07 de octubre de 2022

Una refugiada ucraniana se limpia las lágrimas

Una refugiada ucraniana se limpia las lágrimasAFP

81 días de guerra en Ucrania

Crisis sobre crisis: los países de acogida no están preparados para tratar el trauma de los refugiados

Lo más probable es que todos los ucranianos desarrollen respuestas traumáticas a la guerra que deben abordarse enseguida para no crear problemas a largo plazo

Millones de refugiados llegan a Europa desde Ucrania, tras dejar atrás a sus seres queridos, y de ver cómo el ejército ruso arrancaba de cuajo sus raíces.
Muchos necesitarán apoyo especializado para asumir y procesar el desplazamiento, y gestionar nuevos trastornos de ansiedad, depresión, y las respuestas traumáticas.
Para aquellos que experimentaron de primera mano los combates, y presenciaron las atrocidades perpetradas por los rusos, la necesidad de someterse a terapias será inmensa.
María Ángeles Plaza, psicóloga de Servicios Centrales del CEAR, opina que, posiblemente, la totalidad de los ucranianos desarrollará algún tipo de respuesta al trauma.
Puede tratarse de una serie de respuestas psicológicas que no entren dentro de la definición conocida del trastorno de estrés post traumático (TEPT), pero que, de no tratarse, es posible que a largo plazo se conviertan en el familiar TEPT.
«El trauma es algo que irrumpe en nuestra vida de forma imprevista, de golpe, y violenta, sobre la que no tienes control, y pone en riesgo tu integridad física y psicológica», explicó Plaza.
«Los refugiados pueden haber sufrido situaciones de violencia extrema, sexual, y de dolor y horror extremo», agregó la psicóloga.
Es, según denunció Natasha Azzopardi Muscat, directora de políticas y sistemas de salud para la región de Europa de la Organización Mundial de la Salud, al medio de noticias POLITICO, «una crisis encima de una crisis».
«Si no se gestiona su sufrimiento a través de tratamientos, apoyo y terapias, pueden convertirse en enfermos crónicos. Una falta de atención médica psicológica podría provocarles problemas de salud que duren décadas, o incluso toda la vida. También podría aumentar el riesgo de suicidios, como consecuencia del severo trauma», advirtió Lukas Weltz, director ejecutivo de la Asociación Federal de Centros Psicosociales para Refugiados y Víctimas de Tortura, al periódico alemán Redaktionsnetzwerk Deutschland.

Eternas listas de espera

Pero en realidad, la salud mental de los refugiados es una crisis encima de otras dos: la guerra en Ucrania, y las consecuencias de la pandemia de la COVID-19.
Al igual que sus colegas médicos, el personal encargado de la salud mental se enfrenta al agotamiento laboral y al exceso de trabajo tras el coronavirus. En los últimos 18 meses, las tasas de ansiedad y depresión han aumentado, avivadas por el aislamiento y el miedo al contagio.
Para estos sanitarios, los problemas se suceden. Aunque la pandemia aún está sin zanjar, los refugiados necesitan ayuda psicológica urgente para evitar suicidios y facilitar la integración en sus países de acogida.
En Reino Unido, el periódico The Guardian denunció que la lista de espera para las terapias a refugiados a través de la sanidad pública puede llegar a ser de hasta dos años.
En España, la Sanidad Pública es una opción casi «inviable».

Las consecuencias psicológicas que traen necesitan ser abordadas desde la inmediatez y el tratamiento, no con una cita cada tres mesesMaría Ángeles Plaza, psicóloga de Servicios Centrales del CEAR

«Los tiempos de espera son los que son. Necesitaríamos un sistema de salud pública mucho más capacitado y con mucho más personal, y gestionar las infinitas listas de espera. Pero es verdad que cuando hay urgencias pueden ser atendidos, como cualquier otra persona», señaló María Ángeles Plaza.
Actualmente, la media en las listas de espera en Madrid para recibir atención psicológica es de seis meses. Y ese no es el único problema.
«Las consecuencias psicológicas que traen necesitan ser abordadas desde la inmediatez y el tratamiento, no con una cita cada tres meses. Pero hay que abordar las secuelas de inmediato para evitar la cronificación de la sintomatología, un trabajo preventivo», advirtió Plaza.

El refugiado como protagonista

Desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, donde trabaja la psicóloga, trabajan con una terapia para tratar el trauma llamado EMDR, o «Desensibilización y Reprocesamiento mediante Movimientos Oculares».
Muchos de los psicólogos que acompañan a las personas en el proceso de reconstrucción emocional y afectivo del proyecto vital son voluntarios.
Las claves de su labor son el trabajo integral, que provee alojamiento, espacios de seguridad, y descanso, y también interdisciplinar, que incluye la integración en el mundo profesional y la información.
Pero lo más importante es escuchar: habrá quien tenga miedo de regresar. Hay que acompañarlos en el proceso y en la gestión de las consecuencias psicológicas. El refugiado deber ser el protagonista de su propio tratamiento. Es algo que la Sanidad Pública no está preparada a ofrecer.
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