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Una de las piezas del pecio encontrado en la Plaza Nueva hace 45 añosMuseo Arqueológico de Sevilla

Sevilla investiga en 3D el único barco andalusí del siglo XI hallado en la península Ibérica

Una investigación analiza en 3D las 400 piezas metálicas y de madera de la barcaza andalusí hallada en 1981 bajo Plaza Nueva, clave para conocer la Sevilla fluvial del siglo XI

Hace 45 años, en junio de 1981, las obras preliminares para construir el Metro de Sevilla en la Plaza Nueva sacaron a la luz un hallazgo excepcional. En el interior de un gran pozo excavado durante aquellos trabajos aparecieron los restos de una embarcación de madera fechada en el siglo XI, de unos siete metros de longitud, y, bajo ella, un ancla de forma cruciforme. Ambas piezas, junto al conjunto de fragmentos recuperados entonces, son ahora objeto de una nueva investigación especializada.

Los restos permanecieron durante décadas bajo custodia del Museo Arqueológico de Sevilla y, posteriormente, del Centro Logístico de Patrimonio Cultural de Andalucía (CLPC). A principios de la década pasada fueron estudiados, limpiados y catalogados por el arqueólogo Carlos Cabrera Tejedor.

En total, el conjunto reúne unas 400 piezas metálicas y de madera que, en la actualidad, están siendo analizadas mediante técnicas de fotogrametría y modelaje en 3D, herramientas que permiten documentar con mayor precisión su forma, sus características constructivas y su estado de conservación.

Según ha informado la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en una nota, los trabajos están siendo desarrollados por la investigadora Marta del Mastro Ochoa. La intervención se enmarca en un proyecto financiado por el Institute of Nautical Archaeology (INA), de la Universidad de Texas (Texas A&M), y coordinado de manera conjunta por la propia Del Mastro, por Carlos Cabrera Tejedor y por el profesor John P. Cooper.

La consejera de Cultura, Patricia del Pozo, ha destacado la relevancia de esta investigación, a la que se ha referido como un trabajo «de gran interés social y patrimonial». La importancia del proyecto radica en que se trata de los únicos restos de un pecio andalusí del siglo XI localizados en todo el registro arqueológico europeo.

A su juicio, estos estudios contribuirán «a ampliar el conocimiento de estos bienes, siendo claves para el desarrollo de estrategias innovadoras que implementen su protección y contribuyan a su difusión entre todos los andaluces».

La recuperación de la embarcación en 1981 estuvo marcada por la urgencia y por la dificultad del contexto en el que apareció. Desde el Museo Arqueológico han recordado que «Más que una excavación fue un rescate». La extracción ha sido descrita como «casi milagrosa», debido a los complicados condicionantes de unos trabajos realizados prácticamente sin margen de reacción. Los especialistas del museo tuvieron que bajar al pozo para recuperar todos los elementos que habían quedado al descubierto durante la obra.

En aquella intervención se extrajeron al menos 400 fragmentos de distinto tamaño, muchos de ellos en buen estado de conservación. Ese conjunto corresponde aproximadamente al 30 % de la embarcación original, ya que más de la mitad del pecio quedó oculta y sepultada al otro lado del perfil del pozo abierto para las obras del metro.

La mayor parte de las piezas de madera recuperadas pertenecen al casco externo y a los armazones internos de la barcaza. Junto a esos restos también se localizaron varios materiales cerámicos y un ancla que correspondía a una embarcación distinta, lo que añade más interés al contexto arqueológico en el que se produjo el hallazgo.

Carlos Cabrera Tejedor estableció el origen andalusí de la nave y su cronología tras la realización de pruebas de radiocarbono. Según determinó, la embarcación «probablemente fue construido y utilizado durante la segunda mitad del siglo X o el primer cuarto del siglo XI, último período en el que el antiguo cauce del Guadalquivir era navegable».

El arqueólogo considera que pudo tratarse de «un barco ligero o de servicio, aproximadamente de siete metros de eslora por dos metros de manga, utilizado para transportar mercancías desde barcos más grandes, anclados en el Guadalquivir». Esa interpretación sitúa la barcaza dentro de la actividad portuaria y comercial de la Sevilla andalusí, en un momento en el que el río seguía teniendo un papel esencial para el tráfico fluvial.

Por su parte, Marta del Mastro Ochoa ha señalado que el análisis actual de las cuadernas conservadas está aportando datos relevantes sobre el proceso de construcción de la nave. De acuerdo con sus conclusiones, se trataba de una barcaza fabricada en el entorno local por carpinteros de ribera, lo que permite vincular directamente el pecio con las técnicas navales empleadas en la zona.

La investigadora ha subrayado además la singularidad del hallazgo. Según ha indicado, «el hallazgo y conservación de la barcaza de la Plaza Nueva es un prodigio de la arqueología sevillana porque es la única embarcación de periodo andalusí, concretamente del siglo XI, que se conoce en la península Ibérica».

Del Mastro ha ido incluso más allá al valorar su importancia dentro del ámbito mediterráneo. «Me atrevería a decir que, de hecho, es la única del Mediterráneo, porque solo se han descubierto dos más en Marsella, aunque en muy mal estado, siendo la de Sevilla la única hallada en su contexto social y local, construida por carpinteros de ribera locales y en una zona de tráfico fluvial», ha precisado.