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Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial

Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial

Álvaro de Bazán y la batalla de Terceira que confirmó el dominio español del Atlántico

En la campaña de las Azores tendrá lugar el primer enfrentamiento naval moderno en mar abierto utilizando, fundamentalmente, la artillería y no los abordajes, como se hacía hasta la fecha, y tendrá lugar la primera operación anfibia oceánica de la historia

Generalmente, se señala que la Unión Ibérica, es decir, la unión entre España y Portugal bajo la misma corona, tuvo lugar entre 1580 y 1640, pero, siendo puristas, las fechas no son del todo exactas.

Es cierto que, de hecho, España controlaba Portugal desde 1580 y que en abril de 1581 las Cortes de Tomar consagran a Felipe de Habsburgo como Felipe I de Portugal, pero, como en las historias de Astérix, una pequeña aldea lusa resistía al poderoso imperio hispano; en este caso, se trataba de la isla más grande de las Azores, la isla Terceira, que se mantenía fiel al otro gran aspirante a la corona, Antonio, prior de Crato, el gran derrotado en la batalla de Alcántara.

Su causa había despertado simpatía en los grandes enemigos de la España de los Austrias, Francia e Inglaterra, celosos del enorme poder acumulado por Felipe.

En su desesperado intento por recuperar el trono, que apenas había disfrutado un mes, Antonio habría prometido a Francia las propias Azores y Brasil, lo que podía desequilibrar completamente el imperio hispano en América. En consecuencia, la Francia de Enrique III y de su madre, Catalina de Medici, recibió en el exilio a Antonio I de Portugal, vio con sumo agrado la propuesta y le prestaría un importante apoyo militar. Así, mientras los galos preparan una gran flota, este se establece en la isla Terceira con su corte, mientras parte de la población de las islas lo aclama como legítimo rey de Portugal.

La que ha pasado a la historia como la batalla de la isla Terceira se trata en realidad de dos batallas distintas, en el mismo escenario, las Azores, y en dos años consecutivos. Pese a que su relevancia fue trascendental y otro resultado hubiese podido cambiar la historia del planeta, es, curiosamente, una batalla bastante desconocida para el gran público y, sin embargo, tremendamente estudiada por los especialistas, no solo por la importancia señalada, sino porque en la misma tuvieron lugar dos novedades que transformarían la guerra marítima.

En la campaña de las Azores tendrá lugar el primer enfrentamiento naval moderno en mar abierto utilizando, fundamentalmente, la artillería y no los abordajes, como se hacía hasta la fecha, y tendrá lugar la primera operación anfibia oceánica de la historia.

La primera batalla tuvo lugar el 26 de julio de 1582 y también es conocida como el combate naval de Vila Franca do Campo, por tener lugar frente a esa localidad de la isla de São Miguel. Del lado antoñista, el mayor peso y coste de la campaña correrá por parte francesa, que suministrará la mayoría de los 65 navíos de la flota, aunque esta también contará con algunas naves portuguesas y siete inglesas.

Igualmente, la mayor parte de los mejores militares y marinos son de nacionalidad francesa, y al mando de la misma Catalina propone al condotiero Felipe de Pedro Strozzi, en aquel momento general al servicio de Francia, con una larga y notable experiencia en el Mediterráneo y en los campos de batalla europeos.

Sin embargo, y este es un dato que tendrá mucha relevancia posteriormente, Strozzi renuncia al título de general francés y la armada no será francesa, sino de apoyo a la causa de Antonio I, ya que Francia y España no estaban en guerra ni a Enrique III le interesaba enfrentarse abiertamente a Felipe II. Aunque ya habían pasado más de dos décadas, el recuerdo de la derrota del ejército de su padre Enrique II en San Quintín seguía pesando en la corte de los Valois. Por parte española, la escuadra la forman 27 navíos entre galeones, naos y urcas, y cinco pataches. Al frente de la misma, uno de los mejores almirantes de la historia, el marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán.

Lo primero que llama la atención es la gran inferioridad numérica, motivada por la urgencia de partir hacia las Azores para socorrer a la isla de São Miguel, que se había pasado al lado español y que estaba asediada por las tropas de Strozzi. El grueso de la flota lo componían los galeones; estos eran, además, más pesados y menos veloces y maniobrables que los de la flota enemiga.

A cambio, contaban con cascos de maderas más nobles y resistentes, que les ofrecían una mayor protección, con cañones de calibre más grueso y con los imbatibles tercios, en caso de abordaje, y, por supuesto, con el mejor almirante posible. Strozzi era un brillante militar, pero era un soldado, no un marino.

Las galeras de don Álvaro de Bazán en el Mediterráneo

Las galeras de don Álvaro de Bazán en el MediterráneoGTRES

Tras algunos días de tanteo, el 26 de julio, con viento y sol favorables y viendo que el galeón San Mateo, el segundo más importante de la flota española, tras la capitana San Martín, comandado por López de Figueroa, se había quedado rezagado en la retaguardia, Strozzi envía cinco naves contra él con la intención de abordarlo. Contra todo pronóstico, el San Mateo resiste y le otorga a Bazán un precioso tiempo para girar ganando el barlovento y, en una perfecta ejecución, situar sus navíos en línea y disparar los cañones sobre la flota de Strozzi, hundiendo a algunos y haciendo huir a otros.

Finalmente, el San Martín aborda al Saint Jean Baptiste de Strozzi, quien fallece combatiendo. La toma de la nave capitana francesa supone la desbandada de la flota antoñista. El hecho de que los marinos capturados no combatiesen bajo una bandera motivó que fuesen considerados piratas y, en consecuencia, ajusticiados, lo que la propaganda enemiga utilizará contra Felipe II, pese a que esas eran las reglas del mar de los países europeos en la época.

Bazán, que no disponía de naves adecuadas para el desembarco, aseguró São Miguel para España, pero no atacó inmediatamente Terceira. Sin embargo, había confirmado el dominio español sobre el Atlántico, había dañado la reputación naval de Francia y dificultado el suministro de hombres y armas a Antonio I.

El marqués de Santa Cruz volverá a enfrentarse al prior de Crato al año siguiente en la isla Terceira, con los barcos y tropas adecuados, en una complejísima operación anfibia para la época. Pero del final de la conquista de Portugal hablaremos en otra ocasión.

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