Episodio de la intervención francesa en España en 1823. Los Cien Mil Hijos de San Luis

Episodio de la intervención francesa en España en 1823. Los Cien Mil Hijos de San Luis

Dinastías y poder

Por qué los Cien Mil Hijos de San Luis invadieron España sin encontrar resistencia

En su proclama, el duque de Angulema, establecía claramente que su intención era librar del destierro a los sacerdotes, del despojo a los propietarios y al pueblo del dominio de algunos ambiciosos que, proclamando la libertad, «no preparan sino la esclavitud y la destrucción de España»

El duque de Angulema cruzó la frontera de España en abril de 1823. Lo hizo al frente de los Cien Mil Hijos de San Luis, dispuesto a restablecer el absolutismo en España. Los años del Trienio Liberal habían supuesto una rara avis en el orden tradicional impuesto tras el convulso periodo napoleónico: España era el único país de Europa con un modelo liberal que olía a Revolución.

Y, en el marco del Congreso de Viena y la Restauración absolutista, la aventura de Riego no podía ser viable. España necesitaba orden, no veleidades revolucionarias. Atrás quedaba el manido «marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional» de Fernando VII.

Luis Antonio de Borbón, más conocido como duque de Angulema, era el primogénito de Carlos X, Rey de Francia entre 1824 y 1830. Su madre era María Teresa de Saboya, hija de la infanta española María Antonia. Tenía casi cincuenta años cuando la política europea en el contexto de las alianzas absolutistas forzó su intervención en España.

¿Quién mejor que un sobrino de Luis XVIII para terminar con el liberalismo en España? ¿Quién mejor que el marido de María Teresa de Francia, la superviviente de la Revolución Francesa? Angulema había contraído matrimonio con María Teresa de Borbón en Letonia en 1799. Ella era la única descendiente del matrimonio de Luis XVI y María Antonieta; la única testigo del Temple.

Aunque eran primos en primer grado, se habían unido en los días del exilio y representaban la continuidad del ideal absolutista decapitado en la Revolución. Entonces, ¿no era un «nieto de San Luis» —con el simbolismo que aquello implicaba— la mejor opción para libertar a la Familia Real española del cautiverio en el que se encontraba a causa de unos vasallos rebeldes?

Angulema estaba dispuesto a restablecer el Altar y las Leyes, a pasar los Pirineos al frente de cien mil franceses para ayudar a los españoles amigos a rescatar a Fernando VII, entonces «cautivo» en el sur de España por el Gobierno liberal.

El duque de Angulema en la toma del fuerte del Trocadero (31 de agosto de 1823)

El duque de Angulema en la toma del fuerte del Trocadero (31 de agosto de 1823)

En su proclama establecía claramente que su intención era librar del destierro a los sacerdotes, del despojo a los propietarios y al pueblo del dominio de algunos ambiciosos que, proclamando la libertad, «no preparan sino la esclavitud y la destrucción de España» (Proclama del duque de Angulema a los Españoles, 7 de abril de 1823). Hizo su entrada, precedido del llamado 'Ejército de la Fe', una fuerza realista de voluntarios españoles partidarios de la restauración del poder absoluto de Fernando VII, respaldada por la Regencia de Urgell.

Desde el triunfo de Riego, España llevaba tres años como una especie de anacronismo en Europa. Se prometieron libertades y se puso en vigor la Constitución de 1812, esa Pepa que había liquidado el modelo de soberanía tradicional español. Fernando VII lo había aceptado con poco entusiasmo, más bien forzado por la dinámica de un ejército regular que, desde los días de los pronunciamientos, parecía inclinarse por la vía liberal.

Y eso que el liberalismo estaba dejando de ser monolítico, disociado ya entre moderados y progresistas, que tanto lastrarían el siglo XIX. La Europa de Alejandro I de Rusia, Francisco I de Austria y Federico Guillermo III de Prusia no podía consentirlo. Y menos el agónico Luis XVIII que, sin un heredero directo, veía a su sobrino Angulema como posible delfín.

Los franceses cruzaron los Pirineos y entonces los españoles no se rebelaron. No hubo sedición patriota ni otro 2 de mayo. Y tan franceses eran los Cien Mil Hijos de San Luis como los de 1808. ¿Qué pasó entonces? ¿No sería que el ánimo de restablecer el absolutismo como modelo tradicional de monarquía era el que calaba realmente entre los españoles? Porque, salvo alguna pequeña escaramuza en Andalucía y Cataluña, no se quiso expulsar ahora a los galos. El general Armand Charles Guilleminot fue el jefe de Estado Mayor del Ejército francés que invadió España bajo el mando del duque de Angulema, y a él nadie le echó. De hecho, los franceses se quedaron hasta la retirada de las últimas guarniciones y contingentes en 1825, cuando Fernando VII ya había sido liberado y el absolutismo, restablecido. Muchos liberales partieron al exilio, aunque Riego, héroe para algunos y villano para muchos, fue ejecutado en la madrileña plaza de la Cebada.

El duque de Angulema fue recibido como un gran vencedor en Francia. Pocos meses después, su padre se convirtió en Rey y él pasó a ser el heredero. Con la Revolución de julio de 1830 y la abdicación de Carlos X, Luis Antonio renunció a sus derechos efectivos al trono. Se exilió en Inglaterra y después en Austria. Murió en 1844 y no tuvo hijos. Su esposa, María Teresa de Francia, le sobrevivió ocho años. El II Imperio francés estaba a punto de comenzar.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas