Felipe II y la moneda de oro hallada en Países Bajos
Encuentran una moneda de oro de Felipe II perfectamente conservada en los Países Bajos
En el condado de Zelanda, un detector de metales encontró un ducado español, datado en 1581, donde se puede leer: «Felipe, por la Gracia de Dios, Rey de España y Conde de Zelanda»
El rey Felipe II, aparte de monarca en España, también atesoró otra gran cantidad de títulos, entre ellos, señor natural de los Países Bajos.
Estos conformaron un conglomerado de diecisiete provincias situadas en el centro de Europa, de las cuales Flandes y Holanda fueron tan solo una parte del todo, como también lo fue Luxemburgo.
Otra de estas regiones era conocida como el condado de Zelanda, donde hace unos días una persona encontró con su detector de metales una moneda de oro perfectamente conservada en nombre del soberano español, datada en 1581, y que nos indica que las revueltas de 1572 comenzaron contra «los malos ministros», pero nunca contra Felipe II.
Al principio, el descubridor se encontró la pieza doblada sobre sí misma. Cuando logró enderezarla con un experto, hallaron que se trataba de una pieza acuñada en época del conde Felipe II de Zelanda.
Felipe II es recibido por Guillermo de Orange en los Países Bajos
En su anverso se puede leer: «Felipe, por la Gracia de Dios, Rey de España y Conde de Zelanda». Y es que el rey español fue conde, señor o duque dependiendo del territorio de los Países Bajos. No obstante, este hallazgo guarda un significado especial, puesto que fue en este histórico enclave –junto a la vecina Holanda– donde comenzaron las revueltas contra la gobernación española.
Por Bruselas desfilaron gobernadores dirigidos desde Madrid, entre los que resaltaron nombres como Margarita de Parma, el Duque de Alba, Luis de Requesens, don Juan de Austria o Alejandro Farnesio.
Entre bambalinas comenzó una sublevación que aludía a motivos religiosos y que fue orquestada, sobre todo, por el príncipe Guillermo de Orange, quien debía buena parte de sus títulos a los Habsburgo, pero que, a pesar de ser uno de los pupilos preferidos del emperador Carlos V, decidió traicionar a su hijo en vida.
Los neerlandeses no se rebelaron contra su monarca, sino contra sus malos ministros
Este príncipe encontró su mayor cobijo en los condados de Holanda y Zelanda, donde se refugió, gracias a su orografía, de los posibles ataques de los Capitanes Generales españoles.
En concreto, el enclave zelandés estaba constituido por diversas islas que llegaron incluso a quedar sepultadas bajo el agua en época de graves inundaciones. Aquí fue donde los conocidos como Mendigos del Mar vencieron en varias ocasiones a los Tercios, siendo su hazaña más importante la toma definitiva de su capital, Midelburgo, frente a las tropas dirigidas, entre otros, por Cristóbal de Mondragón y Sancho Dávila, en 1574.
Volviendo a la moneda realizada en la propia Midelburgo, Zelanda representó uno de los principales enclaves levantiscos. Por eso, encontrar este objeto de 1581, después de que esta provincia llevara más de siete años en abierta rebelión, puede parecer extraño, puesto que la acuñaron en nombre del rey Felipe II.
Esto corrobora la tesis de que los neerlandeses no se rebelaron contra su monarca, sino contra sus «malos ministros». Y que, todavía a la hora de acuñar la pieza, realizarla en nombre de otro soberano hubiera representado una afrenta al poder real, algo inadmisible en el siglo XVI.
Como recoge el libro La huella de España en Flandes (SEKOTIA, 2026), no sería hasta la conocida como Acta de Abjuración, el 26 de julio de 1581, cuando las Siete Provincias Unidas del norte rechazaron la obediencia a su señor natural, Felipe II. Además, el grabador de este ejemplar, Jeronimus Bruynzeels, recibió el encargo el 24 de febrero de aquel mismo año, es decir… ¡alrededor de cinco meses antes del ataque directo contra su rey!
Lo que también sorprende en el anverso del ducado de oro español son los retratos en busto de Fernando e Isabel, de frente el uno al otro, lo que explica que este modelo procedía de época de los Reyes Católicos y representaba al conocido oficialmente como el «Excelente de la Granada».
Por eso, Bruynzeels fue consciente, a la hora de realizarlo, del prestigio reconocido de aquella pieza. Mientras que, en el reverso, se observa el escudo de armas con Castilla y León, Aragón, Granada y los territorios de las Dos Sicilias.
El ducado de Brabante declaró nula aquella moneda con «las dos cabezas». Tres años después, en 1584, el condado de Zelanda ya confeccionó su primera moneda autónoma sin aludir, por primera vez, a quien hasta entonces fue su señor natural, Felipe II.
De esta forma, fijándonos en la numismática, se comprende el cambio de mentalidad que ya se había adoptado por parte de las autoridades zelandesas, que quisieron romper para siempre su relación con Madrid y comenzar un camino por su cuenta, ligado a la República.