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Marine Le Pen, líder del partido Agrupación Nacional

Marine Le Pen, líder del partido Agrupación NacionalAFP

Marine Le Pen, con las llaves de Francia: aprobar los presupuestos o empujar al límite a Macron

Bayrou presenta sus presupuestos ante la Asamblea Nacional, necesitado de Le Pen o de los socialistas para que salgan adelante

Este lunes, el primer ministro francés, François Bayrou, somete a votación parlamentaria en la Asamblea Nacional el proyecto de los presupuestos para 2025 que elaboró el pasado viernes con el apoyo de las fuerzas macronistas y de la derecha tradicional.

Las cuentas para Bayrou son muy simples, una vez que los partidos de izquierda que se integran en el Nuevo Frente Popular ya han mostrado su rechazo al texto presupuestario. El primer ministro necesita la ayuda ya sea de los socialistas o de la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen para sacarlos adelante. Si ninguno de estos dos partidos le ofrece su apoyo, Bayrou no tendrá mayoría parlamentaria para aprobar los presupuestos, y no le quedaría más remedio que sacarlos adelante mediante «decretazo», utilizando el artículo 49.3 de la Constitución. Es el mismo atajo que usó su predecesor, Michel Barnier, y que supone una manzana envenenada: puede aprobar los presupuestos, pero se enfrentaría a una moción de censura que eventualmente le tumbaría.

En el caso de que se presente una moción de censura, esta será debatida y sometida a voto en la Asamblea Nacional este mismo miércoles. Bayrou vería el fin de su mandato apenas mes y medio después de comenzarlo y agudizaría tremendamente la crisis política que atraviesa Francia, que con un parlamento fragmentado está avocada a una constante caída de sus primeros ministros sin la posibilidad de convocar elecciones legislativas como mínimo hasta verano.

La tensa relación con los socialistas

Por lo tanto, las cuentas para Bayrou pasan por convencer a socialistas o a Le Pen. Hace una misma semana todo iba encaminado para el primer ministro pues contaba con un apoyo estable de los diputados socialistas —66 en la Asamblea Nacional— que ya habían rechazado la moción de censura que presentó la coalición de izquierdas, separándose del Nuevo Frente Popular y desintegrando a la izquierda francesa. Era todo lo que necesitaba Bayrou, y lo que no habían conseguido previamente ni Barnier ni Macron.

Sin embargo, el pasado lunes, en una entrevista con el canal LCI, el primer ministro fue preguntado sobre el tema de la inmigración y contestó de la siguiente manera: «La inmigración es positiva hasta un cierto porcentaje, pero que cuando la población tiene la impresión de que hay sumersión, de que no reconoce su propio país, su modo de vida y su cultura, entonces genera rechazo».

El primer ministro francés, François Bayrou, pronuncia una declaración política general ante los diputados en la Asamblea Nacional en París

El primer ministro francés, François Bayrou, en la Asamblea Nacional en ParísAFP

Estas palabras generaron, paradójicamente, un rechazo inmediato en el bloque socialista, que acusaron a Bayrou de gobernar «con los prejuicios de la extrema derecha» y de ser cómplice de una eventual subida de la «extrema derecha» al poder. De manera inmediata, el partido izquierdista anuló su participación en una reunión que tenía como objetivo sacar adelante los presupuestos. El viernes, cuando el texto presupuestario salió adelante, lo hizo sin el apoyo de los socialistas.

Por lo tanto, Bayrou ha tenido todo el fin de semana para recuperar el apoyo socialista, algo que se comprobará este lunes en la Asamblea Nacional. Hay que matizar que, si bien los socialistas no firmaron el texto, tampoco cerraron las puertas definitivamente. «Tomaremos la decisión el lunes» comentó el portavoz socialista en la Asamblea Nacional, Boris Vallaud, que destacó que Bayrou les había ofrecido «algunas concesiones, como mantener la ayuda médica a los inmigrantes que la ultraderecha exigía restringir, o restablecer los 4.000 puestos de docentes y otras medidas de protección para los más pobres» añadió.

Marine Le Pen y las llaves de Francia

Si los socialistas son claves para la supervivencia de Bayrou, con sus 66 diputados, no hace falta decir la importancia que tiene la Agrupación Nacional que cuenta con 140 votos en la Asamblea Nacional. El partido de Marine Le Pen se mostró muy crítico el viernes con el texto presentado por el primer ministroo. Su portavoz económico, Jean-Philippe Tanguy, dijo que no habían logrado «ninguna concesión» y que ahora le tocaba a los líderes del partido, Marine Le Pen y Jordan Bardella, «decidir los siguientes pasos el lunes». Eso sí, Tanguy reconoció que las fuerzas macronistas no habían traspasado ninguna de las líneas rojas marcadas.

Le Pen, que hizo caer a Barnier en diciembre sumándose a la moción de censura planteada por la izquierda, se debate ahora entre si dejar a Bayrou correr la misma suerte o aprobar el texto presupuestario y dar un poco de estabilidad a una economía francesa que se encuentra al límite.

Hay que recordar que, en caso de que caiga de nuevo el primer ministro, Emmanuel Macron no puede disolver la Asamblea Nacional hasta junio, tal y como marca la Constitución. Por lo que al presidente francés solo le quedarían dos opciones: ceder ante la izquierda o ante Le Pen y nombrar un primer ministro de su gusto, asumiendo su derrota total, o continuar colocando a alguien elegido por él que estará condenado, salvo negociación milagrosa, a caer vía moción de censura cuando quiera sacar adelante los presupuestos.

No se le escapa a nadie que Marine Le Pen enfrenta el próximo 30 de marzo la sentencia del juicio por malversación de fondos europeos que podría inhabilitarla políticamente. Ella lo ha negado en repetidas ocasiones, pero la salida de provocar la caída de otro primer ministro, forzar a Macron a convocar elecciones presidenciales e imponerse en las mismas sería una vía de escape para esa sentencia que amenaza con dar un golpe devastador a sus aspiraciones en el Elíseo. Mientras ella decide sus próximos pasos, Francia contiene la respiración.

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