Reconquista de Orán. Desembarco de las tropas en un lugar llamado Las Aguadas

Reconquista de Orán. Desembarco de las tropas en un lugar llamado Las AguadasMuseo Naval de Madrid

Picotazos de historia

La traición que le costó a España la pérdida de Orán en 1708

El conde de Santa Cruz entregó todo al almirante inglés, dejando a la plaza de Orán, que entonces estaba bajo asedio por las fuerzas del bey de Argel, sin medios ni recursos para continuar la defensa

Cayó Granada en 1492 y, con la ciudad, el reino nazarí. El impulso natural de Castilla era continuar la lucha contra el que había sido su tradicional enemigo, pero ahora en su propio suelo, en África. El descubrimiento de un nuevo mundo desvió buena parte de ese impulso de continuación, pero la otra parte se orientó a la búsqueda de la seguridad de las costas de la península –acabar con los moros en la costa– y la seguridad de la navegación por el Mediterráneo occidental.

Melilla fue conquistada el 17 de septiembre de 1497. En 1505 se capturó la plaza de Mazalquivir, en el extremo occidental del golfo de Orán, en lo que hoy es Argelia. Tres años después –en 1508–, el general Pedro Navarro, uno de los mejores militares de su tiempo e inventor de la mina explosiva para destruir fortificaciones, conquistó el Peñón de Vélez de Gomera.

Recuadro ilustrado del Peñón de Vélez de la Gomera, extraído del mapa de Fez y el Reino de Marruecos de Jodocus Hondius de 1606.

Recuadro ilustrado del Peñón de Vélez de la Gomera, extraído del mapa de Fez y el Reino de Marruecos de Jodocus Hondius de 1606.

Este peñón, antiguamente refugio de piratas, es una de las plazas de soberanía españolas junto con las islas Chafarinas, las islas Alhucemas y el islote de Perejil.

Desde la base de Mazalquivir, adonde había llegado una flota que transportaba un ejército de unos diez mil infantes y cuatro mil jinetes, el regente de Castilla, el cardenal Jiménez de Cisneros, puso a todas estas tropas bajo el mando del mucho más experimentado y capaz general Pedro Navarro.

La toma de Orán apenas costó treinta muertos a los españoles. El 20 de mayo de 1509 entró el cardenal, cabalgando sobre una mula como eclesiástico que era, en la plaza y celebró un solemne Te Deum.

Orán pasó a ser una importante plaza en la lucha contra los piratas y corsarios berberiscos. Este enclave africano lo encontraremos constantemente mencionado en la literatura y poesía de los siglos XVI y XVII.

Así, tenemos los romances de Luis de Góngora «Servía en Orán al rey…» y «Entre los sueltos caballos…», donde se menciona a «aquel español de Orán». Cervantes, Quevedo y Lope de Vega no serían excepciones. Orán es casi tan mencionado como Flandes. Pues bien, esta plaza se perdió durante unos años y fue a causa de una traición.

Tenemos que situarnos al principio del siglo XVIII. Este Siglo de las Luces y de la Ilustración se inicia con la Guerra de Sucesión a la Corona española. Una guerra por el reparto de las posesiones de la monarquía hispana que habían acordado las potencias europeas y que no aceptaban el testamento de Carlos II, que rompía con ese bello (para ellos) acuerdo.

La toma de Orán por el cardenal Cisneros, fresco de Juan de Borgoña (1514)

La toma de Orán por el cardenal Cisneros, fresco de Juan de Borgoña (1514)

Carlos II, último de los Habsburgo españoles, nombró heredero de la totalidad de los reinos «que heredé de mi padre» al nieto de Luis XIV: el duque Felipe de Anjou.

Entró en Madrid Felipe V el día 18 de febrero de 1701 y, tras jurar guardar y hacer guardar los fueros y privilegios, el 8 de mayo fue proclamado rey de España. «Castilla, Castilla por nuestro señor don Felipe, que Dios guarde».

El 18 de julio, en un solemne acto celebrado en el convento de la orden jerónima de Madrid, los prelados, grandes de España, títulos del reino y caballeros de las órdenes militares prestaron juramento de pleitesía y lealtad. Entre ellos se encontraba el cuatralbo –comandante de cuatro galeras– don Luis Manuel de Lando, conde de Santa Cruz de los Manueles.

Confirmado en su cargo, no tardó don Luis en dar muestras de falta de diligencia a la hora de cumplir las órdenes, lo que le valió un ligero tirón de orejas en 1702. En 1705 se sublevó la ciudad de Barcelona, pasándose al bando del pretendiente Carlos. Se encargó al conde que, con tres galeras, cortara el comercio con la ciudad de Barcelona. Otra vez mostró el cuatralbo lentitud en hacer cumplir lo encomendado.

Lo que nadie sabía era que ya entonces estaba este señor en contacto con el almirante inglés sir John Leake, del bando austriaco. Estaba esperando el momento oportuno para cambiar de bando y este surgió en junio de 1706.

Ese mes se le encomendó una misión importante a don Luis Manuel de Lando. Tenía que llevar dos galeras a la plaza de Orán. Las galeras estarían hasta los topes con armamento, suministros y 57.000 pesos fuertes para los pagos de la guarnición y fondos durante el próximo año.

Pues bien, el conde de Santa Cruz entregó todo al almirante inglés, dejando a la plaza de Orán, que entonces estaba bajo asedio por las fuerzas del bey de Argel, sin medios ni recursos para continuar la defensa.

El gobernador de la plaza, don Baltasar de Villalba y Ponce de León, puso cuanto pudo de su patrimonio para mantener a la guarnición y, antes que él, lo mismo hizo el marqués de Valdecañas, don Melchor de Avellaneda, hasta que no pudo más y fue relevado. Don Baltasar rindió la plaza de Orán el 20 de enero de 1708; le seguiría Mazalquivir el 3 de abril.

N.Simonsen “ataque berberisco” (c1840

N.Simonsen «ataque berberisco» (c1840)

Tuvo peores consecuencias la traición del conde de Santa Cruz –pues por tal era tenida, ya que había roto el juramento prestado–, y es que, bajo su consejo e indicación, ese año de 1706 el almirante Charles Mordaunt, conde de Petersborough, tomó el puerto y la ciudad de Cartagena, llevando la guerra al interior del reino de Murcia.

Con la derrota de la causa del pretendiente Carlos, el conde de Santa Cruz tuvo que abandonar España, partiendo al exilio y muriendo en Viena en 1722. En 1725 se firmó el Tratado de Viena, continuación de los tres firmados en Utrecht, por el cual el reino de España reconocía los títulos y dignidades dadas por el pretendiente Carlos de Habsburgo durante la Guerra de Sucesión.

Gracias a este acuerdo, la única hija de don Luis Manuel de Lando pudo suceder en el título de su padre, que se veía dignificado con la grandeza de España dada por el archiduque.

Las plazas de Orán y Mazalquivir serían reconquistadas en 1732. La expedición estuvo comandada por don José Carrillo de Albornoz, conde de Montemar, y la flota, por el teniente general don Francisco Javier Cornejo.

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