Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial

Real Biblioteca del Monasterio de El EscorialPatrimonio Nacional

Picotazos de historia

Cómo la biblioteca de un sultán de Marruecos acabó en El Escorial

Se trata de la biblioteca personal de Al Mansur, un ávido coleccionista de manuscritos del Corán y de los textos hadices (dichos de los profetas) con anotaciones de diferentes eruditos, así como de textos filosóficos y científicos

La Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, vulgo la Escurialense o la Laurentina, es una real biblioteca creada por orden del rey Felipe II.

El rey quería centralizar el gobierno de sus enormes territorios y eligió para ello la villa de Madrid, poniendo fin a siglos de una corte itinerante que hasta entonces había existido y que tan engorrosa resultaba para el funcionamiento de las, cada vez más, complejas estructuras del Estado.

Se creó la Biblioteca en 1559 y en 1565 empiezan a llegar las primeras remesas de libros. En 1575 se llevará a cabo el primer inventario, que mostrará que ya tiene más de 2.000 manuscritos y unos 2.000 libros impresos.

Vista del Monasterio de El Escorial, por Michel-Ange Houasse

Vista del Monasterio de El Escorial, por Michel-Ange HouasseWikimedia Commons

No aparece en este inventario la compra que se hizo de la testamentaría de don Diego Hurtado de Mendoza. Este fue un diplomático, hijo del marqués de Mondéjar, II conde de Tendilla, personaje de gran cultura de quien se pensó que fue el autor del Lazarillo de Tormes, y de cuya biblioteca se adquirirían dos mil piezas selectas entre libros y manuscritos, que no aparecen en el inventario antes mencionado.

En 1671, el 7 de junio, tuvo lugar un terrible incendio que arrasó con más de 5.000 insustituibles códices de la época de los visigodos en adelante. ¡Una tragedia! La pérdida fue irreemplazable. Desde entonces se estableció que los manuscritos se conservasen en zona aparte, creándose para ello el hoy llamado Salón de Manuscritos.

Incendio, 1 de octubre de 1872, dibujo de Galofre en La Ilustración Española y Americana

Incendio, 1 de octubre de 1872, dibujo de Galofre en La Ilustración Española y Americana

Ahora, con su permiso, quisiera contarles cómo fue que la biblioteca del Sultán de Marruecos acabó en la Biblioteca de El Escorial.

Tendremos que desplazarnos al año de gracia de 1612. En el sultanato de Marruecos reina el caos y la guerra civil. Tras la muerte en 1603 de Amad al Mansur, sus hijos Zaydán al Asir, desde Marrakech, y Abú Ares Abdallá, desde Fez, lucharán por el control. Un tercer hermano, Muhamed al Shaik, había tenido que huir a España, entre otros motivos, por entregar la ciudad de Larache.

Estos desórdenes generaron más desconcierto y fomentaron revueltas. Las dos más importantes serían las de la República Corsaria de Salé y la de Ahmed ibn Abi Mahalli, quien se declararía Mahdi (último profeta que aparecerá al final de los tiempos). En 1612, este último, el Mahdi, ha tomado la ciudad imperial de Marrakech, obligando a Muley Zaydán y a su corte a huir al puerto de Safí, donde embarcará rumbo a la ciudad de Agadir (Santa Cruz en la cartografía española).

En Safí, el Muley Zaydán contrata a dos barcos extranjeros. Uno es holandés y no tendrá queja de él; el otro es francés, se llama Notre Dame de la Garde y pertenece a Jean Philippe de Castellane. En esta nave embarcarán la madre de Zaydán, sus doncellas y damas de compañía. Junto a ella se llevaba a bordo una rica carga.

De vuelta a Safí, Zaydán aplaza el pago de 3.000 ducados que ha prometido a Jean Philippe de Castellane. El comandante y propietario permite el desembarco de las damas, pero no el de la carga hasta que no haya recibido el dinero que se le adeuda.

La noche del 22 de junio levan anclas y parten discretamente al amparo de la oscuridad. Apenas han esperado unos días, pero el capitán de Castellane se justifica en que, si no le han pagado, es justo que se lleve una carga que vale mucho más.

En el Archivo General Militar de Segovia y en el de Simancas, donde se encuentran los originales, está la documentación y copias del acta que ordenó levantar el capitán general de la Real Armada y Ejército del Mar Océano, don Luis Fajardo.

Ese día, 31 de julio, han entrado en la bahía de Cádiz cuatro barcos bajo el mando de don Juan de Lara, que patrullan el Estrecho haciendo función de vigilancia y corso contra las naves musulmanas. Traen con ellos a la Notre Dame de la Garde.

Informado don Luis Fajardo, da orden de que se haga un cumplido inventario de todo lo que contienen las bodegas. Muchos baúles aparecen forzados y abiertos. Se ofrece a la tripulación la alternativa tradicional: 5 % del valor de lo que hayan tomado, siempre que lo devuelvan, o penas a latigazos y galeras a aquellos a los que se les encuentre encima objetos de valor que no puedan justificar. Entre las cargas hay «73 fardos de libros».

De Castellane y su tripulación serían acusados de piratería, juzgados y condenados. La verdad es que su destino no nos interesa para nada. En cambio, sí es interesante la historia de los fardos de libros.

Eruditos en una biblioteca abasí

Eruditos en una biblioteca abasí

Resulta que se trata de la biblioteca personal de Al Mansur, un ávido coleccionista de manuscritos del Corán y de los textos hadices (dichos de los profetas) con anotaciones de diferentes eruditos, así como de textos filosóficos y científicos.

Don Luis se da cuenta de que los fardos contienen cosas de gran valor y los envía directamente al rey Felipe III, que da orden de que se lleven a la biblioteca del Real Sitio de El Escorial, donde se les haga un completo inventario.

El encargado de la labor, cuando llegan los fardos a principios de agosto, es el intérprete de palacio para las lenguas «túrquicas, arábigas y persianas (sic)». Su nombre es Francisco de Gurmendi, quien ya tuvo que lidiar con las tablas de plomo que aparecieron en Sacromonte.

Francisco de Gurmendi hará un magnífico trabajo que formará la estructura que tendrá que completar su sustituto, el escocés David Colville, tras la muerte de Gurmendi. Este índice y catálogo será utilísimo para la integración de la biblioteca saadí, como se la empieza a llamar, dentro de la biblioteca Escurialense. Lamentablemente, el inventario-catálogo, así como las copias que de él hubiera, se perdieron durante el trágico incendio de la biblioteca de 1671.

Informaron a Muley Zaydán de que el traidor de Jean Philippe de Castellane había huido con la carga y de que había sido capturado por barcos españoles cuando ya tenía listo el envío de una nave rápida a Marsella para denunciarlo por robo y piratería.

Fue una noticia acibarada para el sultán: por un lado, se alegraba de la captura del Notre Dame de la Garde con su capitán y tripulación, pues sabía que las leyes españolas no eran amables con los piratas; por el otro lado, era consciente de que considerarían la carga como presa legítima, ya que teóricamente ambas naciones seguían en guerra.

Y aunque apreciaba más los libros que las joyas perdidas, era consciente de que los eruditos de palacio (en la corte de Felipe III) pronto se darían cuenta del enorme valor de la biblioteca.

Al menos dos veces trató de rescatar la biblioteca ofreciendo 60.000 dinares de oro por los manuscritos y los libros. No lo consiguió. En tiempos del rey Carlos II (1690) y más tarde en tiempos de Carlos III (1766), dos distintas embajadas del sultanato solicitaron que se les enseñara la colección de libros y manuscritos provenientes de la biblioteca imperial de Marrakech.

Un tercero, en nombre de su señor Muhamad III, escribió un texto narrando los detalles de su embajada (Libro del Elixir para liberar al Cautivo) en el que narra cómo le enseñaron unos 1.800 manuscritos y libros riquísimos y la sensación de tristeza por la pérdida de tal tesoro.

En el año 2005 se inició el escaneado digital de los 1.939 manuscritos y textos que forman la biblioteca del sultán Zaydán. Las copias digitalizadas se entregaron al ministro de Cultura marroquí en una ceremonia oficial. De esta manera, los eruditos de Marruecos podrán estudiar los textos sin tener que viajar.

Esta es la historia de por qué la biblioteca del sultán de Marruecos está en la biblioteca de El Escorial.

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