Guerra de Independencia de Argelia
Cuando un millón de europeos tuvieron que abandonar Argelia en 1962
El último censo de la Argelia gobernada por Francia, del 1 de junio de 1960, cifraba en 1.050.000 los ciudadanos argelinos de origen europeo, mayoritariamente católicos, y en 130.000 los judíos
Cuando los franceses desembarcaron en las costas de Argelia en 1830, durante el reinado del último Borbón, Carlos X, no eran conscientes de que iniciaban la última frontera europea en territorio africano, que duraría hasta 1962.
No obstante, como siempre, los españoles ya habían pisado aquella tierra cuando, en mayo de 1509, un navarro y un castellano, el caudillo Pedro Navarro y el recio cardenal Cisneros, conquistaron la ciudad de Orán, estableciendo en la «corte chica» un dominio español que duraría hasta 1792.
En aquel lugar iniciaría su carrera judicial Vasco de Quiroga, el magistrado y posterior obispo de Michoacán que implantaría la utopía de Tomás Moro en las tierras de la Nueva España (México).
El dominio francés se extendería por el norte de África y a los colonos que llegaron con los franceses se los denominaría pieds-noirs por sus botas negras. Aunque la administración sería gala, la colonización europea sería un fracaso entre los franceses, pues más de la mitad de los colonos procedían de otros territorios europeos.
Principalmente, serían españoles levantinos y murcianos que buscarían su futuro en un El Dorado mucho más cercano que América. Esta presencia hispana, que haría de Orán su epicentro, se reforzaría considerablemente después de la Guerra Civil con la llegada de 150.000 republicanos.
El segundo grupo procedería de la recién unificada Italia, con una fuerte presencia siciliana en busca de tierras, y se establecería en su mayor parte en Túnez. En 1910 había 105.000 italianos asentados en Túnez, Bizerta y La Goleta.
La tercera comunidad en importancia serían los malteses, que, en su punto álgido, llegarían a los 15.000 residentes, fugitivos del colonialismo británico en su isla. En 1871, tras la derrota en la guerra franco-prusiana, 25.000 alsacianos se trasladaron a tierras argelinas para no ser alemanes.
La minoría europea constituía una sexta parte de la población total a inicios del siglo XX, aunque acabaría siendo la décima parte en tiempos de la independencia. Su número se incrementó al otorgarse la ciudadanía francesa metropolitana a la comunidad judía local.
El último censo de la Argelia gobernada por Francia, del 1 de junio de 1960, cifraba en 1.050.000 los ciudadanos argelinos de origen europeo, mayoritariamente católicos, y en 130.000 los judíos.
En localidades como Orán, la población de origen europeo, mayoritariamente española, representaba un 49,3 %, mientras que en Argel suponía un 35,7 %. En Sidi-Bel-Abbés, la cuna de la Legión Extranjera, 20.000 de sus 32.000 habitantes eran originarios de España.
La guerra de Independencia de Argelia, bien retratada por Gillo Pontecorvo en su famosa película de 1966, La batalla de Argel, presentó una guerra irregular, sucia y muy sangrienta, en la que la población civil fue el objetivo del terrorismo y que causó una dura represión de los galos contra la población musulmana.
Soldados del Ejército de Liberación Nacional junto a la bandera argelina
El Frente de Liberación Nacional provocó, el 20 de agosto de 1955, la matanza de varios centenares de granjeros pieds-noirs y de sus familias, lo que facilitaría en 1958 el golpe de fuerza que instauraría al general De Gaulle en el poder. Sin embargo, el abandono por parte del general de la causa de la Algérie française provocaría la rebelión de los pieds-noirs, un golpe fracasado en 1962 y la fundación de la Organisation de l’Armée Secrète (OAS).
El FLN, vencedor gracias al entreguismo del máximo mandatario galo, asesinó a cerca de tres mil pieds-noirs en la zona de Orán, lo que provocó la salida masiva de la comunidad, que abandonó sus tierras, pertenencias y cementerios entre el caos y la desesperación. Un millón de europeos, junto con otros 200.000 harkis y sus familias –tropas coloniales musulmanas fieles a Francia–, huyeron al norte de la cuenca del Mediterráneo.
Aquellos fugitivos, que tenían una importante tradición de izquierdas a sus espaldas, se sintieron traicionados por el PCF, favorable a la independencia, y abandonados por las autoridades francesas en un primer momento.
Se establecieron en la Provenza y el Languedoc-Rosellón, principalmente en ciudades como Niza, Perpiñán y Montpellier. Sin embargo, 50.000 de ellos, fieles a sus raíces, desembarcaron en Alicante. Aquella comunidad buscó su propio portavoz político, abandonada por la izquierda y la centroderecha.
El único diputado que abandonó la Asamblea Nacional para combatir como oficial paracaidista por la causa perdida de los pieds-noirs fue Jean-Marie Le Pen, presidente de un pequeño partido que recibiría el apoyo masivo de la comunidad, haciendo que en la década de los ochenta ingresara en el Parlamento Europeo con diez eurodiputados.
La comunidad pied-noir ha ido diluyéndose en la Francia metropolitana, aunque en Córcega mantiene su personalidad «argelina». Entre sus personalidades destacan el premio Nobel de Literatura Albert Camus; el diseñador de moda Yves Saint Laurent, y el economista Jacques Attali, antiguo asesor de los presidentes franceses François Mitterrand y Nicolas Sarkozy.
Los españoles de Orán: la historia de los 'pies negros' que huyeron de Argelia
En un nivel menor, Jean Reno, el célebre actor hijo de padres gaditanos; el boxeador Marcel Cerdan, o la actriz italiana Claudia Cardinale, natural de Túnez, son también los náufragos de un mundo extinto. Rehechas sus vidas en el norte de la cuenca mediterránea, la llegada posterior de una fuerte inmigración magrebí los convirtió en el principal soporte social del Rassemblement national de Marine Le Pen.
Del mismo modo, Albert Camus, el bardo pied-noir, abandonó la causa del comunismo y atacó a la izquierda por apoyar al FLN, justificar los gulags y los crímenes del régimen de Stalin.