Asalto japonés contra las fuerzas rusas atrincheradas, 1904

Asalto japonés contra las fuerzas rusas atrincheradas, 1904

Picotazos de historia

Por qué Montenegro declaró la guerra a Japón en 1904 y nunca firmó la paz

Montenegro no se acuerda de nada y Japón nunca reconoció la declaración de guerra. Pero la declaración de guerra ahí está y sigue vigente. Al menos, sobre el papel

El término príncipe-arzobispo –o príncipe-obispo– representa diócesis o territorios concretos, la mayoría de ellos dentro del Sacro Imperio Romano Germánico o bajo su jurisdicción, o dentro del Imperio austrohúngaro, gobernados por un arzobispo –o un obispo– como máxima autoridad religiosa, al tiempo que ejercía el poder civil y militar como cabeza del Estado.

La mayoría de estos Estados –como los principados de Lieja, Metz, Basilea, Montenegro, Estrasburgo, etc.– desaparecieron tras la Primera Guerra Mundial. Hoy solo queda el Coprincipado de Andorra, ejercido conjuntamente por el presidente de la República Francesa y el obispo de Urgel.

El principado-obispado de Montenegro fue uno de estos Estados teocráticos y existió desde 1697 hasta 1852. Durante generaciones, los diferentes clanes –que habían aceptado un código jurídico e incluso un tribunal central, pero jamás pagar impuestos al Imperio ni dejar de matarse entre ellos– reconocieron el gobierno y el poder de un obispo y un gobernador, que eran elegidos entre unos clanes concretos.

Cetiña, la pequeña capital de Montenegro, a finales del siglo XIX

Cetiña, la pequeña capital de Montenegro, a finales del siglo XIX

Los obispos eran elegidos entre los miembros del clan Petrovic y los gobernadores salían del clan Randojic. En 1830 se decidió que los Petrovic controlaran los dos poderes. Para asegurarse el leal cumplimiento de esta decisión, se suprimió el cargo de gobernador y se exterminó al clan Randojic.

El obispo Pedro falleció de tuberculosis en 1851, dejando un Montenegro que había multiplicado por tres su extensión a costa del Imperio turco. El obispo había sabido imponerse a los montaraces clanes y, en ese momento, el territorio se encontraba más unido que nunca. Tras su fallecimiento, heredó el cargo su sobrino Danilo.

El joven Danilo se había educado en la corte rusa y descubrió que no tenía inclinación religiosa ni intención de permanecer célibe. Como no iba a cambiar, trató de que cambiara el resto.

Danilo I, príncipe de Montenegro

Danilo I, príncipe de Montenegro

Buscó la aprobación de las cortes imperiales austrohúngara y rusa. Con el beneplácito de ambas, en 1852, pasó de ser el obispo Danilo a convertirse en Danilo I, príncipe de Montenegro y primer soberano de la dinastía reinante de los Petrovic-Njegos. Creó un Estado secular.

Durante las siguientes décadas, Montenegro seguiría expandiéndose a costa del Imperio otomano –guerras de 1858 y 1876–. Nicolás I, sobrino y sucesor de Danilo, fue entronizado después de que el primer soberano de la dinastía Petrovic fuera asesinado en 1860.

El nuevo soberano de Montenegro aceptó la protección y el apoyo de los rusos. En 1905 dio una constitución a su nación, que se convirtió en un principado constitucional.

En Extremo Oriente, el Imperio japonés había llevado a cabo una profunda transformación de su economía, su industria, su Ejército y su sociedad, copiando los patrones occidentales. Este proceso fue denominado Revolución Meiji o periodo Meiji y daría lugar al Japón moderno.

La necesidad de materias primas y de expansión condujo a Japón a declarar la guerra al Imperio chino por el territorio de Corea. Japón fue el indiscutible vencedor del conflicto, pero los frutos de la victoria se perdieron por culpa de las presiones de las potencias occidentales, que obligaron a Japón a devolver Manchuria a China junto con el puerto estratégico de Port Arthur. Esto ocurrió en 1895.

El Imperio ruso aprovechó la desestabilización de la zona, consecuencia de la guerra, para conseguir que China le arrendara el puerto de Port Arthur. Este se transformó en la principal base naval de la Flota Imperial Rusa del Pacífico. En adelante, tanto Manchuria como Port Arthur serían un motivo de fricción en las relaciones entre Japón y Rusia.

La tensión fue aumentando hasta que, el 6 de febrero de 1904, ambas naciones acabaron rompiendo relaciones diplomáticas. El 8 de febrero, sin anuncio ni declaración de guerra, la flota rusa en Port Arthur fue atacada, con lo que se inició la guerra ruso-japonesa –1904-1905–.

Ilustración japonesa que muestra la destrucción de un barco ruso en el ataque naval sorpresa en Port Arthur en 1904

Ilustración japonesa que muestra la destrucción de un barco ruso en el ataque naval sorpresa en Port Arthur en 1904

El pequeño principado de Montenegro, aunque era una nación soberana, se encontraba dentro de la influencia del Imperio ruso. El príncipe Nicolás I, ante el desencadenamiento del conflicto, consideró que era necesario hacer un gesto, aunque fuera simbólico, en apoyo de los Romanov. Ese mismo mes de febrero, Montenegro declaró la guerra al Imperio nipón.

También se envió un contingente de soldados montenegrinos: pintorescamente ataviados, espeluznantemente armados y deplorablemente inadecuados para enfrentarse a un ejército moderno. Se trataba de un gesto, y así lo entendió y agradeció la corte rusa.

Por su parte, el Gobierno japonés no se dio por enterado. Los montenegrinos nunca intervinieron en ningún combate, por lo que, en lo que a los japoneses se refiere, no existieron. Por este motivo, no se consideró necesario que Montenegro participara en las conversaciones que conducirían al Tratado de Portsmouth, que pondría fin al conflicto.

Montenegro se transformaría de principado en monarquía por aprobación del Parlamento nacional, o Skupstina. Participaría en las guerras balcánicas contra Turquía, siempre apoyando a Rusia. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, fue la primera nación en acudir en ayuda de Serbia.

En 1916 fue ocupada por los austrohúngaros y el rey Nicolás I tuvo que exiliarse. Con el final de la guerra, Serbia organizó la llamada Gran Asamblea Popular del Pueblo Serbio de Montenegro, más conocida en la historia como Asamblea de Podgorica, en noviembre de 1918.

Los representantes de esta asamblea habían sido especialmente elegidos por el nuevo Gobierno serbio y votaron en bloque la supresión de la monarquía y la anexión de Montenegro a Serbia. No hay nada como el agradecimiento.

El 3 de junio de 2006, Montenegro se independizó de Serbia y se declaró Estado independiente y soberano. El día 16, el Gobierno de Japón reconoció al Estado de la República de Montenegro. Una semana después, el representante –¡único!– del partido político Daichi en el Parlamento japonés, el señor Muneo Suzuki, inquirió al Gobierno acerca de la situación política entre los dos países y sobre si ya se había firmado la paz entre ellos. No hubo respuesta.

No existe certeza, a día de hoy, de que se haya llegado a firmar documento alguno entre las dos naciones en relación con este antiguo conflicto. Al parecer, se mantiene una doble postura: Montenegro no se acuerda de nada y Japón nunca reconoció la declaración de guerra. Pero la declaración de guerra ahí está y sigue vigente. Al menos, sobre el papel.

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