Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial
Cómo Álvaro de Bazán derrotó con 29 barcos a una flota francesa de más de 60
Este 26 de julio se cumplen 444 años del combate naval de la isla Terceira, en donde una fuerza francesa muy superior fue derrotada por la escuadra de don Álvaro de Bazán, en medio del conflicto por la sucesión al trono portugués
El último cuarto del siglo XVI fue un periodo muy convulso para Portugal, puesto que, en 1578, el monarca Sebastián I falleció mientras mandaba a sus tropas en la batalla de Alcazarquivir. Quería conquistar Marruecos, pero su muerte obligó a que Enrique I el Cardenal fuera coronado rey de Portugal.
Su reinado sería breve, ya que falleció apenas dos años después de su coronación, en 1580. Las líneas de sucesión lusas se habían cortado abruptamente con la muerte de Sebastián I, y Felipe II, hijo de Isabel de Portugal, decidió postularse al trono. Sin embargo, no todos en el reino luso veían con buenos ojos la unión entre España y Portugal.
El monarca prudente era un hombre perseverante, por lo que ordenó a sus funcionarios que comenzaran con los preparativos para usar la fuerza, puesto que las huestes terrestres y navales iban a recibir la misión de tomar el reino vecino. Portugal estaba dividido en dos grandes grupos.
Por un lado, los nobles y los ricos comerciantes eran partidarios de una unión con Castilla en la que se respetaran las particularidades del reino, lo que Felipe II juró en las Cortes de Tomar de 1581. Por otro, parte del pueblo llano y el bajo clero se veían más atraídos por mantener la independencia del reino, agrupándose en torno al pretendiente Antonio, prior de Crato, que rápidamente buscó el apoyo de ingleses y franceses frente al potencial español.
Antonio, prior de Crato
Una vez que los ejércitos de Felipe II habían entrado en el Portugal continental y ya habían tenido lugar las Cortes de Tomar, el teatro de operaciones estaba llamado a ser eminentemente naval, puesto que en el archipiélago de las Azores había numerosos partidarios de Felipe II y de la unión con España.
Entre 1581 y 1582, las fuerzas navales hispanas comenzaron a operar en las aguas de estas islas lusas, pero fue ya en ese segundo año cuando se empezó a vislumbrar un posible combate naval con los aliados del prior de Crato.
Una vez que los servicios de inteligencia confirmaron que las fuerzas navales francesas ya se habían hecho a la mar bajo el mando de Strozzi, Felipe II ordenó que la escuadra de Álvaro de Bazán, compuesta por 32 unidades, saliera de Lisboa poniendo proa a las Azores.
Las órdenes del monarca implicaban que a esta flotilla se le unirían refuerzos, puesto que una segunda agrupación, mandada por el comandante Recalde, también se hizo a la mar, pero el mal tiempo frustró esta unión y causó que el propio Bazán también perdiera algún buque de su flotilla.
Sin embargo, estas dificultades no iban a impedir que se cumpliera la misión, puesto que la escuadra alcanzó la isla de San Miguel el día 21 de julio. Fue ya el 22 cuando avistaron a las fuerzas francesas y, tras diferentes maniobras, la batalla se libraría el 26. Bazán finalmente pudo contar con 25 naos y galeones de guerra, así como con cuatro pataches, mientras que las fuerzas galas de Strozzi alcanzaban unos 60 o 62 navíos de guerra.
De entre los 29 buques españoles, solo se podía contar con dos galeones de guerra, el San Martín y el San Mateo, de notable poder artillero y amplio tonelaje, mientras que el resto de las unidades tenían menor tonelaje y menos artillería embarcada.
Mapa de la isla Terceira, por Jan Huygen van Linschoten
Bazán distribuyó sus fuerzas en vanguardia, centro y retaguardia, al tiempo que ordenó que sus unidades formaran en hilera, es decir, que una de ellas marcara el rumbo y el resto la siguiera en una larga línea para, en palabras de Agustín Rodríguez González, «no molestarse en navegación, no quitarse el viento y no impedirse mutuamente el uso de la artillería» (Victorias por mar de los españoles, Sekotia, 2021, p. 36).
Es decir, don Álvaro apostó por formar en línea en medio de un contexto táctico desfavorable, con una fuerza inferior a la del enemigo, tal como Lope de Hoces también haría décadas después en la batalla de Guetaria (1638).
Pero regresemos al combate en aguas lusas. La batalla fue muy dura, con un intercambio artillero continuo, mientras el San Mateo tenía que defenderse de las unidades insignia de Strozzi, que habían lanzado un intento de abordaje al pensar, quizá, que el solitario galeón podía ser una presa fácil.
Sin embargo, el buque español aguantó el duelo durante horas y se acabó zafando del intento de abordaje francés gracias al apoyo que recibió de la retaguardia hispana mandada por Miguel de Oquendo. Entre los buques franceses, el mandado por Brissac había sido uno de los que habían mantenido este intento de apresamiento, pero, cuando don Miguel pudo abordar este navío enemigo, el resto de la flota gala abandonó el combate y se dio por terminada la batalla.
Como colofón, cabe citar nuevamente a Agustín Rodríguez González: «La batalla de San Miguel o las Terceras resultó ser una de las grandes batallas decisivas de la historia de España y del mundo» (Victorias por mar de los españoles, Sekotia, 2021, p. 45).