Detalle de La campana de Huesca de José Casado del Alisal (1880)
Picotazos de Historia
¿Qué hay de verdad y mentira en la leyenda de la Campana de Huesca?
El mito cuenta cómo Ramiro II estaba preocupado por la actitud despectiva de los nobles para con él y lo que decidió hacer
Una de las leyendas más conocidas de la historia de España es la de la Campana de Huesca. Campana que construyó el rey Ramiro II de Aragón (1086 - 1157), llamado el Monje, con idea de que su tañido se oyera por todo el reino enviando un claro mensaje a todo aquel que supiera escuchar.
La leyenda nos cuenta cuán descontento estaba el rey Ramiro con los nobles de su reino. Sentía que no le tenían respeto. Peor, que se burlaban de él.
Él no estaba destinado a ser rey. Siendo el menor, desde muy niño lo pusieron bajo el cuidado de la Iglesia quedando sus dos hermanos mayores –Pedro y Alfonso– destinados a gobernar gentes y territorios. Más quiso el destino que ambos murieran sin descendencia. El último de ellos –Alfonso, llamado el Batallador por haber pasado más tiempo en campaña que en la corte– dejó un testamento por el que dejaba su reino a las ordenes militares del Hospital, el Temple y el Santo Sepulcro.
El abad y los cogollos
Navarra se negó a aceptar tal reparto, se separó de Aragón y nombró nuevo rey en la persona de García Ramírez. Aragón, por su parte, sacó a Ramiro, que estaba de abad en el monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca, y le puso en el trono. Le casaron con Inés de Poitou –hija del Guillermo el Trovador, duque de Aquitania– y le hicieron ver la obligación que tenía de reproducirse por el bien del reino.
Pues la leyenda nos cuenta cómo Ramiro II está preocupado por la actitud despectiva de los nobles para con él. Inseguro y sin saber que decisión tomar envía un mensajero al abad del monasterio de Saint Pons de Thomieres, donde se ha criado. El abad escucha el mensaje que Ramiro le envía, después hace pasar al mensajero al huerto y delante suyo empieza a cortar los cogollos que más sobresalen o las rosas más hermosas, en otra versión.
El mensajero, sin entender nada, regresa y transmite al rey que ha dado el mensaje y la extraña reacción del abad. Contándole con detalle lo que este hizo.
Convoca el rey a sus principales nobles con motivo de una campana que ha de hacer y, a medida que van llegando, ordena que les corten la cabeza y que estas sean situadas de una particular manera en el suelo. Cuando aparece el último y principal de los conspiradores, el obispo de Jaca Arnaldo, su cabeza colgará de una cuerda sobre el resto, como si del badajo de una sangrienta campana fuera. Esta es la leyenda de la Campana de Huesca.
La campana de Huesca de José Casado del Alisal (1880)
Considerada durante mucho tiempo como historia autentica, el primero que la investigó fue el cronista mayor de Aragón Jerónimo de Zurita en sus Anales de la Corona de Aragón (1562). Las dos principales fuentes históricas que tenemos con respecto a estos sucesos son los Anales Toledanos (siglo XIII) y la Crónica de San Juan de la Peña (siglo XIV). Según estas fuentes se puede situar entre octubre de 1135 y agosto de 1136 los sucesos políticos que culminarían con la decapitación de los cabecillas, esto último en los primeros meses de 1136.
No cabe duda que existe una base real en la leyenda, en la que se entremezclan fantasías. El real es una revuelta o desafío a la autoridad de Ramiro, que fue yugulada con rapidez y crueldad. Las crónicas dan a entender que se degolló o decapitó a una docena de los principales nobles del reino.
La parte fantasiosa de la leyenda nos envía lejos, ya que el cuento del abad nos remite directamente a Heródoto.
En el libro quinto de las Historias del padre de la Historia –como es conocido Heródoto– nos cuenta la historia de Periandro de Corintio, segundo tirano de esta ciudad. Periandro solicitó el consejo de Trasíbulo, tirano de la ciudad de Mileto. Y la historia es exactamente la misma.
Está claro que el cuento gustó y fue repetido por diferentes autores, como fue el caso de Aristóteles, en el libro tercero de su Política. Siglos después será retomado por Tito Livio que cambia a los protagonistas no así la narración. Esta vez será Tarquino el Viejo de Roma quien aleccionará a Sexto Tarquino, rey de los Gabios.
Incluso se ha llegado a afirmar, por parte de Antonio Alvar, de la existencia de un texto previo, anterior a la versión de Heródoto, transmitida de forma oral y origen sánscrito.
Con todo lo más probable es que la historia de Heródoto –vía texto de Tito Livio– pasara a Aragón durante los siglos XI y XII, cuando se producen importantes intercambios culturales y comerciales entre Aragón y los reinos del sur de Francia, culturalmente afines e integrantes de la Occitania
En esos tiempos no solo llegaron los textos de Tito Livio, también llegaría la historia a través de la obra de Valerio Máximo, mezcladas con las composiciones de un nuevo tipo que hace poco ha surgido por esas tierras: el cantar de gesta. Pues bien, la Crónica de San Juan de la Peña –crónica medieval escrita en 1390 a iniciativa del rey Pedro IV de Aragón– recoge el Cantar de la Campana de Huesca.
El texto del cantar esta prosificado y se ha conseguido completar gracias a la investigación de diferentes científicos a lo largo de más de treinta años (1951–1982).
En definitiva la leyenda de la campana de Huesca, que inspiraría al pintor Casado del Alisal un espeluznante ejemplo de pintura histórica donde representa el hecho, no sucedió tal y como nos cuenta la leyenda. Cierto es que, tal y como mencionan los Anales Toledanos, «mataron las potestades en Huesca». El cronista árabe Ibn Idari, en su Al Bayan al Mugrib, narra una actuación del rey Ramiro II. Según el texto el rey ordeno decapitar a los nobles y adalides de una aceifa que se llevó a cabo en territorio musulmán sin el permiso del rey. En esta mención algunos historiadores han querido ver el origen del la leyenda de la campana de Huesca.
De una manera o de otra, quedó bien claro que, en ese tiempo, era mala idea el pretender burlarse del rey Ramiro, por manso que pareciera.