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Guerreros con Abd el-Krim, en el Rif oriental 1922Real Academia de la Historia

100 años

Así fue la rendición de Abd-el-Krim, el líder rifeño que masacró a miles de españoles

El 26 de mayo se cumple el centenario de la rendición de Abd-el-Krim, líder rifeño que masacró a miles de españoles en el Protectorado marroquí, y con la que se puso fin a la sangrienta y prolongada guerra del Rif

A pesar del rotundo éxito del desembarco de Alhucemas, una vez más en la larga historia del Protectorado, una controvertida decisión política cambiaba el transcurso de los acontecimientos.

En octubre de 1925 se recibía la orden de asegurar las posiciones alcanzadas y detener las operaciones. El resultado fue demoledor: miles de soldados atrapados en una ratonera, en una estrecha porción de terreno en la bahía de Alhucemas y, además, la situación en el resto del Protectorado seguía sin estabilizarse.

A pesar de que Abd-el-Krim había tenido más de mil bajas entre sus mejores guerreros, aún disponía de muchos harqueños bien armados y con elevado espíritu guerrero.

Abd el-Krim en una entrevista con Luis de Oteyza para el diario 'La Libertad'

Contaba, además, entre Axdir y Tetuán, con cinco puestos de mando, numerosas fortificaciones, ocho baterías de artillería, algunas de grueso calibre, cinco depósitos de municiones y varios centros de reparación de material de guerra. Su prestigio seguía siendo enorme, ya que la propaganda rifeña había hecho correr la noticia de que los españoles se encontraban atascados en las playas de Alhucemas.

El liderazgo del líder rifeño se basaba sobre todo en sus éxitos militares. Pero, tras el desembarco de Alhucemas y, sobre todo, el acuerdo hispano-francés de llevar hasta sus últimas consecuencias la pacificación definitiva del Protectorado, empezó a sufrir derrotas; mientras la artillería y la aviación francesa y española machacaban los campamentos rifeños, el líder comenzó a sentirse en peligro por una posible traición de los suyos.

Cada vez que se retiraba del frente lo hacía con una larga comitiva de animales de carga, abarrotados de pertrechos y pertenencias personales, protegida por sus soldados más leales, iniciando un largo peregrinar hacia el oeste, llegando incluso a preparar, viéndose en peligro, un plan de fuga por mar hacia Gibraltar.

En ese movimiento, llegó hasta Snada, a unos 50 kilómetros de Axdir, donde se encontraba su original cuartel general y vivienda familiar. Pero el Ejército francés le pisaba los talones, llegando hasta Targuist, muy cerca de Snada, y en zona española, en virtud de los acuerdos hispano-franceses que permitían la entrada de fuerzas a uno y otro lado de la frontera común.

A requerimiento del caid Haddun, de Snada, el coronel francés Corap, jefe de la 8.ª brigada de la división marroquí francesa que operaba en Targuist, envió a parlamentar con el líder rifeño al capitán Suffren y al teniente de navío Montagne, este último perteneciente a los servicios de Inteligencia, con un destacamento de soldados indígenas al mando del teniente De la Rossiere.

Llegaron a Snada el 25 de mayo de 1926, portando una carta del citado coronel Corap en la que este prometía la protección de Francia al jefe rifeño y a su familia, a cambio de su rendición incondicional y entrega de los prisioneros que aún tenía en su poder.

El coronel Corap, con la aquiescencia de sus superiores, estaba violando los acuerdos hispano-franceses, porque se encontraba en territorio del Protectorado español y negociando unilateralmente con un súbdito del norte, sujeto a la autoridad del jalifa en esa zona, representante del sultán, y reclamado por las autoridades españolas.

Sin embargo, en la maraña de espías y confidentes que operaban en el territorio, llegó la noticia a los españoles de que Abd-el-Krim se encontraba en Snada. Inmediatamente fueron despachados dos aviones españoles que bombardearon el pueblo, causando numerosas bajas entre los rifeños y que a punto estuvieron de hacerlo también entre el contingente francés, cuyas autoridades se quejaron del peligro que habían corrido sus hombres tras el bombardeo.

Un puesto avanzado en la zona conquistada alrededor de Alhucemas con algunos cañones capturados al enemigo en las últimas operacionesMundo Gráfico

Por parte española, la presencia de oficiales galos en Snada sin previa comunicación se consideró una flagrante violación de los acuerdos, conociéndose de esta manera que algo se estaba tramando, en nuestra zona de responsabilidad, sobre el futuro del líder rifeño, a espaldas de España.

Ante la posibilidad de caer en manos españolas, Abd-el-Krim se apresuró a aceptar la propuesta de rendición y protección francesa y, el 27 de mayo, tras la conformidad gala, el rifeño fue conducido a la ciudad de Targuist con una escolta, a la que llegó a las cinco de la mañana, siendo recibido por el general Ibos, jefe de la división marroquí francesa, circunstancia que provocó honda indignación en España.

Formando parte de la comitiva se encontraban sus dos mujeres y cuatro hijos, tres varones y una hembra, más su hermano Mohamed, con sus dos hijos, seguidos por 270 mulos de trenes regimentales franceses que transportaban alfombras, muebles, material sanitario, víveres, ropa, menaje de cocina y los tesoros particulares de las 27 personas que componían la expedición.

Los duros de plata españoles sonaban en las cajas a través de los pedregosos caminos de la geografía rifeña y, seguramente, la mayoría de ellos formaban parte del botín de cuatro millones de pesetas que había recibido el caudillo rifeño de manos del industrial español Horacio Echevarrieta en 1923, en pago del rescate de parte de los prisioneros españoles capturados en Annual y Monte Arruit. Al tener que atravesar el territorio de diversas cabilas hostiles, fue necesaria la escolta de tres batallones franceses hasta alcanzar los camiones que finalmente conducirían a la expedición a Taza.

Desde las últimas campañas, a partir de 1924, casi dos años antes de la rendición, Abd-el-Krim había mantenido cautivos a 82 oficiales, casi 700 suboficiales y soldados, junto a 22 paisanos, con mujeres y niños incluidos. El 7 de junio de 1925 constaba que aún vivían 33 oficiales, 586 suboficiales y soldados y 21 paisanos.

Un año después, en la conferencia de Uxda, los rifeños declararon tener 324 cautivos, con lo que faltaban al menos 316 que habían muerto. En menos de un mes fallecieron otros 154, con lo que llegaron a manos españolas únicamente 105 soldados, dos mujeres y cuatro niños y, desde luego, ningún oficial.

La magnitud de la tragedia de aquellos desdichados hizo que se abriera una investigación, nombrándose un juez militar para ello, que constató que, a lo largo del cautiverio, aunque las mujeres habían sido respetadas y no se produjeron abusos sexuales, los rifeños habían procurado un trato degradante a los prisioneros, no facilitándoles asistencia sanitaria a los que no resultaban útiles, por lo que morían, y todo prisionero que no podía caminar era fusilado.

El caso de la rendición de Abd-el-Krim fue una transgresión manifiesta de los acuerdos entre las dos potencias que ejercían el protectorado, ya que se rindió a las fuerzas francesas que se encontraban provisionalmente en zona española y se facilitó al líder rifeño el paso a la parte francesa, con todo el botín que había conseguido reunir.

Abd el-Krim bajo custodia francesa, en Fez, a punto de subir al tren que le llevaría al exilio (1926)

Tras una reunión en París de la comisión franco-española, por presión española, se consiguió que, en lugar de instalarse confortablemente en un lugar de Francia, se le enviara a la isla de Reunión, situada en el océano Índico, al norte de Madagascar. Se evitó así su entrega a los españoles, lo que, a buen seguro, habría supuesto un juicio sumarísimo y la pena máxima, pues se le consideraba responsable de al menos 20.000 muertes.

La rendición de Abd-el-Krim produjo un gran desconcierto en las filas rifeñas, abriendo así, pese a que los combates se sucedieron para apaciguar a las cabilas más levantiscas, el camino para la pacificación definitiva del Protectorado.

En 1947, veinte años después de la pacificación, Francia decidió trasladar al rifeño a la metrópoli, por considerar que ya no era peligroso. Tenía entonces 64 años y varias ciudades se disputaban convertirse en refugio del prisionero.

El Gobierno francés eligió una lujosa villa a 10 kilómetros de Niza, en la Costa Azul, pero, durante su traslado desde la isla de Reunión, al tocar el puerto egipcio de Port Said, en mayo de 1947, logró bajar a tierra, pasar la aduana egipcia y solicitar asilo político, que le fue concedido, siendo trasladado a El Cairo, donde quedó instalado hasta su muerte, el 5 de febrero de 1963, a los ochenta años.

Con él desaparecía una de las figuras más crueles y sanguinarias de la historia del Protectorado español en Marruecos, responsable de miles de muertes de españoles en las ardientes tierras rifeñas.

  • Antonio Ruiz Benítez es general de División del Ejército de Tierra (Retirado).