Fotografía de Alberdi tomada en Chile entre 1850 y 1853

Fotografía de Alberdi tomada en Chile entre 1850 y 1853

La Argentina independiente de Alberdi: quiso romper con España y acabó mirando a Europa

Los orígenes de la nación argentina fueron complicados, uno de los más grandes pensadores argentinos, Alberdi buceó en la identidad nacional rioplatense, buscando definir esta

En 1816, las Provincias Unidas del Río de la Plata declararon su independencia de España. Cuatro años más tarde, se habían separado Paraguay, Uruguay y la actual Bolivia. Los padres de la patria entendían que todos los males procedían de la manera de gobernar y administrar de los españoles, por lo que se empeñaron en destruir el sistema virreinal. Las nuevas ideas de libertad y librecambismo propiciaron un nuevo clima político renovador y un comercio muy favorable para Inglaterra.

La realidad es que el cambio condujo a la anarquía durante los primeros años, a las luchas civiles y al Estado fallido. Pasaron algunos años hasta que Juan Manuel de Rosas impuso una dictadura para demostrar que el poder era lo importante.

También tuvieron que pasar algunos años para que aparecieran intelectuales que se dieron cuenta del camino emprendido y propusieron soluciones desde la honradez política. Uno fue Domingo Faustino Sarmiento y otro, Juan Bautista Alberdi.

Alberdi era partidario de un sistema federal frente a los unionistas de Urquiza, entre los que se encontraba Sarmiento. Era un apasionado de la política, pero también un intelectual que elaboró una larga y meditada cadena de posibles reformas que empezaban por la educación, que no debía limitarse a la simple instrucción. Era un jurista que creía que los derechos y las libertades, las obligaciones, los límites del poder, etc., debían estar consignados con claridad en las leyes para impedir la arbitrariedad y el abuso.

Pero la legislación también debía servir para promover el desarrollo mediante la población del país y, en consecuencia, la creación de una nación, que fue el gran desafío al que se enfrentaron los dirigentes de la primera etapa de la independencia en los distintos países americanos.

Alberdi tuvo, dentro de su gran capacidad intelectual, una actividad literaria muy amplia. Sus ideas se concentraron en Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852), publicado durante su exilio en Chile, y en otras obras ya clásicas. Ideaba, preveía y planeaba un futuro ideal que, en ocasiones, la realidad truncaba.

Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina por Juan Bautista Alberdi

Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina por Juan Bautista Alberdi

Lo primero que debía solucionarse, a su juicio, era la disputa que unionistas y federales mantenían desde el primer momento. Se necesitaba una Constitución que satisficiera a todos, al menos en lo principal. Sus ideas se plasmaron en la de 1853, un compromiso entre unos y otros que impidió nuevas segregaciones.

Lo segundo era crear un Estado nación según el modelo de los países avanzados. Pero se dio cuenta de que en Argentina había dos naciones: los criollos descendientes de españoles y los indios originarios. «Lo que llamamos América independiente no es más que la Europa establecida en América», escribía, y continuaba: «Los que nos llamamos americanos no somos otra cosa que europeos nacidos en América».

Alberdi no era un pensador aislado; su mentalidad era la general. Su ideal era compartido por los nuevos próceres, a los que los indígenas seguían llamando españoles, como confesaba el propio Alberdi. Y aceptaba sin cortapisas la idea general de la burguesía criolla antiindígena en el capítulo XV de sus Bases: «¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?».

Primer izamiento de la bandera argentina por el general Manuel Belgrano

Primer izamiento de la bandera argentina por el general Manuel Belgrano

Era necesario crear la nueva nación argentina. Pero no podía surgir de la nada ni se podía inventar una raza que no existía. Más tarde, en su libro La República Argentina consolidada en 1880 con la ciudad de Buenos Aires por capital (Buenos Aires, 1881), identificaría nación con Estado, pero sus escritos anteriores demuestran una visión racial de este y una exclusión de los habitantes primitivos, arrinconados en el sur.

Argentina era un país inmenso y casi despoblado. Había un enorme potencial de desarrollo y riqueza que necesitaba, ante todo, hombres que trabajaran. El ideal de Alberdi debía realizarse mediante la inmigración. Los trabajadores debían venir de Europa porque llevaban el conocimiento, la disciplina, la cultura, la libertad y la ciencia.

Escribió que el odio a Europa era un resabio del sistema colonial español. Siempre vio a sus antepasados con la prevención de los conversos y como responsables de lo malo que subsistía, seguramente influido por las ideas renovadoras que surgían de las logias de obediencia inglesa. No concebía que en esas corrientes de inmigrantes se incluyera también el correspondiente porcentaje de delincuencia, fraude, indolencia o ambición sin frenos morales.

Y, lo que era peor, a pesar de ser un defensor de la educación como medio para mejorar la sociedad, no contaba con los nativos. Los despreciaba, como hicieron tantos otros caudillos independentistas. Despreciaba la disposición del roto, del gaucho y del cholo, que nunca conseguirían trabajar como los europeos.

Buscaba poblar los territorios casi desérticos, pero al estilo europeo: aumentar la densidad de población para abandonar la forma indígena de nomadismo y las grandes regiones sin cultivar. Defendía una inmigración masiva de europeos de cualquier religión para atraer a suizos, alemanes o ingleses, así como una apertura al capital extranjero, al que se entregarían los ferrocarriles, las minas, los puertos, etc.; ayudas y beneficios fiscales para las empresas extranjeras y la supresión de los derechos aduaneros.

Visto con ojos actuales, parece una política de hipotecas y deuda soberana. Entonces, de manera sincera, creían que era la llave del desarrollo. Pero ¿cómo se iba a pagar la inversión extranjera si no era hipotecando los posibles beneficios que se produjeran? Sin impuestos ni arrendamientos, ¿no iban a salir del país los productos de la inversión? Esos fueron efectos negativos que no se intuyeron.

Alberdi fue un hombre de ideas. Cuando Urquiza le ofreció el Ministerio de Hacienda en 1854, prefirió marcharse a Europa como diplomático. Rehuyó la responsabilidad de gestionar. Con su marcha se cerraba así el ciclo de la independencia y se originaba la nación argentina, de la que fue uno de los más ardientes propulsores y uno de sus publicistas más prolíficos. Impulsó el pacto y soñó con un país grande.

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