característica más molesta que tenía. El nuevo material seguía siendo elástico y flexible, incluso más que antes, pero había perdido la molesta viscosidad.

Charles Goodyear había descubierto que, si se agregaba azufre al caucho y se sometía esta mezcla a una temperatura por encima de su punto de fusión para, posteriormente, proceder a un enfriado rápido del producto, tenía lugar una estabilización de las propiedades del caucho. El resultado de este proceso abría un sinfín de posibilidades comerciales. El nuevo producto, tras el proceso señalado, adquiría unas mayores propiedades elásticas. Goodyear pudo comprobar que el nuevo caucho, tras el proceso, podía estirarse hasta alcanzar varias veces su tamaño sin por ello romperse ni deformarse.

El inventor llamó al proceso que alteraba las propiedades del caucho vulcanización, registrándolo en el registro de patentes con fecha de 24 de febrero de 1839.

Charles Goodyear falleció el 1 de julio de 1860. Había viajado a Nueva York para pasar los últimos momentos con su hija moribunda. Ya se ha comentado antes el amargo reproche que se hacía el inventor con respecto a cómo había tratado a su familia. Cuando llegó, le informaron de que era demasiado tarde, de que su hija había fallecido hacía apenas una hora. La impresión fue más de lo que pudo soportar. Se desplomó allí mismo, falleciendo pocas horas después.

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