La batalla húngara de Lechfeld 955, una pintura de Michael Echter de 1860

La batalla húngara de Lechfeld 955, una pintura de Michael Echter de 1860

Picotazos de historia

Así derrotó Otón I a los húngaros en la batalla de Lechfeld: la lluvia inutilizó sus arcos

La infantería húngara fue aniquilada por las fuerzas de Otón. Continuó el combate y los arcos compuestos fueron cobrándose tributo. Un agotado Conrado el Rojo de Lorena recibió un flechazo en el cuello al librarse del yelmo para poder respirar mejor. Le costó la vida

El origen del pueblo magiar es algo muy discutido a día de hoy. Se piensa que proceden del este de los montes Urales y que el recrudecimiento de las temperaturas, unido a la presión de otros pueblos esteparios, los llevó a emigrar hacia el oeste. En el siglo VII, este pueblo de jinetes se asentó en la gran llanura panónica, un terreno ideal para la cría de caballos. Los bizantinos llamaron a estas gentes hungarus.

Formaron una confederación de diferentes tribus y, desde la gran llanura que les servía de hogar, practicaron el saqueo y pillaje de los reinos periféricos. En el año 910, un ejército húngaro derrotó a otro formado por francos orientales y suabos, comandados por Luis V el Niño, último monarca franco oriental del linaje carolingio.

Luis V el Niño

Luis V el Niño

Tras la victoria, los húngaros continuaron saqueándolo todo hasta Turingia, en el corazón de la actual Alemania. Cuando los jinetes húngaros decidieron volver a casa, no solo cargaban con un enorme botín, sino que también llevaban las garantías de recibir tributos de los ducados de Baviera, Suabia, Franconia y Sajonia.

En el año 954, es rey de Franconia o de los francos orientales y duque de Sajonia Otón I. Hijo de Enrique I el Pajarero –tenía una excesiva afición por las aves–, forma parte de la dinastía liudolfina o sajona, formada por los descendientes del duque Liudolfo de los sajones orientales.

Como les comentaba, ese año no había sido bueno para Otón. Su hijo y heredero, de nombre Liudolfo, había recibido el ducado de Suabia por herencia de su mujer y había decidido rebelarse contra la autoridad de su padre. Otón derrota a los levantiscos.

Su primogénito recibirá una severa reprimenda; Arnolfo, conde del Palatinado, morirá en combate; Conrado el Rojo, duque de Lorena, se reconcilia con Otón y le jura fidelidad y, por último, como da mala suerte matar a clérigos, al obispo de Salzburgo le arrancan los ojos y lo arrojan al fondo de una celda para que medite. Fin de la rebelión.

En la primavera de 955, llega a Augsburgo, donde en ese momento se encuentra la corte de Otón, una embajada del príncipe Taksony de los húngaros. Tras las melifluas palabras, la intención de los embajadores es la de comprobar y analizar el estado de los ejércitos de Otón tras la rebelión de su hijo.

Los informes debieron de ser desfavorables, pues, al poco de su vuelta, el general Horca Bulcsu –la verdadera fuerza detrás del príncipe Taksony– desafía a Otón I a combatirlo y alza el estandarte de guerra.

No tardó mucho el general húngaro en reunir un ejército que se calcula que debía de tener unos 15.000 jinetes ligeros armados con el temible arco compuesto, unos 6.000 soldados de infantería y máquinas de asedio. Esto último representaba una novedad, ya que, como para la mayoría de los pueblos esteparios, acostumbrados a combatir a lomos de caballo, el sitio de las ciudades era complicado y lento.

Por eso sorprendió y representó una novedad que, después de atravesar la frontera del río Lech, pusieran sitio a la ciudad de Augsburgo el 7 de agosto.

La ciudad estaba gobernada por un belicoso obispo –posteriormente canonizado– llamado Ulrico, que ya había demostrado a Otón que era una persona leal y que no se achantaba ante las amenazas. Ulrico puso manos a la obra y se preparó para resistir.

La batalla de Lechfeld, según una ilustración de 1457 del códice de historia de Núremberg de Sigmund Meisterlin

La batalla de Lechfeld, según una ilustración de 1457 del códice de historia de Núremberg de Sigmund Meisterlin

El hecho de que el ejército de Bulcsu mostrara intención de afrontar un sitio, en vez de fiarlo todo a la velocidad de sus caballos y al alcance y potencia de sus flechas, fue una sorpresa calculada. El general húngaro estaba tentando a Otón a buscar una batalla decisiva.

Otón había conseguido reunir unas fuerzas compuestas por unos 8.000 soldados de caballería pesada y otros tantos de infantería. Los dividió en ocho columnas y fueron a Augsburgo.

Cuando los exploradores húngaros informaron a su general de que se aproximaban las fuerzas de Otón, este se alegró mucho y dio orden de retirada a la llanura aluvial que se encontraba detrás del río Lech.

Allí formó a la infantería como pantalla y detrás situó a la caballería. Destacó a un grupo de caballería y lo envió al norte para que atravesara el río y flanqueara al ejército germano. Tenían que atacar la retaguardia del ejército de Otón I.

La mañana del día 10, la unidad destacada de jinetes sorprendió la retaguardia de las dos columnas que mandaba el duque de Suabia, Burchard III. Los húngaros los destrozaron. Habrían barrido al resto del ejército si no hubieran perdido la iniciativa al quedarse para saquear los trenes de suministros.

Esto permitió al duque Conrado el Rojo de Lorena contraatacar, sorprendiendo, a su vez, a los ocupados húngaros. No hubo cuartel, y es que no se esperaba; por ello, ni se pidió ni se concedió.

La batalla principal no se combatió en los campos de Lech –de ahí el nombre Lechfeld, «campos de Lech»–, sino en lo que hoy se conoce como el Rauher Forst, un extenso bosque a unos quince kilómetros al sur de Augsburgo.

Otón I tomó posiciones teniendo su flanco izquierdo cubierto por unos montes de orografía áspera, que impedían que la caballería húngara lo flanqueara, y el bosque a sus espaldas, que lo protegería de la caballería si se daba el caso.

La batalla de Lechfeld, un fresco de Balthasar Riepp de 1744

La batalla de Lechfeld, un fresco de Balthasar Riepp de 1744

La infantería húngara fue aniquilada por las fuerzas de Otón. Continuó el combate y los arcos compuestos fueron cobrándose tributo. Un agotado Conrado el Rojo de Lorena recibió un flechazo en el cuello al librarse del yelmo para poder respirar mejor. Le costó la vida.

Pero las tropas de los diferentes reinos y ducados resistieron. Mantuvieron la disciplina. Horca Bulcsu, viendo que no podía romper el frente formado por el enemigo, decidió que no merecía la pena perseverar y dio la orden de retirada. En esas últimas horas de la tarde sucedió un acontecimiento que transformó la derrota en desastre: las lágrimas de san Lorenzo.

Se denomina así al paso de las Perseidas, una lluvia de meteoros que ocurre cada 10 de agosto. Pero también se denomina así a unas lluvias torrenciales que se dan, de tanto en tanto, coincidiendo con esas fechas. Ese anochecer comenzó una lluvia torrencial, unas lágrimas de san Lorenzo que hicieron crecer los ríos y arroyos, impidiendo su cruce.

El terreno se volvió intransitable y el agua dejó inservibles los arcos. De un plumazo se eliminaron las dos principales ventajas de los húngaros: la rapidez y los arcos compuestos.

Los húngaros fueron dividiéndose en pequeños grupos para tratar de atravesar el terreno. Sin poder casi defenderse, fueron cazados por los lugareños, que conocían el territorio y los acosaron sin piedad. Horca Bulcsu fue capturado y, junto con otros generales que lo acompañaban, fue ahorcado en las calles de Ratisbona.

Esta batalla fijó la frontera este del Imperio germánico frente a los pueblos esteparios. Fue el equivalente oriental de nuestras Navas de Tolosa. El prestigio que adquirió Otón con la victoria le permitiría alcanzar la corona imperial en el año 962, dando lugar a una nueva dinastía: los otónidas.

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