Richard Kagan durante la entrevista con El Debate
Entrevista a Richard Kagam historiador estadounidense
Richard Kagan: «Estados Unidos construyó su relato nacional diluyendo la ayuda española»
El historiador estadounidense defiende que el peso de la herencia hispana obligará a Estados Unidos a revisar su relato fundacional: «Mi hijo y mi nieto van a aprender una historia del país muy diferente»
En Estados Unidos predomina un relato incompleto de su historia. Una historia en la que, de manera deliberada, se ha omitido y diluido el relevante y crucial papel de España en la independencia y consolidación del país.
Esta visión sesgada se consolidó en libros de texto, universidades y relatos patrióticos hasta convertirse casi en doctrina. «Las corrientes historiográficas que existen en Estados Unidos son muy difíciles de cambiar», advierte el célebre historiador estadounidense Richard Kagan ante las cámaras de El Debate.
Una narrativa cómoda
Sin embargo, el profesor emérito de la Universidad Johns Hopkins sostiene que no se trató tanto de negar hechos —porque la ayuda militar, financiera y estratégica española está documentada— como de construir una narrativa nacional cómoda para la joven república norteamericana.
«La historia es lo que ocurrió, pero también lo que los historiadores dicen que ocurrió», resume. Y en esa segunda batalla, la del relato, España quedó relegada a una nota al pie.
Kagan recuerda que la participación española fue decisiva en varios frentes de la guerra. «Hubo apoyo fiscal y militar, público y secreto, batallas ganadas por los españoles como [Bernardo de] Gálvez en Pensacola», explica. A su juicio, todas esas acciones «fueron fundamentales para terminar la guerra de independencia norteamericana».
Pero apenas unos años después de la independencia, comenzaron a aparecer las primeras historias oficiales del conflicto escritas desde una óptica anglosajona y protestante. «Había una cierta reticencia por parte de los historiadores norteamericanos» a reconocer la importancia de España, explica. Aquellas élites intelectuales de Nueva Inglaterra observaban a la monarquía española como «un país todavía monárquico», asociado a «la Inquisición», atrasado y contrario a los ideales ilustrados.
«Ellos pensaban: 'Sí, España nos ayudaba, pero vamos a disminuir la importancia'», afirma. En este sentido: «Estados Unidos construyó su relato nacional diluyendo la ayuda española»
Un sesgo anticatólico
Este prejuicio cultural terminó cristalizando en el relato fundacional estadounidense. Según explica, no fue necesariamente un rechazo político contra España, sino un sesgo profundamente religioso e ideológico: «No fue necesariamente antiespañol, más bien anticatólico», sentencia.
Para aquellos primeros cronistas estadounidenses, España representaba exactamente lo contrario de los ideales ilustrados con los que la nueva nación quería identificarse: monarquía, catolicismo, conservadurismo y persecución religiosa.
Richard Kagan durante la entrevista con El Debate
Un ejemplo de ese proceso de borrado progresivo es el de Bernardo de Gálvez. En 1783, el Congreso estadounidense llegó a exhibir un retrato suyo en reconocimiento por su ayuda como «amigo de Estados Unidos». Pero años después, cuando la capital federal se trasladó de Filadelfia a Washington, aquella pintura desapareció. «Es un emblema, un símbolo del olvido. O del intento de borrar la historia de España en la guerra», lamenta.
Aunque en los últimos años Washington ha tratado parcialmente de reparar ese vacío —el profesor menciona la incorporación de un nuevo cuadro de Gálvez en 2014, diversas estatuas y el título de ciudadano honorario de los Estados Unidos—, el historiador cree que el cambio todavía no ha llegado a la conciencia popular estadounidense.
«Hablo con amigos en Filadelfia y preguntas por Gálvez y responden: '¿Quién?'», confiesa.
Un problema historiográfico
A su juicio, el problema no es únicamente político, sino profundamente historiográfico. Las interpretaciones dominantes sobreviven durante generaciones porque los propios historiadores trabajan dentro de marcos heredados difíciles de cuestionar: «En general, los historiadores son bastante conservadores, no quieren romper mucho con el pasado».
Por esta razón, considera que el relato tradicional de la independencia estadounidense ha permanecido prácticamente intacto desde finales del siglo XVIII. No obstante, cree que el paradigma está empezando a resquebrajarse. Recuerda que ya desde el siglo XIX existieron historiadores en Luisiana, California o el suroeste estadounidense que reivindicaban la herencia hispana y mexicana del país.
«Ya desde los años veinte, cuarenta y cincuenta del siglo XIX hubo historiadores en Luisiana que defendieron la necesidad de reescribir la historia norteamericana, subrayando la importancia de personajes como Gálvez. [...] También hubo otra escuela que empezó en California a principios del siglo XX, encabezada por Hebert Eugene Bolton, que reconoció la importancia de esa herencia española. Ellos empezaron a construir otra historia alternativa del país», explica.
«Pero sus libros y artículos no entraron en el discurso nacional, sino que quedaron en un ámbito más bien regional», lamenta.
Ahora, en cambio, percibe una revisión mucho más sólida impulsada tanto por académicos estadounidenses como por investigadores españoles, a los que la Universidad CEU San Pablo citó en el Congreso Internacional La Monarquía Española y la Independencia de Estados Unidos los días 5 y 6 de mayo. «Estamos cambiando el paradigma heredado del siglo XVIII y formando otro», asegura.
El peso hispano
Ese cambio todavía no se refleja en los libros escolares estadounidenses. «Los textos actuales mantienen aún la interpretación estándar», advierte. Pero cree que la transformación terminará llegando de manera inevitable.
Y no solo por razones académicas. También por el peso creciente de la población hispana dentro de Estados Unidos. El historiador considera que el cambio demográfico acabará obligando al país a revisar su propia identidad nacional.
«Estados Unidos se enriquecerá si tiene conciencia de que no es solamente un país anglosajón», sostiene. «Es un país de muchas nacionalidades».
El profesor describe un país cada vez más bilingüe y culturalmente híbrido. «Fui hace poco a Miami y ya es una ciudad hispanoparlante. Casi nadie habla inglés», comenta. Y añade que lo mismo ocurre en partes de Texas, Arizona o Nuevo México, donde «se oye español constantemente».
Aun así, reconoce que dentro de la propia comunidad hispana existe un fuerte debate sobre el legado español. «Hay gente que aplaude su herencia española, pero otros creen que los españoles destruyeron sus culturas indígenas», explica.
En cualquier caso, considera que la vieja idea de Estados Unidos como nación exclusivamente anglosajona tiene los días contados. «Va a haber varios hilos dentro de la historia estadounidense», pronostica. «Sí, las instituciones vienen más o menos de Inglaterra, pero otras costumbres del sur y del suroeste tienen sus orígenes en México y, a largo plazo, también en España».
Una memoria incompleta
Por eso cree que las celebraciones actuales del 250.º aniversario de la independencia reflejan todavía una memoria profundamente incompleta. Recién llegado de Filadelfia, donde se desarrollan muchos de los actos conmemorativos, asegura que la presencia española sigue prácticamente ausente. «La conciencia del apoyo español casi no existe en estas celebraciones», lamenta.
Francia, explica, continúa ocupando un lugar central en el imaginario histórico estadounidense, mientras que España permanece relegada a un papel secundario. «Francia está mucho más presente en las celebraciones actuales que España», afirma.
Sin embargo, detecta pequeñas señales de cambio en universidades, centros de investigación y algunos espacios culturales. Y está convencido de que las próximas generaciones estudiarán una historia muy distinta de la que aprendieron sus padres. «Mi hijo y mi nieto van a aprender una historia del país muy diferente de la historia que yo enseñaba hace cuarenta o cincuenta años».