Soldados de la División Azul en puesto de mando de Prokrowskaja, URSS
85 años
La División Azul o la decisión que llevó a España a combatir a Stalin
El 25 de junio de 1941 nacía la División Azul, una unidad compuesta exclusivamente por voluntarios que poco después marcharía a Rusia para combatir el bolchevismo de Stalin
El 25 de junio de 1941 España daba un paso decisivo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial: nacía la División Azul, una unidad compuesta exclusivamente por voluntarios que poco después marcharía a Rusia para combatir el bolchevismo de Stalin junto a Alemania y otros voluntarios europeos.
Un contexto internacional convulso
Aquel verano de 1941 marcaba un giro decisivo en la Segunda Guerra Mundial. Apenas tres días antes, el 22 de junio, Alemania había iniciado la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética. El conflicto entraba así en una nueva fase de enorme escala y violencia, en la que el frente oriental se convertiría en el principal escenario de combate.
España, oficialmente neutral tras la Guerra Civil, observaba el desarrollo del conflicto con una posición ambigua. El régimen de Franco mantenía simpatía hacia las potencias del Eje, especialmente hacia Alemania, que había participado en su favor en la contienda española.
Nacimiento de la División Azul
En este contexto, el 25 de junio de 1941 se autorizaba la creación de una unidad de voluntarios para combatir junto al Ejército alemán contra la Unión Soviética. Nacía así la División Azul, denominada oficialmente División Española de Voluntarios, que sería la División 250 de la Wehrmacht.
Reemplazos para la División Azul. Voluntarios españoles marchan hacia sus destinos
El Gobierno de Franco presentó esta decisión como una forma de canalizar el fervor anticomunista de muchos españoles sin implicar directamente al país en la guerra mundial. De hecho, la participación tenía un carácter voluntario, aunque también respondía a intereses políticos y diplomáticos.
Por un lado, se devolvía parcialmente el favor del apoyo alemán materializado en la Legión Cóndor; por otro, la unidad demostraría la capacidad militar de los españoles para disuadir de una posible invasión del territorio patrio para llegar a Gibraltar y, de forma imprevisible, con la División partirían los falangistas revolucionarios más intransigentes.
Miles de hombres –procedentes de distintos perfiles, la mayoría voluntarios falangistas, que le darían color a la División, conocida como Azul– acudieron a la llamada. También se alistaron en las primeras semanas excombatientes de la Guerra Civil. Madrid y Barcelona, entre otras ciudades, se convirtieron en algunos de los principales centros de reclutamiento.
Rumbo al frente oriental
Tras su constitución, los contingentes de la División Azul partieron hacia Alemania para recibir una breve instrucción militar, aunque muchos eran veteranos de guerra. Posteriormente, fueron enviados al frente oriental, donde quedarían integrados en el Ejército alemán.
La unidad combatió principalmente en el sector de Leningrado (actual San Petersburgo), uno de los puntos más duros del conflicto. Las condiciones extremas –el frío, la escasez de suministros y la dureza de los combates– marcaron la experiencia heroica de los voluntarios españoles.
Fue una operación limitada que permitió a España mantener oficialmente su neutralidad.
Tropas de la División Azul combatiendo durante el Sitio de Leningrado
El partido falangista fue el motor ideológico y político, y el principal impulsor de la iniciativa. Tras la invasión alemana de la URSS, el 22 de junio de 1941, dirigentes como Ramón Serrano Suñer promovieron abiertamente la idea de enviar voluntarios. El discurso anticomunista fue clave: la guerra contra la URSS se presentó como una continuación de la Guerra Civil española, ahora contra el «enemigo soviético».
Hubo incluso movilizaciones de falangistas en la calle reclamando participar en la campaña. Falange convirtió una coyuntura internacional en una causa ideológica propia, por lo que tuvo el protagonismo en el reclutamiento y fue decisiva para llenar las filas.
En el contingente inicial, los falangistas constituyeron una parte muy significativa, incluso mayoritaria en los primeros reclutamientos. Como dijimos, el propio nombre de «División Azul» procede del color de la camisa azul falangista, símbolo del movimiento. Esto le dio a la unidad un fuerte perfil ideológico, no solo militar.
Sin embargo, la Falange no tuvo el control total. Existió una lucha interna por el control de la División Azul entre la Falange y los mandos militares, como el general Varela. Se optó por una solución intermedia: tropa con fuerte presencia falangista y mando y estructura bajo oficiales profesionales del Ejército, aunque su primer jefe fue el general Agustín Muñoz Grandes, que había sido secretario nacional de FET de las JONS y que se sacó el cuello de la camisa azul por encima de la guerrera militar. Todo un símbolo.
Para Franco, la Falange cumplía además una función estratégica: permitía canalizar el entusiasmo más radical del movimiento hacia el exterior. Evitaba que estos sectores presionaran para que España entrara formalmente en la guerra. Daba una imagen de compromiso con Alemania sin comprometer oficialmente al Estado.
La Falange fue el alma ideológica y el principal motor movilizador de la División Azul. Sin su presión política y su capacidad de movilización, es difícil entender la rapidez con la que se organizó la unidad, que siempre cubrió sus bajas con voluntarios. Sin embargo, el control final permaneció en manos del jefe del Estado y del Ejército, que moldearon la División como un instrumento al servicio de una estrategia más amplia: participar en la guerra sin entrar plenamente en ella.
La División Azul es posiblemente la unidad militar de la Segunda Guerra Mundial sobre la que más artículos y libros se han escrito, muchos de ellos por los propios divisionarios, lo que daría lugar a que se la conociera como «escritores en las trincheras».