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Descubrimiento de Brasil

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Picotazos de historia

La increíble vida de Duarte Pacheco Pereira: de héroe en la India a morir en la pobreza

Se cree que, tras la firma de este tratado de Tordesillas, el rey Manuel I encargó a Pacheco que llevara a cabo un viaje secreto que conseguiría alcanzar las costas de Brasil. Según esta teoría, Álvares Cabral, hasta ahora tenido como descubridor de Brasil, habría navegado siguiendo las directrices de Pacheco

En un anterior artículo les hablé a ustedes de la victoriosa defensa de la ciudad india de Cochín por Duarte Pacheco Pereira, a quien habían nombrado gobernador del fuerte y de la factoría portuguesa que en ese reino tenían los portugueses. Este, con una notable inteligencia y valor, había logrado la victoria contra unas fuerzas enemigas muy superiores.

Ahora me gustaría hablarles de este primo nuestro, y es que todos los portugueses son primos hermanos nuestros. Como decía su poeta nacional, Camões: «Castellanos y portugueses, que españoles todos somos».

Su abuelo fue Gonzalo Pacheco, tesorero real en Ceuta, y su padre, João Fernandes Pacheco, quien murió combatiendo contra la morisma en esta plaza.

Duarte Pacheco Pereira

Duarte Pacheco Pereira

Nace Duarte en Lisboa en el año 1460, estudió en la universidad y fue miembro de la casa del rey Juan II de Portugal. Durante los siguientes años llevó a cabo varios viajes de exploración y, para 1490, recibía una pensión real como cosmógrafo y su reputación como cartógrafo y navegante era grande. Fue uno de los firmantes del Tratado de Tordesillas de 1494 en calidad de «servidor del rey».

Se cree que, tras la firma de este tratado, el rey Manuel I encargó a Pacheco que llevara a cabo un viaje secreto que conseguiría alcanzar las costas de Brasil. Según esta teoría, Álvares Cabral, hasta ahora tenido como descubridor de Brasil, habría navegado siguiendo las directrices de Pacheco.

Todo este asunto es confuso y el propio texto de Pacheco, Esmeraldo de situ orbis, en el capítulo segundo, hace mención a un viaje que le encargó el rey y que realizó en 1498. Durante el viaje, y estando a 28º de latitud sur, encontró «mucho y fino brasil».

Así era como se conocía a una madera preciosa de muy difícil obtención y cuya procedencia venía del misterioso Oriente, pero que se descubrió que era muy abundante en la costa sur de Brasil. De ahí su nombre original: Tierra del Palo Brasil.

En 1503 formará parte de la flota comandada por Afonso de Albuquerque con destino a la India. Capitán-piloto, al mando de uno de los navíos de la flota y con la confianza de su almirante, fue nombrado gobernador de las posesiones portuguesas en Cochín y alcaide del fuerte Manuel.

Duarte había sido una de las primeras personas en estudiar la relación entre las fases lunares y las mareas (pleamar y bajamar). Esta capacidad de predecirlas le sería de muchísima utilidad durante la defensa de Cochín, al poder calcular las horas de las mareas en los canales.

Ya les conté a ustedes cómo fue la ardua defensa que realizó contra el ejército del zamorin de Calicut y de su casi milagrosa victoria. Milagrosa por lo escaso de sus bajas —no tuvo muertos frente a la escabechina que sufrieron sus enemigos— y la desproporción de fuerzas en relación con los de Calicut.

Después de esta hazaña, fue nombrado capitán general de la Armada y virrey gobernador de la costa de Malabar, que se extiende por la parte suroeste del subcontinente indio. En 1505 fue enviado de vuelta. Su regreso a Lisboa fue triunfal. La corte le recibió como a un héroe y el rey Manuel I le otorgó un nuevo escudo de armas.

En noviembre de 1508, el pirata francés Pedro de Mondragón capturó la nave Santa Ana, propiedad de Job Queimado, que hacía el tornaviaje desde Brasil. Fue el primer caso de una nave capturada, mientras hacía la Carrera de las Indias —así se llamaban las rutas que, partiendo desde la península ibérica, unían comercialmente los dos extremos del océano Atlántico—, a manos de un pirata europeo.

Se encargó a Duarte Pacheco poner fin a la carrera delictiva de este individuo. Dio con el bergante a la altura del cabo de Finisterre. El 19 de enero de 1509 hundió una de las naves piratas y capturó las otras tres que tenía, incluyendo al propio Pedro de Mondragón, para que fuera ejecutado en Lisboa.

Como recompensa fue nombrado gobernador del fuerte y factoría de San Jorge de Mina —actual ciudad de Elmina, en Ghana—. Este era el principal referente y puerto en la costa de Guinea y base para la expansión de Portugal por el sur del continente africano. Era un cargo de mucha responsabilidad y muy lucrativo por ser la principal fuente de oro de Portugal. Y este fue el principio del fin del pobre don Duarte.

Tantos y tan brillantes logros: científicos, cartográficos, marineros, militares, etc., resultaban demasiado rotundos, difíciles de tragar para algunos. Eran logros demasiado brillantes y los mediocres y envidiosos no podían soportarlo. En su texto —el Esmeraldo— ya lo dice: «...pues habiendo recibido injurias y males por parte de hombres que nada hacen y solo saben morder».

Fue relevado de su cargo y trasladado a Lisboa, donde tuvo que hacer frente a la acusación de malversación y responder ante otras más vagas como «mirar más por el enriquecimiento personal y de su familia que del buen gobierno de la hacienda del rey». Preventivamente, le fueron confiscados bienes y hacienda, por lo que tanto él como su familia se encontraron en indigna pobreza.

Con todo, consiguió probar su buen hacer frente a las acusaciones y fue absuelto, recibiendo 300 cruzados —moneda de oro parecida al ducado y que tenía un valor de 319 reales durante el reinado de Manuel I—. Este era un adelanto del valor de las posesiones que le habían sido embargadas durante la duración del proceso. Resultó ser el único dinero que recibiría por la pérdida de todo cuanto tenía.

Aunque había sido exonerado completamente, sus enemigos habían acabado con él. Había perdido cargos y rentas, se encontraba completamente desacreditado frente a la Corona por parte de unos enemigos que desconocía y de los que no podía defenderse. Se vio obligado a pleitear contra la Real Hacienda de la Corona para la devolución de su patrimonio. Esta misma Real Hacienda tenía retenidos los pagos de la pensión, a la que tenía derecho como cosmógrafo real, desde el inicio de las acusaciones.

Duarte Pacheco Pereira falleció en Lisboa durante los primeros meses del año 1533. Murió solo, rechazado por amigos y conocidos y en medio del abandono y de la pobreza. Este aventurero, científico, navegante y militar superó toda adversidad menos la mezquindad de quienes le rodeaban. ¿No me negarán que hay un regusto muy familiar que nos recuerda a casa en la vida de este portugués?

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