El historiador Francisco Javier Osuna Molina, más conocido en redes como Jota (historyjota) es uno de los 'infuencers' de Historia más populares de nuestro país
Entrevista al historiador y divulgador Francisco Javier Osuna Molina
El reto de contar la historia en un minuto: «España fue lo que no ha sido ninguna potencia nunca»
El historiador y divulgador Jota (historyjota) publica un libro que recorre la historia de España con humor para desmontar mitos y combatir a los haters
Hay gente que sueña de pequeña con ser futbolista, bombero o policía; Francisco Javier Osuna Molina, conocido en las redes como Jota (@historyjota), soñaba con ser historiador. A sus 25 años, que cumple el día de la efeméride de la batalla de Las Navas de Tolosa, ha logrado construir un proyecto como historiador a través de las redes sociales sin perder el rigor histórico que lo caracteriza.
Acaba de publicar Historia de España para todo el mundo (Penguin), libro en el que aborda de forma cercana y con humor toda la historia de España. Conversamos con el joven historiador, profesor y divulgador –o influencer del pasado– sobre ese pasado común, el arte de la divulgación, los haters y las claves para contar la historia en la actualidad.
–¿Cuál es tu «imperio romano», término que se puso de moda en las redes, de la historia?
–Siempre digo que me gustan todas. Cuando digo todas, son todas. Pero es verdad que, por ejemplo, la etapa que va del siglo XVI al XVII, un poco el Siglo de Oro español y parte del Barroco, me parece muy interesante porque España fue lo que ninguna potencia ha sido nunca. Hay pocas naciones cuya historia sea inseparable de la historia universal. Y España es una de esas naciones. La importancia que tiene España para el mundo es de una complejidad tremenda. Hay naciones que marcan una época, un devenir, que cambian el rumbo de los acontecimientos y determinan los dos o tres siglos siguientes.
Hay pocas naciones cuya historia sea inseparable de la historia universal. Y España es una de esas naciones
Y España fue eso en aquellos siglos. El mundo nunca volvió a ser el mismo después de España, igual que el mundo nunca volverá a ser el mismo después del auge de Estados Unidos o que nunca lo fue después del Imperio romano. Pero luego tienes siglos como, por ejemplo, el XIX. Para entender un siglo tan complejo como el XX, hay que entender el XIX, que es una locura absoluta. Es un siglo surrealista que, si lo miras desde un punto de vista incluso humorístico, hablando mal y pronto, te descojonas, a pesar del drama absoluto que fue desde un punto de vista patriótico.
–Toda esa historia la recoges en tu nuevo libro. ¿Qué se va a encontrar el lector al leerlo?
–Historia de España para todo el mundo es un viaje ameno, divertido y cercano, alejado de la visión de la historia como algo aburrido. Es una solución rápida para cualquier público: desde el niño de 12 años hasta el jubilado o el trabajador medio que quiere conocer hechos históricos mientras se ríe. España es el personaje principal y transita por diferentes escenarios y etapas, desde los fenicios hasta Felipe González.
El libro recorre la historia completa, desde los pueblos prerromanos y la entrada de Roma hasta los visigodos y los grandes debates historiográficos. No paso de puntillas por temas polémicos como el nacimiento de España, la eliminación de los Decretos de Nueva Planta o el término Reconquista. Abordo estos debates sin tomar partido y presento las corrientes historiográficas existentes con neutralidad.
–El libro refleja, en parte, tu labor como divulgador histórico en las redes sociales, donde te siguen miles de personas. ¿Crees que hay mucha hambre de historia?
–Sí, hay muchas ganas de conocer ciertos periodos de la historia. Creo que, si digo esto, voy a ser un poco polémico, pero hay que tener en cuenta que la generación de mis padres, la generación boomer, tenía ciertos periodos de la historia un poco capados, bloqueados. ¿Por qué? Porque estaban asociados a cierta ideología política. Eso crea una sensación de pesimismo, de que este país siempre es lo mismo, de que no tiene remedio.
Pero hay otra historia que contar. Hemos tenido muy malos gobernantes, cierto, pero también hemos tenido otros muy buenos. Hemos tenido mandos militares, filósofos, escritores y gente que ha sido verdaderamente válida, que ha marcado una época, que es admirada por otras naciones y que es puesta como ejemplo.
Portada del libro 'Historia de España para todo el mundo'
–Publicas casi todos los días un vídeo en tus redes. ¿Cómo haces para cambiar de tema cada día y contarlo en un minuto y pico?
–Lo del minuto es lo que peor llevo. Y, realmente, cuando un vídeo me queda un poco largo, sufro bastante al tener que recortarlo. Porque, claro, el formato de Instagram y Twitter ha cambiado un poco la forma en la que vemos y consumimos contenido. Por desgracia, la dinámica para que la gente te escuche consiste en hacer vídeos de un minuto o minuto y medio.
Eso hay gente que no lo entiende porque muchas veces, cuando toco ciertos temas que son evidentemente complejos, me encuentro con gente que dice: «Es que te ha faltado decir esto», «es que tú deberías haber dicho aquello» o «es que te has guardado esta información». Y digo: «Claro, porque es un vídeo de un minuto y medio».
Si quieres más información, ve y documéntate. Bastante estoy haciendo yo examinando las fuentes, escribiendo un guion, filtrando los hechos, analizando bien cómo puedo presentárselos al espectador, grabándolo, editándolo y poniéndotelo en bandeja como para que encima me digas que me falta información.
–¿Cuál es tu postura ante los haters, los que comentan en tus vídeos opinando, sin saber, sobre el tema que has tratado?
–A mí no se me ocurre debatir sobre cuestiones legislativas con un abogado, sobre cuestiones médicas con un médico ni sobre cuestiones mecánicas con un mecánico. Es frustrante porque, al tener formación académica, estoy acostumbrado a que, si me rebaten algo, me den argumentos: «Aquí estás equivocado por esto, por esto y por esto». Y ahí puedo decir: «Vale, pues te lo contraargumento o lo reviso».
Pero, cuando van directamente al insulto fácil o a negar la obviedad sin presentar ningún tipo de argumentación, te quedas un poco como… Estás hablando de un tema sobre el que te has formado, sobre el que te has documentado, y te salta uno y te dice: «Pues mire usted, eso no es así».
La opinión es libre, pero, claro, hay opiniones que uno tiene que escuchar… El historiador se encuentra con personas que opinan sobre determinados temas guiadas más por una cuestión ideológica que por una cuestión puramente histórica. Eso pasa siempre. Habrá gente que lea el libro, a la que le encante y que, a lo mejor, llegue a la parte final, donde se habla de la Guerra Civil y la República, y quizá, llevada más por su ideología, piense que esa parte no le gusta. En ese sentido, tengo la conciencia tranquila. Creo que trato temas como esos desde la objetividad que me caracteriza y por la que me sigue tanta gente.
El historiador se encuentra con personas que opinan de determinados temas guiados más por una cuestión ideológica que por una cuestión puramente histórica
–Hablando de formación, ¿qué le dirías a un joven que quiera dedicarse a la historia hoy en día?
–Hay una generación a la que sus padres le han dicho: «Tú tira para la universidad». Entonces, todo el mundo quiere ser universitario y nadie quiere ser mecánico. Pero es necesario tener trabajadores cualificados. Así que yo le diría a un joven que quiera dedicarse a la historia esto mismo que estoy diciendo. ¿Estás enamorado de la historia como yo lo estaba, perdidamente? Tira para adelante. No pierdas el tiempo ni hagas cosas raras, que luego siempre vas a tener tiempo de hacer otras cosas, como yo mismo, que estoy haciendo un ciclo superior de Marketing Digital y Publicidad. Pero, si no lo tienes muy claro, explora otras opciones, explora el mundo de la formación profesional. Valora, haz balance de todo eso y luego decídete. ¿Sigues enamorado de la historia pese a todo? Pues tira para adelante, cásate con ella. Yo me casé y, de momento, es un matrimonio feliz.
–Sobre el mundo académico, ¿qué opinas de la labor del divulgador frente a la del investigador universitario?
–Creo que deberían cambiar muchísimas cosas en ciertos aspectos de la vida universitaria: quitarle tanta presión, darle mayores incentivos, apoyar más la investigación y dar más autonomía y libertad al investigador. Sobre todo, por parte de los docentes de ciertos sectores académicos —universitarios, catedráticos, llámense como se quiera—, es necesario renovarse un poco. Porque, claro, se critica al alumno: «Es que no viene a clase». ¿Usted prepara las clases para que yo quiera ir? Porque yo he tenido profesores durante la carrera a cuyas asignaturas era una gozada ir. A lo mejor, su asignatura era complicada de aprobar, pero era una gozada escuchar aquellas clases. Y había otras en las que tú decías: «Bueno, pues a lo mejor esta clase me la salto porque tengo otras cosas». Yo estudié en la Universidad de Córdoba y me vienen a la cabeza los nombres de ciertos catedráticos que me han dado clase y sobre los que pienso: «Pues esta persona, si se abriera una cuenta, sería famosísima».
–¿Qué piensas sobre el uso de la inteligencia artificial en la historia?
–Como forma de ocio, para pasar un buen rato o poner un poco las ideas en orden, no me parece una mala opción. Cuando algún amigo o familiar se me ha acercado y me ha dicho: «Oye, ¿conoces la historia de este personaje histórico?», y tú dices: «Pues no, no me suena», rápidamente lo buscas, ves quién fue y la herramienta te da información y te sitúa. Eso no quiere decir que esa deba ser tu fuente de información, pero, como forma de enterarte, sí es útil. Entiendo que la gente se oponga. Por ejemplo, durante la Revolución Industrial nació el ludismo, un movimiento que quería destruir las máquinas porque se suponía que la Revolución Industrial iba a eliminar muchísimos puestos de trabajo. Pero la realidad es que, desde entonces hasta hoy, nunca ha habido tanta ocupación laboral. La IA, bien utilizada, creo que puede preparar académicamente a los alumnos y ayudarte en muchos aspectos si sabes utilizarla y conoces sus limitaciones. No estoy en contra de la inteligencia artificial, siempre y cuando se use con cabeza, con sentido y con ética. Si la utilizas como una herramienta y no como un arma, creo que es buena.