Abd el-Krim

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Dinastías y poder

¿Traicionaron los hermanos Abd el Krim a España? De colaboradores a líderes de la rebelión del Rif

Los hermanos Abd el Krim conocieron España desde dentro antes de convertirse en los principales dirigentes de la rebelión rifeña. Su conocimiento de la administración y del Ejército español resultó decisivo en 1921

Muhammad Abd el Krim, el hombre que puso en jaque al Ejército español en Marruecos, había sido durante años un colaborador de España. Vivió en Melilla, enseñó árabe, trabajó como traductor, escribió en El Telegrama del Rif, ejerció como cadí y mantuvo amistades con militares y civiles españoles.

Su hermano menor, Mhamed, estudió en Málaga y se formó como ingeniero de minas en Madrid. Los hombres que más daño hicieron al proyecto español en el Rif no eran unos desconocidos: habían estudiado en sus ciudades, trabajado con sus funcionarios, compartido cafés con sus militares y aprendido cómo funcionaba la administración.

Abd el-Krim (extremo izquierdo) aparece en la fotografía mientras trabajaba para la Oficina de Asuntos Indígenas

Abd el-Krim (extremo izquierdo) aparece en la fotografía mientras trabajaba para la Oficina de Asuntos Indígenas

Los hermanos Abd el Krim procedían de la cabila de los Beni Urriaguel, una de las más poderosas del Rif. Su padre era un notable local que había decidido aproximarse a los españoles. La presencia española significaba oportunidades de fortuna: las explotaciones mineras comenzaban a atraer capitales y empresas, mientras que la educación occidental abría a los hijos de las familias influyentes posibilidades de progreso.

Muhammad nació en 1886. Tenía veinte años cuando llegó a Melilla en 1906, el mismo año en que comenzó la Conferencia de Algeciras, que establecería el nuevo marco político y administrativo en Marruecos. Se convirtió pronto en una figura conocida en la ciudad; enseñaba árabe en la escuela de idiomas, ejerció como intérprete de chelja –la lengua de los rifeños– en instituciones vinculadas a la administración militar y se relacionó con funcionarios, comerciantes, políticos y oficiales españoles destinados en Marruecos.

Abd el-Krim (arriba a la izquierda, con turbante blanco) dando clases de árabe a españoles en una academia de Melilla

Abd el-Krim (arriba a la izquierda, con turbante blanco) dando clases de árabe a españoles en una academia de Melilla

Entre ellos estaba el capitán José Riquelme López-Bago, con quien parece que mantuvo en esos años cierta amistad. Así lo afirma Manuel Casteleiro en su libro sobre la guerra de Marruecos editado por Actas. Esas buenas relaciones llevaron en 1907 a Cándido Lobera, propietario y director de El Telegrama del Rif, a incorporar a Abd el Krim a la redacción, donde llegó a dirigir la sección árabe del periódico.

En 1910 Muhammad fue nombrado cadí, juez de derecho islámico, y llegó a alcanzar el rango de Cadi Codat, «juez de jueces». Estaba perfectamente integrado en la vida de Melilla, como demuestran las fotografías de la época publicadas en prensa con españoles en cafés y reuniones.

Su hermano Mhamed, diez años menor, recibió una educación todavía más occidental. Estudió en Málaga y posteriormente en Madrid, donde cursó ingeniería de minas. La minería era para un joven uno de los grandes intereses económicos que impulsaban la penetración española en el Rif. Mhamed pasó incluso por la Residencia de Estudiantes de la calle Pinar, entonces en los Altos del Hipódromo.

Mhamed Abd el-Krim en 1948

Mhamed Abd el-Krim en 1948Wikimedia Commons

Sin embargo, la buena sintonía con lo español empezó a quebrarse. Abd el Krim sentía cierta antipatía hacia Francia. Algunas fuentes relacionan esa actitud con la intervención francesa en Fez en 1911 y con la violencia empleada durante la conquista de la ciudad. Además, durante la Primera Guerra Mundial simpatizó con los Jóvenes Turcos y el entorno de Enver Pachá, favorable a los Imperios Centrales.

Su posición, abiertamente antifrancesa, terminó provocando la intervención de París ante Madrid. Las autoridades españolas procedieron a detenerlo y fue recluido en el fuerte de Rostrogordo-Cabrerizas Altas, una fortaleza en Melilla también conocida como «el fuerte de la guerra de Margallo». El encargado de su detención fue precisamente el capitán Riquelme, con quien había mantenido relación de amistad.

El episodio deterioró su confianza en la autoridad española. Tras su liberación regresó a su cabila y posteriormente volvió a Melilla. Y aunque los Abd el Krim todavía no rompieron definitivamente con España, su relación jamás volvió a ser la misma.

Mientras tanto, la cuestión minera añadió nuevos motivos de tensión. Empresas españolas, entre ellas las vinculadas a Echevarrieta y a las Minas del Rif, buscaban explotar la riqueza mineral de la región. Para España, esas inversiones tenían un enorme valor estratégico y económico, pero para los sectores rifeños representaban la penetración de intereses extranjeros en un territorio sobre el que reivindicaban su autoridad.

La traición definitiva de los Abd el Krim llegó con el crecimiento del nacionalismo rifeño, lo que les llevó a pasar de ser colaboradores a dirigentes de la resistencia, trabajando para la creación de una estructura política rifeña que rechazaba el dominio español y el francés.

Mhamed desempeñó un papel menos visible, pero resultó también fundamental. La formación técnica que había recibido en España y su capacidad organizativa contribuyó a convertir una resistencia inicialmente tribal en una eficaz fuerza militar. Muhammad era el rostro político de la rebelión, pero Mhamed destacó como el estratega militar.

En 1921, durante la campaña de Melilla, tuvieron lugar el episodio de Annual y, el 22 de julio, el comienzo de la retirada española: las posiciones fueron cayendo una tras otra y miles de hombres murieron o fueron hechos prisioneros. La derrota llevó la rebelión hasta las proximidades de Melilla, que se salvó gracias a la intervención del Tercio de Extranjeros.

La conmoción provocada en España fue enorme: la tragedia alimentó una crisis política y abrió un debate sobre las responsabilidades del Ejército, la política colonial y el sentido de la presencia española en Marruecos.

El conocimiento de los hermanos Abd el Krim sobre la administración, el Ejército y la sociedad española —unido a decisiones españolas erróneas— les permitió comprender mejor que otros dirigentes rifeños las debilidades de su adversario.

El antiguo periodista de El Telegrama del Rif conocía desde dentro la estructura que ahora combatía. La victoria convirtió a Muhammad Abd el Krim en el gran caudillo del Rif. En 1921 se consolidó el proyecto de República del Rif y Mhamed asumió un destacado papel político y militar.

Pero tiempo después, la ofensiva rifeña se extendió contra Francia y en 1925 provocó una grave derrota francesa en el río Uarga, conocida como «el Annual francés». La respuesta conjunta franco-española fue clave para impulsar el desembarco de Alhucemas, en septiembre de ese año. La operación marcó el principio del fin de la guerra del Rif.

Derrotado, Muhammad Abd el Krim se entregó a los franceses y acabó exiliado en la isla de Reunión. Más tarde escapó a Egipto y murió en El Cairo en 1963. Mhamed siguió un itinerario parecido en el exilio, pero él sí regresó a Marruecos en 1964. Murió en Rabat tres años después

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