Toma de Badajoz 1936

Toma de Badajoz 1936

90 años

Cómo la toma de Badajoz abrió a Franco el camino hacia Madrid

El general Francisco Franco tomó una decisión estratégica clave: avanzar desde Andalucía occidental hacia Madrid siguiendo el eje de Extremadura

En los primeros días de agosto de 1936, apenas tres semanas después del estallido de la Guerra Civil, la situación en Extremadura era crítica y fragmentaria. La provincia de Cáceres se había sublevado, pero permanecía aislada en medio de un territorio mayoritariamente controlado por el Frente Popular. En Badajoz, por el contrario, el intento de alzamiento encabezado por la Guardia Civil había fracasado, consolidándose el control republicano sobre la ciudad.

En este contexto, el general Francisco Franco tomó una decisión estratégica clave: avanzar desde Andalucía occidental hacia Madrid siguiendo el eje de Extremadura. Esta opción descartaba el paso por Despeñaperros, que habría dejado expuestos los flancos de sus fuerzas.

El objetivo era claro: unir las zonas del territorio ya controladas por los sublevados en el norte y el sur de la península, creando una continuidad territorial que permitiera lanzarse después sobre la capital.

El avance se realizó mediante las llamadas «columnas de África», formadas por legionarios y tropas regulares procedentes del Protectorado de Marruecos, curtidas en combate y con una alta capacidad ofensiva. Además, el régimen portugués de António de Oliveira Salazar jugó un papel relevante al facilitar el uso de infraestructuras –carreteras y líneas telefónicas– que permitieron la coordinación entre Franco y el general Mola, reforzando la eficacia de la operación.

Bajo el mando del teniente coronel Juan Yagüe, uno de los pocos militares afiliados a Falange Española, estas columnas avanzaron con gran rapidez: recorrieron unos 120 kilómetros en apenas cuatro días, anticipando la guerra relámpago. Este avance no estuvo exento de dificultades, ya que la aviación republicana hostigó constantemente a las tropas sublevadas. A pesar de ello, el 13 de agosto de 1936 las fuerzas de Yagüe llegaron a las murallas de Badajoz.

Franco y Mola (Burgos, 1936)

Franco y Mola (Burgos, 1936)Wikimedia Commons

La defensa de la ciudad estaba organizada por el coronel Alberto Puigdenolas –frecuentemente citado como Pugdengola en algunas fuentes–, quien había destacado previamente por su participación en la represión de intentos sublevados en otras localidades.

Bajo su mando se contaba con aproximadamente 500 soldados regulares y más de 3.000 milicianos armados, pertenecientes a partidos, sindicatos y otras organizaciones de izquierda. A estos se sumaban unidades de la Guardia de Asalto y de Carabineros. La ciudad, además, retenía como prisioneros a varios guardias civiles y simpatizantes de la sublevación.

El 14 de agosto se produjo el asalto definitivo. Las tropas de Yagüe lanzaron un ataque frontal contra la ciudad. Ante la presión, Puigdenolas huyó hacia Portugal junto con unos 1.500 milicianos, lo que dejó debilitada la defensa. El mando pasó entonces al teniente coronel de Carabineros Pastor Palacios.

Sin embargo, la resistencia resultó insuficiente frente a la intensidad del ataque. Los legionarios consiguieron penetrar en la ciudad y se entabló una lucha encarnizada, casa por casa, contra soldados del regimiento Castilla, carabineros y milicianos. Tras la caída de la urbe, aproximadamente 500 combatientes republicanos fueron hechos prisioneros.

Pocos días después, el 18 de agosto, las tropas principales de la columna de Yagüe –legionarios y regulares– ya habían abandonado Badajoz rumbo a nuevos objetivos estratégicos, particularmente Mérida y la conexión con Cáceres. En la ciudad permanecieron únicamente algunas unidades secundarias, como la columna Asensio, encargada de asegurar el territorio.

La rápida marcha de las tropas africanas dejó el control efectivo de Badajoz en manos de sectores afines a los sublevados: la Guardia Civil, los falangistas y los grupos de derechas, muchos de cuyos integrantes habían sido previamente encarcelados. El 20 de agosto llegó a la ciudad Fernando Calzadilla, acompañado por milicias falangistas conocidas como la «Escuadra Negra», consolidando el nuevo poder local.

Franco y Yagüe

Franco y Yagüe

En cuanto a la represión posterior, el historiador Ángel David Martín Rubio informa de que durante el mes de agosto fueron fusiladas 168 personas por los rebeldes, mientras que el número total de asesinados por los republicanos entre julio y septiembre de 1936 ascendió a medio millar, concretamente 494 víctimas.

Estas cifras descalifican algunas falsas versiones propagadas en el contexto de la guerra, como la paparrucha difundida por el diario La Voz de Madrid, que inventó sin pruebas que Yagüe había presidido ejecuciones masivas en la plaza de toros. Este tipo de relatos refleja el uso propagandístico de los acontecimientos por ambos bandos, en una guerra en la que la información también era un arma.

La toma de Badajoz tuvo una importancia estratégica decisiva. No solo permitió la unión territorial de las fuerzas sublevadas del norte y el sur, sino que aseguró una vía de avance hacia Madrid. Además, simbolizó la eficacia militar de las tropas africanas y marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la guerra en el suroeste.

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