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El puerto de Berbera, una baza clave para Somalilandia en su independencia

El puerto de Berbera, una baza clave para Somalilandia en su independencia

Somalilandia, el enclave africano que busca nacer como país y ofrece su puerto estratégico a Trump

El sol golpea el asfalto reluciente de una vieja pista de aterrizaje soviética en la costa del Cuerno de África. A pocos kilómetros, operarios descargan contenedores en un puerto sobre el golfo de Adén, una vía marítima global cada vez más tensa por los ataques de los rebeldes hutíes de Yemen. Ambas infraestructuras están en Berbera, una ciudad que pertenece a Somalilandia, un territorio que desde hace más de tres décadas funciona como país sin ser reconocido como tal.

Somalilandia no es Somalia, aunque figure como tal en la mayoría de los mapas. Tiene su propio Gobierno, moneda, Ejército y pasaporte. Ha celebrado elecciones reconocidas internacionalmente, y su población —de alrededor de cinco millones— no se identifica con el Estado fallido del que se separó en 1991. Pero carece del reconocimiento internacional que le permitiría firmar tratados, recibir inversiones masivas o competir en deportes globales.

Ahora, con Donald Trump nuevamente en la Casa Blanca y los tambores de geopolítica sonando cada vez más fuerte en África, Somalilandia ve una oportunidad única: ofrecer al presidente estadounidense una base militar y un puerto estratégico a cambio del tan anhelado reconocimiento como Estado independiente. «El enfoque empresarial de Trump podría ser nuestra gran carta», dijo el presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, en una entrevista recientemente.

Su propuesta incluye ceder a Estados Unidos el uso del puerto de Berbera y de la renovada pista aérea —una de las más largas del continente— para establecer una base militar en un punto clave del comercio mundial. A cambio, Somalilandia pide lo que lleva 34 años buscando: ser reconocida como país.

La oferta llega en un momento especialmente sensible: el Gobierno de Estados Unidos sopesa cerrar su embajada en Mogadiscio, capital de Somalia, por razones de seguridad, mientras el avance de grupos extremistas como Al Shabab y la presencia creciente de China en la región reconfiguran las prioridades estratégicas en el continente.

Abdirahman Mohamed Abdullahi, presidente de Somalilandia

Abdirahman Mohamed Abdullahi, presidente de SomalilandiaAFP

Somalilandia, además, se ha posicionado como uno de los pocos aliados incondicionales de Taiwán en África, lo que la convierte en un peón valioso en la rivalidad global entre Washington y Pekín. En 2020, permitió la apertura de una oficina diplomática taiwanesa en su capital, Hargeisa, y desde entonces ha recibido inversión médica, agrícola y militar de Taipéi.

Este apoyo ha irritado a China, que recientemente envió ayuda a una región separatista dentro de Somalilandia para desestabilizar al Gobierno central y frenar su acercamiento a Estados Unidos. Pero en Hargeisa aseguran que no darán marcha atrás. «Hemos elegido el bando de las democracias libres», escribió el presidente Abdullahi en una carta dirigida a Trump.

El trasfondo histórico no es menor. Somalilandia fue un protectorado británico hasta 1960, cuando se unió voluntariamente con Somalia italiana para formar la República Somalí. La unión fue breve y traumática: décadas de marginación, represión y masacres llevaron a una guerra abierta contra el régimen dictatorial de Siad Barre. En 1991, tras el colapso del Gobierno central, Somalilandia declaró su independencia unilateral.

Desde entonces, ha mantenido una relativa estabilidad en una región profundamente volátil. Aunque sufre problemas estructurales como pobreza, desempleo y falta de acceso a financiamiento internacional, ha construido instituciones sólidas con escasa ayuda externa. «Somos un ejemplo de lo que África puede ser sin depender del exterior», dice Edna Adan, exministra de Exteriores y figura emblemática en Somalilandia.

Pese a los méritos, ningún país ha querido reconocer oficialmente su independencia por temor a abrir la puerta a otros movimientos separatistas en África. Pero la coyuntura actual —con un Trump dispuesto a romper moldes, el avance chino, la inestabilidad en Somalia y el valor estratégico del puerto de Berbera— ha revivido las esperanzas. Somalilandia juega su carta más ambiciosa: apostar por Trump como vía de entrada al sistema internacional. «Es ahora o nunca», repiten en Hargeisa. Con un puerto estratégico como moneda de cambio, este territorio olvidado podría, por fin, nacer como país.

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