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La gesta del Capitán Arenas, el héroe en la trágica retirada a Monte Arruit

La gesta del Capitán Arenas, el héroe en la trágica retirada a Monte ArruitFerrer-Dalmau

La gesta del Capitán Arenas, el héroe en la trágica retirada a Monte Arruit

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Durante la Guerra del Rif aconteció el episodio más desgarrador de la trayectoria española en el Protectorado de Marruecos. Circunstancias geopolíticas habían obligado a nuestro país a tutelar o proteger -de ahí viene la palabra protectorado- un territorio abrupto y dominado por cabilas indómitas. En ese escenario hostil, nuestro Ejército sostuvo durante años una campaña numantina. Las aisladas posiciones debían ser aprovisionadas por convoyes que atravesaban decenas de kilómetros de tortuosos senderos inseguros y muy peligrosos.

El Desastre de Annual

Los últimos días de Julio de 1921 alcanzaron un dramatismo y violencia pocas veces igualado en nuestra historia. Las harkas rifeñas, espoleadas por la eficacia militar de Abd el-Krim, un jefe tan cruel como carismático, supieron aprovechar la fragilidad del despliegue español. La caída de la posición de Igueriben, defendida heroicamente hasta el límite, provocó un efecto dominó que desmoronó el frente de Annual y el resto, fueron atacadas cayendo una tras otra.

El llamado Desastre de Annual fue una retirada de miles de soldados, marcada por el pánico, la desorganización que devino en tragedia y la sed sofocante en pleno verano africano. Sin embargo, en medio del colapso, también afloraron comportamientos cuya grandeza moral ratifica que incluso en la derrota más amarga puede emerger la épica más pura.

Igueriben

IgueribenFerrer-Dalmau

Una hoja de servicios impecable

Félix Luis Arenas Gaspar había nacido en San Juan de Puerto Rico en 1891, ciudad en la que su padre estaba destinado como capitán de Artillería. Al morir este, la familia se estableció en Molina de Aragón, y fue educado por los Padres Escolapios, en un ambiente profundamente cristiano, impregnado por el estudio riguroso y una disciplina que forjaría para siempre su carácter.

Con catorce años ingresó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, y a los dieciocho, ya era teniente. De un regimiento de Pontoneros, pasó a ser piloto de aerostación y se diplomó en la Escuela Superior de Guerra. Ascendió a capitán en 1915 y fue consolidando una hoja de servicios impecable, refrendada por las felicitaciones de Alfonso XIII tras su actuación durante las huelgas revolucionarias de 1919. Se casó con una prima hermana suya y tuvo cuatro hijos.

Félix Arenas

Félix ArenasFerrer-Dalmau

Fue destinado a la Comandancia de Ingenieros de Melilla, al frente de la 2.ª Compañía de Zapadores. Sabía que cada parapeto, cada trinchera, cada línea de defensa, era imprescindible para mantener la seguridad del territorio y se entregó con tesón a la construcción y la mejora de fortificaciones.

Poco después asumía el mando de la Compañía de Telégrafos de Melilla, un puesto también de gran responsabilidad porque para la supervivencia de las tropas españolas era vital garantizar las comunicaciones. Para ello realizaba inspecciones constantes, muchas, bajo fuego enemigo.

El principio del fin

El 22 de julio, el comienzo del desastre, el capitán Félix Arenas se encontraba con su compañía en las cercanías de Annual, cuando recibió la orden de evacuar y marchar a Dar Drius. Era un centro logístico, punto de reunión de tropas y nudo de comunicaciones entre Annual, Batel y Monte Arruit. Junto al teniente coronel Luis Ugarte, jefe de Tropas y Fortificaciones, emprendió la marcha en automóvil en la columna comandada por el general Navarro.

Campaña del Rif, 1921

Campaña del Rif, 1921

Al llegar a Batel se encontraron un escuadrón del Regimiento Alcántara n.º 10. Iba en vanguardia del precipitado repliegue y les informaron de que la carretera a Dar Drius había sido tomada por el enemigo. Poco después, el Regimiento sería prácticamente aniquilado durante las sucesivas cargas que realizaron contra los rifeños. Hasta ocho, según algunos testigos, para proteger la retirada de tropas en una de las páginas más heroicas de la Caballería española.

Ugarte y Arenas cedieron su automóvil para transportar a los heridos que regresaban a Melilla, y prosiguieron a caballo hacia la posición de Monte Arruit. Monte Arruit era un robusto campamento militar construido con altos muros de adobe, concebido como posición de resistencia en la red defensiva española del Protectorado. No tenía agua propia, lo que lo hacía extremadamente vulnerable en caso de asedio, pero allí intentarían reunirse las unidades que retrocedían a la espera de refuerzos o acontecimientos. Antes de llegar, Arenas cedió su montura a un sargento herido y continuó a pie, rumbo al campamento de Titustín.

Monte Arruit

Monte Arruit

Tistutín: mando, técnica y serenidad en el derrumbe

Al llegar a Tistutin, Arenas quedó al mando de las fuerzas por ser el capitán más antiguo. Desde el punto más expuesto reveló de inmediato sus dotes de mando y su temple técnico. Recibió a grupos dispersos de soldados en retirada, muchos de ellos sin mando efectivo. Reorganizó la posición, el racionamiento de agua y víveres, estableció un servicio de comunicaciones y dispuso la apertura de fosas para los cadáveres.

Levantó parapetos con arpilleras y junto al capitán Aguirre Ortiz de Zárate formó una fuerza mixta de zapadores e infantes, para defender el sector crítico del campamento desde el que se sostenía el fuego contra el enemigo.

En la noche del 25 al 26 de julio, Arenas realizó varias salidas fuera del parapeto para incendiar los almiares de paja porque allí se escondían magníficos tiradores rifeños que causaban numerosas bajas.

Félix Arenas

Félix Arenas

Mientras Aguirre se encargaba de cubrirle con una línea de fusiles, un cabo y el soldado Calixto Arroyo entregaban ocho bidones de petróleo a Arenas. Bajo un fuego intensísimo la paja ardió, y con ella varios cadáveres cuyo hedor hacía insoportable la defensa. Arenas sufrió una grave quemadura en la mano al prenderse su ropa, pero pudo sofocar las llamas introduciéndola en la tierra. Aun estando herido, cumplió su objetivo.

Los testimonios coinciden en que en el campamento su presencia siempre era visible sin buscar cobertura. No lo hacía por temeridad, sino porque dado el estado psicológico de la tropa, sabía que la visión física del jefe sostenía la moral de los exhaustos soldados.

Su actuación en Tistutin fue recordada como un ejemplo de liderazgo sereno en medio del colapso que le permitió mantener el orden en un escenario dominado por el pánico.

La posición resistió lo suficiente para permitir la retirada de otras unidades hacia Monte Arruit, pero finalmente, el día 28, tuvo que ser evacuada ante la presión creciente de las harcas rifeñas.

Tahuarda: el corredor de la muerte

Para alcanzar Monte Arruit era imprescindible cruzar el paso de Tahuarda. Arenas solicitó voluntariamente el mando de la retaguardia y a su lado permaneció el capitán Aguirre. Mientras el grueso de la columna se replegaba, se encargaron de contener al enemigo. Aquel puesto era el más letal y él fue el último en abandonar la posición.

Félix Arenas Gaspar

El trayecto fue penoso, marcado por el agotamiento extremo y el hostigamiento constante mientras la columna avanzaba como podía, debilitada por la exposición a pleno sol y la falta de agua. La disciplina se sostenía a duras penas, y Arenas —siempre firme— mantenía la cohesión y la calma: necesitaba evitar que la columna se desintegrara antes de alcanzar el paso.

Tahuarda era una garganta estrecha dominada por tiradores rifeños apostados en las alturas. El terreno se convirtió en un auténtico corredor de la muerte. Una ametralladora enemiga, situada en un punto estratégico, bloqueaba el avance y amenazaba con aniquilar a toda la fuerza.

Héroes de la Guerra de Africa

Héroes de la Guerra de Africa

Arenas comprendió que, si no la neutralizaba, la columna quedaría atrapada. No había tiempo para organizar un asalto colectivo ni para maniobras complejas: la única opción era un ataque individual, rápido y directo.

Armado únicamente con un fusil y granadas, se lanzó solo al asalto. Logró alcanzar la ametralladora, mató a los que la manejaban y la inutilizó. Su acción provocó un instante de desconcierto en las filas rifeñas y pudo permitir que la columna reanudara la marcha.

Monte Arruit: la defensa de la pieza de artillería

Arenas volvía a dirigir la retirada de nuevo con serenidad. Ya les quedaba poco para estar seguros. Apostado siempre en el punto de mayor peligro, sostenía un fuego metódico contra un enemigo muy superior en número porque la mayor parte de sus hombres cayeron muertos heridos o prisioneros, a lo que se sumó la deserción de los efectivos de la Policía indígena. Aun así, lograron frenar a las harkas el tiempo suficiente para que la columna pudiera alcanzar los muros de Monte Arruit.

Documental 'Un destino en Monte Arruit'

Documental 'Un destino en Monte Arruit'

Muy cerca ya de la fortificación, la retaguardia quedó rodeada. A sus puertas, se defendían con sus fusiles. En pleno combate, el alférez Maroto cayó herido; el capitán Aguirre lo cargó al hombro y consiguió entrar en la posición con los supervivientes. Quedaba atrás el capitán Arenas, herido en una pierna, que alcanzaba las inmediaciones de la batería del capitán Blanco, equipada con cañones Schneider de 70 mm, piezas ligeras pero eficaces para defensa cercana, cuya misión era cubrir los accesos al campamento. Cuando los rifeños se lanzaron al asalto definitivo para capturar las piezas de artillería, el terror se apoderó de los soldados e iniciaron una desbandada desesperada hacia las puertas del fuerte. Blanco intentó contener a sus hombres y defender sus piezas, pero el pánico era tan incontrolable que sus propios hombres lo arrollaron y pisotearon en su huida, dejándolo indefenso ante los atacantes. Fue asesinado allí mismo por las fuerzas rifeñas.

Pero Arenas estaba decidido a sostener la batería con los escasos artilleros que quedaban. Mostró tal entereza que los atacantes, admirados por aquel oficial aislado y sin municiones que aún se mantenía erguido y desafiante, de repente, frenaron, y esto permitió que más soldados entraran en el fuerte. Podría haber salvado la vida, pero finalmente, un tiro a bocajarro le voló la cabeza. Su cuerpo quedó allí, junto a los cañones que había intentado salvar, como símbolo de una resistencia que no cedió ni ante la certeza de la muerte. Su cadáver nunca se encontró.

En recuerdo a Félix Arenas

En recuerdo a Félix Arenas

No había transcurrido una hora cuando los oficiales reclamaban ante el general Navarro la Laureada de San Fernando para Arenas. Su sacrificio había sido tan evidente que nadie dudó de que merecía la más alta recompensa al valor.

La ayuda que nunca llegó

Monte Arruit sería la última estación de aquel camino infernal marcado por la sed, el agotamiento y la desesperación. Pero en absoluto les proporcionó la seguridad que tanto anhelaban. Nunca llegaron refuerzos y la resistencia final, aunque heroica, terminó en tragedia. Rodeados resistieron durante días sin agua ni víveres, hasta que el General Navarro, tras comunicar con Melilla a través de un heliógrafo, fue autorizado a pactar la capitulación. Los rifeños aceptaron que los españoles abandonaran libres de la posición y fueran escoltados hasta Melilla. Eso sí, deberían entregar todas las armas. Pero con una vileza extrema lo incumplieron y acometieron la matanza de tres mil soldados indefensos con un salvajismo sin límites que incluyó todo tipo de torturas y mutilaciones.

Tumba en Monte Arruit

Tumba en Monte Arruit

Memoria y homenaje

El nombre de Félix Arenas permanece vivo en el callejero de varias ciudades y en la memoria militar española. Un acuartelamiento de Melilla lo honra. Ms recientemente, su historia ha aflorado con un documental y por protagonizar un hermoso lienzo de Ferrer-Dalmau donde podemos verlo Mauser en mano con una actitud más que heroica, mesiánica.

La conducta de Félix Arenas fue tan excepcional que la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando se tramitó con inusual celeridad. El Real Decreto de 1924 reconoció su valor en los combates, subrayando que mantuvo el orden en la retirada, el aliento a la tropa con su ejemplo y el haber dado su vida para salvar a sus hermanos de armas.

Monumento a Félix Arenas en el Parque de Ingenieros de Guadalajara

Monumento a Félix Arenas en el Parque de Ingenieros de Guadalajara

Su muerte no fue un episodio más del desastre, sino un acto de afirmación moral que elevó la dignidad de un ejército deshecho. Arenas, héroe del Cuerpo de Ingenieros, encarnó la resistencia ética en medio de la derrota y su sacrificio iluminó aquel tiempo de sombras. La patria reconoció en él a uno de esos hombres cuya grandeza no se mide por la victoria, sino por la altura moral de quienes cumplen su deber hasta el final.

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