Rasputín con sus seguidoras en 1914
Dinastías y poder
¿Fueron los asesinos de Rasputín los precursores de la cheka soviética?
Su hija María, que tras huir del terror ruso se ganaba la vida como bailarina de danzas típicas, siempre pensó que las balas que mataron a su padre fueron los primeros tiros bolcheviques en el Imperio Romanov
Rasputín no deja de ser un personaje controvertido de la historia rusa. Para algunos, incluso, uno de los causantes de la Revolución que derrocó a los zares y estableció el primer modelo comunista del mundo. Le acusaron de ejercer un poder absoluto en la Rusia de Nicolás II durante los años iniciales de la Primera Guerra Mundial, cuando los jóvenes soldados caían a millares en el frente; quienes lograban regresar volvían inútiles, mancos o ciegos.
El asesinato de Rasputín tampoco ha estado exento de polémica. Su hija María, que tras huir del terror ruso se ganaba la vida como bailarina de danzas típicas, siempre pensó que las balas que mataron a su padre fueron los primeros tiros bolcheviques en el Imperio Romanov.
Puede causar sorpresa que Grigori Rasputín, un campesino de Siberia con reputación de santo, tuviese familia. Pues la tenía: mujer y cuatro hijos que se trasladaron con él a San Petersburgo cuando fue llamado a la corte rusa para cuidar al hijo de los zares, enfermo de hemofilia.
Rasputín y sus hijos
Arrastraba ya fama de hombre rudo, lleno de vicios y defectos, pero calmar los dolores del zarévich le permitió ganarse la voluntad de Nicolás II y, especialmente, de la zarina.
Esto le llevó a alcanzar un poder inmenso en el Estado, algo que ni siquiera ha sido rebatido por grandes conocedores de la «intrahistoria rusa» como Massie, Figes o Rappaport: Rasputín, el famoso monje que disfrutó en la corte de los Romanov de un prestigio todopoderoso.
Su cercanía a los zares despertó la envidia de aristócratas y parte de la familia imperial. En una Rusia empobrecida y amotinada, Rasputín imploraba a la camarilla próxima al partido imperialista, orgullosa de sus privilegios, que «antes de echar la culpa al pobre pueblo y a los judíos, debíais barrer vuestra propia puerta» (Estampa, 17 de diciembre de 1929).
Pero él no estaba junto al zar cuando comenzó la guerra contra Alemania. Se estaba recuperando en Pokróvskoye, su tierra natal, del intento de apuñalamiento que había sufrido a manos de Jionia Gúseva, una indigente. Desde ese momento, la situación rusa en el frente se volvió crítica. El gran duque Dimitri apenas tenía escopetas que entregar a los soldados. El Ejército del Zar solo podría enviar jóvenes al matadero de Tannenberg.
La noche del 16 de diciembre de 1916, mientras los soldados rusos se batían en el frente alemán, el príncipe Félix Yusúpov, sobrino político del zar, que se fingía amigo, lo mató ayudado por el gran duque Dimitri y el diputado de la Duma Purishkévich.
Su hija María, en una entrevista concedida al periodista Sánchez Ocaña para el semanario Crónica en 1929, veía en los asesinos de su padre a los dos precursores de la «Checa». Entendía que los primeros tiros contra Rasputín fueron los primeros tiros bolcheviques que sonaron en tierra rusa.
Altos funcionarios de la Cheka en Moscú
Para muchos rusos, Rasputín fue un monstruo de maldad. Otros le vieron como un personaje zafio, pero dotado de un sentido político muy superior al del resto de personajes de la última corte rusa. Para su hija, fue un padre cordial y afectuoso, generoso con los humildes, que reía a carcajadas y era capaz de vociferar incluso delante de los zares.
Cuando era joven, María Rasputín pasó largas temporadas en la corte. Casada con un oficial de la Guardia Imperial, tuvo que huir de los bolcheviques y embarcarse en el puerto de Vladivostok. El matrimonio se instaló en París, donde su esposo trabajó como director de una agencia de automóviles.
Fue uno de tantos destinos de los exiliados rusos tan bien descritos por Chaves Nogales en su obra Lo que ha quedado del Imperio de los Zares, al igual que ocurrió con el gran duque Gabriel Constantinovich o Nicolái Turovéroff. Tenían dos hijas, que estudiaron en un colegio religioso de la capital francesa, mientras ella trabajaba como bailarina especializada en danzas típicas de su país natal.
Actuó en las grandes capitales de Europa y triunfó en los teatros de Berlín y Bucarest. Años después, trabajó en un circo y terminó viviendo en Estados Unidos como profesora de ruso.