Emilio del Río, escritor y profesor

Emilio del Río durante su visita a la redacción de El Debate

Entrevista al profesor y escritor Emilio del Río

Emilio del Río: «Nerón y Calígula tienen ejemplos muy cercanos en la realidad política»

El divulgador publica Pequeña historia de la antigua Roma, un recorrido ágil por un mundo que, sostiene, sigue ayudando a entender nuestras instituciones, nuestra política y hasta los errores del presente

«Si queremos entendernos a nosotros mismos, tenemos que conocer la historia de Roma», sostiene el profesor y escritor Emilio del Río en la introducción de su último libro titulado Pequeña historia de la antigua Roma, donde narra más de mil años de historia de forma amena y divertida para acercar el mundo clásico a todo tipo de lectores.

Roma está repleta de aventuras increíbles, traiciones memorables, lealtades a prueba de todo, amores imposibles, odios eternos y ambiciones desmedidas. Por ello, no es de extrañar que siga generando tanto interés en pleno siglo XXI.

Emilio del Río durante la entrevista en la redacción de El Debate

Emilio del Río durante la entrevista en la redacción de El DebateÁlvaro Raya-Demidoff

–¿Qué te llevó a escribir Pequeña historia de la antigua Roma, después de haber publicado otros libros sobre el mundo romano?

–Roma es la mejor serie que hay. Lo tiene todo: política, ambición, lealtades a prueba de bomba, traiciones memorables, pasiones arrebatadoras y sexo. Es la mejor serie que hay, sin duda alguna. Y, como dicen ahora, basada en hechos reales. Es decir, la historia de Roma es en sí misma divertida. Por un lado, y luego por otro, se aprende. Primero, porque nuestra historia viene de ahí. Pero no solamente es una cuestión de historia, es una cuestión de presente también, porque es una forma de conocernos a nosotros mismos.

Yo siempre digo que hay que acercarse al mundo clásico, a Roma en particular, no como si fuéramos un club de fans, sino, como decía Chesterton: «¿Para qué cometer los errores de siempre si podemos cometer otros nuevos?». Nos ayuda a entender el presente, a entendernos a nosotros mismos y a afrontar con más seguridad y con más solidez el futuro.

Nuestras instituciones vienen de Roma. Nuestra forma de entender la política y la sociedad, no digo ya las relaciones sociales, eso es otra cosa. Eso es otro libro, Calamares a la romana. Desde el punto de vista institucional y político, cómo nos configuramos social y políticamente viene de Roma. Por tanto, es una forma de entender lo que nos pasa.

España tiene un déficit: falta cultura clásica y latín en la educación

–En este libro has tenido que recortar más de mil años de historia en unas 200 páginas. ¿Cómo decidiste qué acontecimientos y personajes deberían aparecer?

–Sí, porque cuando hablamos de Roma estamos hablando de un mundo político que dura 1.228 años, desde la fundación de la ciudad hasta que cae el último emperador, a finales del siglo V después de Cristo. Cómo esa pequeña aldea del centro de la península itálica, a 20 kilómetros de la costa y a la orilla de ese río tranquilo y caudaloso que es el Tíber, llegó a dominar todo el mundo conocido. Y cómo mantuvo durante tantos siglos el imperio. Yo lo he resumido de una forma muy narrativa.

En la vida es más fácil descartar que elegir. Este libro, Pequeña historia de la antigua Roma, es pequeño por la duración, no porque esté dirigido a pequeños. No es un manual, que yo los manejo en las clases en la universidad, con mis alumnos, y me encantan. Pero esto no es un manual, no es una enciclopedia, no es un diccionario, es una obra narrativa con diálogos que he querido que sea divertida y ágil, en la que cuento lo más importante de la historia de Roma que hay que conocer para hacernos una idea de lo que fue ese mundo que en lo político se diluyó. Pero quedó la cultura. Quedó la lengua. Del latín vienen las lenguas romances.

Es la famosa escena de los Monty Python en La vida de Brian: «¿Qué han hecho los romanos por nosotros?». Citan las calzadas, las carreteras, el vino. Hay varias cosas que no dicen: el latín, del que viene nuestra lengua, el castellano; la mayor parte de las lenguas peninsulares, el francés, el portugués, el italiano, que se hablan en todo el mundo; el derecho; la idea del ciudadano, del civis como sujeto jurídico y su relación con otro y con la cosa pública, la res publica; el humor. Una cosa es la risa y otra el humor: es cultural. La forma que tenemos de entender el humor viene también de ahí, y nuestras instituciones vienen de Roma.

–¿Y cómo ha cambiado tu forma de contar la historia desde tus primeros libros hasta este?

–Yo he querido siempre que, en esta parte de libros de divulgación, sean de divulgación seria. Yo escribo, lo digo con ironía, rollos de investigación. Si no fuese porque hago investigación en la universidad, no podría escribir estos libros de divulgación. Lo intento siempre haciendo mía una máxima de Chesterton, el gran escritor inglés, que era genial, que decía: «Serio no es lo contrario de divertido. Lo contrario de divertido es aburrido».

Yo lo cuento con rigor, de una forma seria y divertida. Eso es lo que pretendo siempre: acercar al gran público este mundo apasionante que es Roma. Ahí están las ediciones de cada uno de los libros. Parece que tiene buena acogida, afortunadamente. Espero que siga siendo así.

Siempre Roma es el espejo en el que se han reflejado las grandes historias

–¿Por qué crees que el mundo clásico sigue despertando interés en pleno siglo XXI?

–Porque sigue explicándonos a nosotros mismos y porque nos ayuda a afrontar el futuro con seguridad y confianza en este mundo con tantas incertidumbres. El mundo clásico, como digo, nos ayuda. Pero yo insisto siempre en esto: no se trata de ser un club de fans. ¿Para qué cometer los errores de siempre si podemos cometer otros nuevos? En el resto de los grandes países de Europa se estudia latín y griego y cultura clásica: Alemania, Reino Unido, que son países cuya lengua de cultura no viene del mundo clásico, aunque tienen una gran influencia. El 80 % del inglés viene del latín. No digamos en Francia, en Italia...

En cambio, en España no se estudia. Solamente hay una comunidad autónoma en la que la cultura clásica es obligatoria en la ESO, en la Educación Secundaria Obligatoria, que es Castilla y León. ¿Cuál es la comunidad que siempre sale mejor parada en el informe PISA? Castilla y León. Yo creo que España tiene un déficit ahí. Somos un gran país, pero están por delante de nosotros estos otros grandes países de Europa. Una de las cosas que tenemos que mejorar es poner cultura clásica y latín. No digo cinco años, pero en la ESO tienen obligatorias y en bachillerato, que es de humanidades, también.

En esto los otros países nos llevan ventaja y hay demanda. Ahí están los libros, la demanda que tiene el pódcast de Radio Nacional, el programa también de latín y cultura clásica, los domingos con Pepa Fernández en Radio 1, en Radio Nacional, en el que participan cientos de institutos y de ikastolas de toda España. Hay demanda de conocimiento. Roma está de moda, pero falta que en España se refleje en el sistema educativo.

Roma es la mejor serie que hay basada en hechos reales

–¿Qué errores o tópicos sobre Roma encuentras más frecuentes cuando hablas con los estudiantes?

–Hollywood ha hecho mucho a favor del mundo romano, pero también ha establecido unos clichés sobre el mundo romano. En el libro intento contarlo, pero no me dedico a desmontar las imágenes que tenemos ya de eso, porque eso convive con nosotros.

España le debe a los dos emperadores, Trajano y Adriano, algo bueno. Posteguillo ha publicado las novelas de Trajano. Yourcenar escribió esa obra maestra maravillosa que es Memorias de Adriano. No hay ninguna serie, no hay nada sobre estos dos, que además fueron dos de los buenos emperadores. Esto lo decía el gran historiador Gibbon. Empieza con Trajano, Adriano, Antonino Pío, Lucio Vero y el filósofo emperador Marco Aurelio, que escribió ese bestseller que es Meditaciones.

Sí, tenemos unos estereotipos que nos vienen sobre todo a partir del cine. Pero fíjate, por ejemplo, cuando Henryk escribe Quo Vadis. Él está trasladando la realidad de Polonia y Rusia a Roma, porque los cristianos son los polacos oprimidos por los romanos. Siempre Roma es el espejo en el que se han reflejado las grandes historias.

Portada de la obra 'Pequeña historia de la antigua Roma'

Portada de la obra 'Pequeña historia de la antigua Roma'

–Y como profesor, pero también como escritor y divulgador, ¿qué consejo darías a quienes piensan que el latín o la historia antigua son materias del pasado?

–El latín es divertido. Yo lo cuento cada domingo en la radio, lo cuento en los artículos, lo cuento en Latin lovers. No me canso de decirlo. Además, hablamos latín sin darnos cuenta. Te lo pasas genial, aprendes y te sirve para la vida y para el lenguaje. Al fin y al cabo, somos lo que contamos. La comunicación es fundamental y somos lenguaje. Con la historia, lo mismo. La historia de Roma es apasionante, es divertida y encima aprendes.

Este es un libro dirigido a lectores de todas las edades que no tienen por qué tener ni idea de Roma. Yo he articulado mucho el libro en torno a los grandes personajes. Para mí, dos de los grandes son dos personajes que no son romanos, Cleopatra y Aníbal, pero que hacen que Roma sea más grande todavía.

Tenemos a Cincinato, este líder republicano. Después, César, que me parece otro de los grandes. Augusto es un ejemplo. Augusto pone en marcha la tercera etapa de la historia de Roma, que es la del Imperio. La monarquía son 150 años.

Luego llega la República, 500 años. Y el Imperio, que es una dictadura, otros 500 años. Pero Augusto era un genio de la propaganda. Nos pensamos que hemos inventado la propaganda, las fake news y los bulos. Augusto era un genio absoluto. Cuando pone en marcha todo eso contra Cleopatra, que es la forma indirecta de cargarse y justificar la guerra contra Marco Antonio. Creo que todo eso nos ayuda a entendernos mejor. Además, es divertido y te lo pasas bien.

–En tus libros también insistes en que Roma sigue presente en nuestra vida. ¿En qué aspecto de nuestra sociedad actual te parece más romano?

–Cuando cuentas algunos emperadores, Nerón, Calígula, me parece que hay ejemplos tan cercanos en la realidad política que el lector debe decidir y sacar sus propias conclusiones. Al leerlo puede pensar: «Estoy leyendo un libro de actualidad».

El ejemplo de Cincinato. El pueblo vecino pone en riesgo a Roma y llaman de forma excepcional a este Cincinato, que había sido cónsul, había gestionado muy bien y había demostrado que valía también para dirigir el ejército. Soluciona el problema y le proponen continuar. Pero él dice: «No, no, a votar. Yo me vuelvo al arado».

Me parece muy importante ese mensaje: el que está en política, en el gobierno, está para servir al pueblo, no para servirse del pueblo; el poder es del pueblo, no del que lo ostenta, y hay unas reglas que cumplir. Sin eso no hay verdadera libertad.

La democracia de Roma, en la República, tampoco es una democracia como la nuestra. Es una oligarquía y hay una tensión entre el Senado y el pueblo. Como digo, hay movimientos sociales en los que se inspira después la Revolución Francesa; Espartaco, la sublevación de los gladiadores y esclavos frente al Senado. Digamos que era un régimen oligárquico. Pero hay una concepción, una idea y una defensa de la libertad. Y me parece que eso es de una actualidad extraordinaria.

Emilio del Río durante la entrevista en la redacción de El Debate

Emilio del Río durante la entrevista en la redacción de El DebateÁlvaro Raya-Demidoff

–¿Hay algún personaje o episodio histórico sobre el que todavía sueñas con escribir?

–Sí. Hay personajes que me parecen absolutamente fascinantes. Cleopatra me parece fascinante. Una mujer adelantada a su tiempo, reina de Egipto en un mundo de hombres, como ha sido la humanidad, dominada por hombres durante miles de años y hasta ahora mismo. Lo que se ha avanzado, pero lo que nos queda todavía.

Cleopatra es una mujer culta. Plutarco, el historiador griego, dice que habla ocho idiomas. Se pone el mundo por montera. Primero se enrolla con Julio César, que ya estaba casado tres veces, y se va a Roma. Luego vuelve. Matan a Julio César.

Marco Antonio quiere, lo digo con ironía, honrar a César. Y vaya si lo honró, porque tuvo otros dos hijos con Cleopatra. Augusto hace la guerra con Marco Antonio, pone sus ejércitos al lado de las legiones romanas. Hicieron también alguna otra cosa, ¿verdad?, cuando hacían sus cruceros, literalmente, por el Nilo. Hay una guerra entre Augusto y Marco Antonio por el poder.

"Cleopatra y Marco Antonio moribundo" o "La muerte de Marco Antonio". Dibujo de Joaquín María Fernández de Córdoba y Vera de Aragón

«Cleopatra y Marco Antonio moribundo» o «La muerte de Marco Antonio». Dibujo de Joaquín María Fernández de Córdoba y Vera de Aragón

Augusto lo disfraza como una guerra contra Cleopatra, pero en realidad quiere todo el poder para él. Lanza esa campaña de bulos y de propaganda contra Cleopatra. Al final, Marco Antonio, una historia romántica, que se ve claramente que no era un lince absoluto, piensa que ella ha muerto en la batalla y se suicida. Antes de que Augusto se lleve a Cleopatra como prisionera y la haga desfilar como botín de guerra en Roma, se suicida.

Me parece una mujer 2000 años adelantada a su tiempo. Cleopatra es fascinante. Julio César es otro personaje fascinante. Es un visionario absoluto, un modernizador, un revolucionario en el buen sentido de la palabra. Solo tenía un defecto, lo digo también con ironía: quería todo el poder para él. No quería que le votasen y por eso lo matan. Los republicanos lo matan porque quieren que se vote. Ahí cambia la historia. Y Augusto, que era un lince, se hace con todo el poder.

–Ya para terminar, si pudieras sentarte a cenar con un personaje de la antigua Roma, ¿a quién elegirías y qué le preguntarías?

–Cenar con Cleopatra. Pero también conocer a Julio César sería fascinante. Y hablaría de lo que ha hecho hoy, porque las grandes personas se ven en las pequeñas conversaciones.

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