La Pinta, la Niña y la Santa María en el primer viaje de Colón a América

La Pinta, la Niña y la Santa María en el primer viaje de Colón a AméricaWikipedia

La doble hazaña de la Pinta y su capitán: avistar América antes que Colón y descubrir la ruta de regreso

La Pinta, el más desconocido y menospreciado de los tres barcos. Grande por, al menos, tres razones principales que se exponen a continuación

La Santa María, la Pinta y la Niña, los tres barcos de la expedición descubridora de América. De lo poco que se enseñaba en la escuela sobre esos tres grandes siglos de la historia de España, el XVI, el XVII y el XVIII.

Que Hernán Cortés conquistó México, que Pizarro conquistó Perú… y poco más. Nada sobre la colonización y la evangelización; nada sobre las Leyes de Indias y la Escuela de Salamanca; nada sobre el mestizaje y la raza cósmica de la que hablaba el mexicano Vasconcelos; nada sobre el trato a los indígenas; nada sobre la conquista del Pacífico; nada sobre las exploraciones asiáticas y norteamericanas; nada sobre el Galeón de Manila y la primera globalización.

Tampoco se enseñaba nada sobre la primera divisa internacional de la historia, el real de a ocho; nada sobre los virreinatos; nada sobre las mil ciudades erigidas; nada sobre el millar de escuelas y las treinta universidades fundadas; nada sobre las increíbles iglesias y catedrales levantadas; nada sobre los caminos, los puertos, los astilleros, las enfermerías, los hospicios; nada sobre el intercambio gastronómico y los avances tecnológicos y náuticos propiciados por España; nada sobre la fecunda literatura, música y bellas artes hispanas en América; nada sobre el barroco hispano… Nada de nada de nada.

Volviendo a los tres barcos, de entre ellos brilla uno por encima de los otros dos, barco que —¡quién lo diría!— no es otro que la Pinta, el más desconocido y menospreciado de los tres. Grande por, al menos, tres razones principales que se exponen a continuación.

Gobernada por el gran Martín Alonso Pinzón, marino docto donde los haya, cuyo paso por las bibliotecas vaticanas para informarse del mismo proyecto que animaba a Colón está contrastado, la Pinta es la carabela que, cual Vasco Núñez de Balboa veintiún años después, cuando atisba el Pacífico, se adelanta para ver América antes que sus compañeras de viaje.

Pintura romántica de la llegada de Cristóbal Colón a América. Obra de Dióscoro Puebla, 1862

Colón y los hermanos Pinzón llegan a América, de Dióscoro PueblaWikimedia Commons

Nada tiene de particular: es, de las tres embarcaciones, la más rápida y la mejor gobernada (por el que es el gran marino de la expedición). Y, en consecuencia con todo ello, la que marca a los demás la ruta a seguir. Por eso, cuando la tierra aparece, le pilla a ella delante, como había venido ocurriendo durante toda la travesía.

Desde ella, el pobre Rodrigo de Triana lanza su grito desgarrador, el que todos querían escuchar, «¡Tierra!», aunque luego Colón –y de ahí el calificativo de «pobre»– le birlara el premio que habían reservado los Reyes Católicos para el primero que avistara la ansiada tierra: una renta para toda la vida de diez mil maravedíes al año, lo que permitía vivir entonces a toda una familia modesta…

Por si ello fuera poco, y en segundo lugar, de la misma manera en que es la primera en descubrir el Nuevo Mundo, va a ser también la Pinta la primera en comunicar el descubrimiento, por ser, efectivamente, la primera en llegar de vuelta a casa, aventajando en ello en nada menos que tres días a la Niña, mandada por Colón, el cual había relevado a su jefe natural, Vicente Yáñez Pinzón, al quedarse sin la nao Santa María, que ni siquiera había podido realizar el regreso por encallar en la costa de La Española mientras su capitán, Cristóbal Colón, dormía plácidamente a bordo de ella sin enterarse de nada, sirviendo luego sus maderas, como es bien conocido, de material de construcción para levantar el primer asentamiento español en el Nuevo Mundo, el Fuerte Navidad.

¿Qué había ocurrido para que la Pinta aventajara a la Niña, y Pinzón a Colón, en tanto tiempo, nada menos que tres días? Pues había ocurrido que, a la altura de las islas Azores, una tormenta separa inexorablemente a las dos naves que, a partir de ahí, llevarán derivas diferentes: la Pinta, hacia donde tenía que llegar, un puerto español –Bayona, en Galicia–; la Niña, por el contrario, hacia el único puerto de toda Europa donde no debía arribar, Lisboa, por la sencilla razón de que en él residía el íntimo enemigo de aquella aventura, el rey de Portugal, don Juan II a la sazón.

Realiza, en tercer lugar, la Pinta (y con ella su comandante, el gran Martín Alonso Pinzón) un descubrimiento del que nadie, absolutamente nadie, habla: el del que cabe denominar «el tornaviaje atlántico». Porque así como en tierra todos los caminos de ida son necesariamente los de vuelta también –por la misma N-IV que va de Madrid a Sevilla se vuelve de Sevilla a Madrid–, en la mar eso casi nunca es así, y los caminos de ida son bien diferentes de los del retorno.

Estatua de Martín Alonso Pinzón en Palos de la Frontera

Estatua de Martín Alonso Pinzón en Palos de la Frontera

En el caso de América, se sirve un barco de los vientos alisios para ir desde Europa, y de los contralisios para retornar. Pues bien, el primero en descubrir que eso es así, el primero en llevar a la práctica ese viaje de vuelta auxiliado por los vientos contralisios, no va a ser otro que el gran marino palermo (así llamados los naturales de Palos de la Frontera) Martín Alonso Pinzón, que va a aventajar a Colón en nada menos que tres días, que no son pocos: tres días menos que su jefe para llegar a destino.

Lo que le hace justo acreedor al título que jamás le ha reconocido nadie de auténtico «descubridor del tornaviaje atlántico», tanto como Cristóbal Colón lo había sido de América, y Vasco Núñez de Balboa lo será del Pacífico o Andrés de Urdaneta de otro célebre tornaviaje, el del Pacífico.

Honor y gloria, pues, a ese barco, la Pinta, de cuyas andanzas posteriores nada se sabe, ni tampoco de su paradero o desenlace, por desgracia. Honor y gloria también a la figura del que fuera su capitán, Martín Alonso Pinzón, «codescubridor de América», según llegó a reconocer el famoso fiscal de los pleitos colombinos Juan de Villalobos, y auténtico descubridor (en solitario) del tornaviaje atlántico, pues nadie antes que él –y Colón tampoco– lo había realizado nunca.

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