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Ambiente previo a la vigilia de oración con el Papa León XIV, en el Estadio Olímpico Lluís Companys

Ambiente previo a la vigilia de oración con el Papa León XIV, en el Estadio Olímpico Lluís CompanysEuropa Press

La visita de León XIV al Estadio Lluís Companys reaviva el doloroso recuerdo de su papel en la persecución religiosa

La elección de este estadio que lleva el nombre de este personaje siniestro como escenario de uno de los principales actos de León XIV en Barcelona reabre una vieja cuestión histórica: la responsabilidad política de quien presidió la Generalidad durante los años más sangrientos de la retaguardia catalana

Uno de los primeros actos multitudinarios en Barcelona del Papa León XIV se centró en la montaña de Montjuic. En concreto, en el Estadio Olímpico, que acogió la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992. Este estadio es un emblema de la evolución urbanística de Barcelona. Proyectado por el arquitecto Pere Domènech i Roura, el recinto fue construido con motivo de la Exposición Internacional de 1929.

Su inauguración oficial tuvo lugar el 20 de mayo de 1929, concebido originalmente para albergar un evento deportivo internacional que demostrara la modernidad de la ciudad y con la ambición de organizar los Juegos Olímpicos. El Estadio tenía que albergar la llamada Olimpiada Popular, un acto reivindicativo en contra de la organizada por el régimen nazi en Berlín, que se frustró al estallar la Guerra Civil. Los Juegos Olímpicos llegaron, pero 63 años después de su inauguración.

Montjuic, casa de los Juegos Olímpicos - El Estadio Olímpico Lluís Companys se convirtió en el corazón de los JJ.OO. de Barcelona 1992 siendo la sede de las principales disciplinas así como de la inauguración y la clausura

El Estadio Olímpico Lluís Companys se convirtió en el corazón de los JJ.OO. de Barcelona 1992 siendo la sede de las principales disciplinas así como de la inauguración y la clausuraGTRES

El edificio original se erigió aprovechando las faldas de la montaña, destacando por una imponente fachada clásica coronada con esculturas ecuestres del artista Pau Gargallo. Décadas más tarde, de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el estadio fue sometido a una profunda remodelación arquitectónica a cargo del equipo integrado por Correa, Milá, Margarit, Buixadé y Gregotti. Esta intervención vació el interior del recinto y mantuvo únicamente los muros exteriores. En 1989 albergó la Copa del Mundo de Atletismo.

El cambio de denominación oficial a Estadio Olímpico Lluís Companys se aprobó en el año 2001. El pleno del Ayuntamiento de Barcelona ratificó la medida el 30 de marzo y el acto oficial se celebró el 6 de julio. La iniciativa no surgió del gobierno municipal, sino que fue impulsada por el sindicato Comisiones Obreras (CCOO) y la Asociación de Ex Presos Políticos, logrando el consenso de PSC, CiU, ERC e IC-V, con el voto en contra del PP.

En marzo de 2024, el Ayuntamiento volvió a rechazar una propuesta del partido VOX que buscaba retirar el nombre de Lluís Companys del estadio para denominarlo Juan Antonio Samaranch. Esta vez, formaciones como PSC, Junts, ERC y Barcelona en Comú votaron en contra para mantener la denominación actual.

Con este reconocimiento se quiso hacer memoria histórica hacia el presidente de la Generalidad de Cataluña que fue fusilado en el foso de Santa Elena del castillo de Montjuic el 15 de octubre de 1940. El acto de León XIV es singular por un hecho concreto.

Bajo la presidencia de Companys, desde julio de 1936 a febrero de 1939, se asesinó en Cataluña a 1.538 presbíteros, 824 religiosos y 76 monjas. De ellos debemos destacar al obispo de Barcelona Manuel Irurita, al obispo de Lérida Salvador Huix y al obispo auxiliar de Tarragona Manuel Borrás. Eso sí, por sus ideas cercanas al nacionalismo catalán, la Generalidad salvó al cardenal y arzobispo de Tarragona Francisco Vidal i Barraquer.

Esas no fueron las únicas personas asesinadas en la retaguardia catalana. En total se asesinaron 26.606 personas. La mayoría de ellas, en manos de los anarcosindicalistas. ¿Por qué tuvieron tanto poder? La respuesta es fácil. El 20 de julio de 1936 los reunió en el Palacio de la Generalidad y les dijo:

«Hoy sois dueños de la ciudad y de Cataluña, porque solo vosotros habéis vencido a los militares fascistas, y espero que no os sabrá mal que en este momento os recuerde que no os ha faltado la ayuda de los pocos o muchos hombres leales de mi partido y de los guardias y mozos… Habéis venido y todo está en vuestro poder; si no me necesitáis o si no me queréis como presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo. Si, por el contrario, creéis que en este puesto, que solo muerto hubiese dejado ante el fascismo triunfante, puedo, con los hombres de mi partido, mi nombre y mi prestigio, ser útil en esta lucha, que si bien termina hoy en la ciudad, no sabremos cuándo y cómo terminará en el resto de España, podéis contar conmigo y con mi lealtad de hombre y de político que está convencido de que hoy muere todo un pasado de bochorno y que desea sinceramente que Cataluña marche a la cabeza de los países más adelantados en materia social».

Con lo cual les entregó todo el poder y supo, en todo momento, los crímenes que se estaban cometiendo, sin frenar aquellos crímenes. La cobardía de Companys y de los miembros de ERC fue la base de las atrocidades que se cometieron en Cataluña. Companys es culpable de lo ocurrido aunque no hubiera apretado el gatillo. Y cuando el Papa viene a Barcelona, a las autoridades no se les ocurre otra cosa que celebrar un acto multitudinario en el estadio que lleva el nombre de este personaje siniestro.

Ahora bien, cuando lo detuvieron en Francia y lo entregaron al gobierno español no lo hicieron porque era presidente de la Generalidad. Al lendakari Aguirre no lo persiguieron. Podían haberlo juzgado por la muerte de esos miles de catalanes, pero en realidad su juicio y condena de muerte fueron por otro motivo.

Companys dio un golpe de Estado el 6 de octubre de 1934, proclamando el Estado catalán. La sublevación solo duró unas horas. Se le juzgó a él y a otros miembros de la Generalidad y, en vez de condenarlos a muerte, lo sentenciaron a 30 años de cárcel. Trasladado a la Cárcel Modelo de Madrid, luego fue enviado al Penal del Puerto de Santa María. Obtuvo la amnistía tras las elecciones de febrero de 1936.

Lluís Companys, en el centro, entre rejas tras la intentona golpista de octubre de 1934

Lluís Companys, en el centro, entre rejas tras la intentona golpista de octubre de 1934

Cuando se produjo el golpe militar de julio de 1936, Companys no se acordó de lo ocurrido dos años atrás y mandó fusilar a todos los militares que, según ellos, habían dado un golpe de Estado contra la República. Como escribió Francesc Cambó: «El fusilamiento fue un inmenso error de Franco. ¿Injusto? Él, el 6 de octubre del 34, había cometido igual delito que los militares… y fue indultado. En 1936 él hizo fusilar a todos los militares sublevados». De haberlo dejado vivo, hoy nadie hablaría de Companys porque siempre fue un personaje mediocre. Al fusilarlo lo convirtieron en mártir. Ese es el error que comenta Cambó.

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