Un esquife pirata somalí con la rehén francesa Evelyne Colombo a bordo

Un esquife pirata somalí con la rehén francesa Evelyne Colombo a bordoMinisterio de Defensa

La operación de la Armada española que rescató a una rehén francesa de los piratas somalíes

En algún lugar del océano Índico, un esquife pirata navega hacia Somalia con una rehén francesa a bordo. Si alcanza la costa, cualquier intento de rescate resultará casi imposible. A cientos de millas de distancia, un equipo de la Fuerza de Guerra Naval Especial española se prepara para intervenir

Ocurrió el 8 de septiembre de 2011. El buque de asalto anfibio Galicia navegaba por el océano Índico integrado en la operación Atalanta, la misión de la Unión Europea contra la piratería somalí. España mantenía entonces una presencia permanente en aquellas aguas para proteger el tráfico marítimo internacional y, especialmente, a la importante flota atunera española que faenaba en la región.

A bordo viajaba un destacamento de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE), la unidad de operaciones especiales de la Armada. Eran quince hombres seleccionados entre los mejores de sus respectivas promociones y adiestrados para actuar en los escenarios más complejos. Durante semanas habían repetido los mismos procedimientos una y otra vez: tiro, inserciones desde helicóptero, asaltos a embarcaciones, rescate de rehenes y combate cercano.

El grito que rompió la rutina

En medio de las tareas habituales de vigilancia y patrulla, una comunicación de socorro llegó al Centro de Información de Combate del Galicia. Al otro lado de la radio se escuchaba la voz desesperada de una mujer que pedía ayuda. Intentaba explicar, en un inglés rudimentario, que su embarcación estaba siendo asaltada. Los gritos transmitían pánico. La comunicación se interrumpió bruscamente.

La mujer era Evelyne Colombo, una ciudadana francesa que viajaba junto a su marido Christian a bordo del catamarán Tribal Kat. Ambos estaban dando la vuelta al mundo cuando fueron interceptados por piratas frente a las costas de Yemen.

Las primeras investigaciones confirmaron los peores presagios. Cuando unidades navales internacionales localizaron posteriormente el catamarán encontraron impactos de bala, abundantes rastros de sangre y ningún rastro de sus ocupantes. Todo apuntaba a un secuestro.

Durante varios días apenas hubo noticias de la pareja francesa. En la inmensidad del Índico, localizar un pequeño esquife era una tarea casi imposible.

La localización del objetivo

La situación cambió poco después, cuando un avión estadounidense de patrulla marítima detectó una embarcación sospechosa navegando hacia Somalia.

El contacto se encontraba a unas treinta y cinco millas del Galicia y reunía todas las características habituales de un grupo pirata: una pequeña embarcación rápida, grandes depósitos de combustible para operar lejos de la costa y una derrota que apuntaba directamente hacia territorio somalí.

El capitán de Infantería de Marina al mando del destacamento de la Fuerza de Guerra Naval Especial ordenó preparar a sus hombres. Minutos después, dos embarcaciones semirrígidas negras avanzaban a toda velocidad sobre una mar cada vez más gruesa, mientras un helicóptero Sea King mantenía contacto visual con el objetivo.

Aquella primera aproximación estaba limitada por las Reglas de Enfrentamiento (ROE). Los miembros de la unidad podían identificar el objetivo, pero no intervenir. Todavía no existían pruebas definitivas de que se tratara de los secuestradores.

Sin embargo, durante la aproximación ocurrió algo decisivo. Uno de los ocupantes retiró una lona naranja y dejó al descubierto a una mujer de cabello muy corto y completamente blanco.

Los españoles la reconocieron de inmediato. Durante días habían estudiado fotografías del matrimonio Colombo recopiladas incluso de su propio blog de viaje. La mujer de cabello blanco era Evelyne Colombo y su presencia confirmaba que se encontraban ante los autores del secuestro. Aquello ya no era una inspección rutinaria, sino una situación de rehenes en pleno océano.

Y, sin embargo, la orden que llegó desde el Galicia fue inequívoca: «Rompan el contacto».

Los militares españoles habían encontrado a la rehén y estaban a escasos metros de ella. Pero todavía no disponían de autorización para ejecutar una operación armada de rescate.

Regresaron al buque con una mezcla de frustración, adrenalina y sensación de oportunidad perdida. Habían tenido a los piratas al alcance de la mano.

La orden de asalto

La tarde del 10 de septiembre, dos días después del secuestro, la situación dio un vuelco. París y Madrid intercambiaron consultas al máximo nivel para determinar si existían garantías razonables de éxito. La respuesta fue afirmativa.

En cuestión de minutos comenzó la planificación del asalto. Fotografías, sectores de actuación, objetivos y procedimientos de rescate quedaron repartidos sobre una mesa mientras los militares se equipaban para el combate. La misión había cambiado radicalmente y las nuevas ROE autorizaban el uso de fuerza letal si resultaba necesario para salvar a la rehén.

A bordo de las lanchas, el sonido metálico de los cierres y los cargadores indicó que había llegado la hora de actuar.

La oscuridad caía sobre el Índico cuando comenzó la aproximación final.

Desde uno de los Sea King que sobrevolaban la zona, un tirador de precisión de la FGNE abrió fuego contra el motor del esquife. El primer impacto lo dejó fuera de servicio, pero los piratas lograron reactivarlo. Un segundo disparo lo inutilizó definitivamente.

Con la embarcación inmovilizada, las lanchas españolas cerraron distancias mientras el capitán al mando conminaba a los piratas a detenerse. La respuesta llegó desde el propio esquife. Los piratas abrieron fuego con fusiles AK-47. El combate había comenzado.

Las balas comenzaron a impactar alrededor de las embarcaciones españolas mientras el oleaje sacudía a atacantes y rescatadores. Fogonazos, ráfagas y órdenes cruzadas se sucedían en un espacio muy reducido. Entonces una gran ola golpeó el esquife y la embarcación volcó. Todos sus ocupantes cayeron al agua.

Uno de los hombres de la Fuerza de Guerra Naval Especial se lanzó de inmediato para rescatar a Evelyne Colombo. Consiguió alcanzarla y mantenerla a flote en medio del oleaje hasta que pudo ser subida a una de las lanchas. Sin embargo, su marido no estaba allí.

Una operación para la historia

La propia rehén confirmó poco después lo que todos temían: Christian Colombo había sido asesinado por los secuestradores. Los españoles habían llegado demasiado tarde para salvarlo. Pero no para salvar a Evelyne.

Mientras parte del equipo protegía a la rehén, el resto aseguraba la zona y detenía a los piratas supervivientes. El balance final no podía ser más contundente: nueve piratas detenidos, la ciudadana francesa rescatada y ningún miembro del equipo español herido. La operación Tribal Kat había sido un rotundo éxito.

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